Apertura petrolera responsable
Las compañías que ingresen
al mercado de Panamá deben tener elevados estándares de ética y
seguridad
Eudoro Jaén Esquivel
Habría que preguntarse qué hay detrás de
las protestas sobre las reglas que el Gobierno nacional quiere incluir
en el decreto que regularía el mercado de hidrocarburos de Panamá.
Me crea suspicacia esta situación, cuando a todas luces la apertura
del mercado es una medida acertada y la naturaleza del producto
no solo requiere manejo seguro y empresas competentes en todo sentido,
sino también un marco regulatorio firme. Las empresas serias, conocedoras
del negocio, de su complejidad y sus riesgos, no deben sentirse
afectadas porque las autoridades busquen elaborar los reglamentos
para mitigar los riesgos de toda naturaleza asociados con el negocio
de hidrocarburos y controlar prácticas desleales o ilegales que
se han visto en otros países.
El sector de hidrocarburos es un componente
vital de la economía panameña; desconocer los beneficios de la apertura
del mercado en Panamá resulta anacrónico. La apertura va a crear
competencia, simplemente porque habrá más terminales de importación
para abastecer la demanda de hidrocarburos. Esto traerá consigo
una reducción en la vulnerabilidad del suministro. El crecimiento
demográfico de Panamá y la coyuntura actual del mercado petrolero
mundial exigen hoy, más que nunca, flexibilidad para poder importar
productos desde diversas fuentes de suministro. Sería riesgoso seguir
dependiendo de una sola fuente para abastecer la totalidad de las
necesidades de energía de un país que quiere crecer.
Se espera que nuevas compañías distribuidoras entrarán
a competir con las compañías tradicionales en el negocio de distribución
de combustibles, igual que lo han hecho en países vecinos como Colombia,
El Salvador y Guatemala. Todo esto deberá traducirse en nuevas alternativas
para el consumidor y mayor competencia a nivel local.
La experiencia de otros países en el campo de la
apertura petrolera es amplia y diversa. Si bien es cierto que la
apertura ha sido generalmente beneficiosa para los consumidores,
ha habido también malas experiencias en otros países. De estas malas
experiencias debemos sacar lecciones para no repetirlas en Panamá.
Entre las malas lecciones de una apertura sin adecuado marco regulatorio
se encuentran: evasión fiscal del impuesto al consumo, adulteración
de combustibles y contrabando. Es imperioso que las mismas se tengan
en cuenta en la elaboración de la reglamentación actualmente en
estudio en Panamá.
Panamá quiere y necesita una apertura de mercado
responsable. Hay que proteger los intereses del consumidor y la
integridad de los ingresos fiscales del Gobierno, por encima de
los intereses particulares de cualquiera de los actores del mercado.
Entiendo que la Dirección de Hidrocarburos del Ministerio Comercio
e Industrias ha trabajado por varios meses tanto con consultores
extranjeros independientes como con empresas internacionales y nacionales
del sector, para incorporar experiencia y evitar caer en costosos
errores en los que han caído otros países como resultado de la falta
de reglas del juego bien definidas. Dichas reglas del juego claras
deben basarse en principios de igualdad, transparencia y seguridad
jurídica, más allá de los intereses de cualquier actor del mercado
en particular. El efecto más importante de la reglamentación, más
allá de los detalles o las incomodidades propias de su implantación,
es determinar la calidad de los participantes y los requisitos mínimos
para participar en el mercado petrolero abierto.
Las compañías que ingresen al mercado de Panamá
deben tener elevados estándares de ética y seguridad. Deben contar
con un inventario de productos que garantice que están comprometidas
para el largo plazo con la ejecución del suministro y que no están
aquí con criterios oportunistas. Deben ceñirse a estrictos estándares
de calidad en todas las etapas de la cadena de distribución. Y deben
estar dispuestas a reportar sus actividades a las autoridades competentes
con estricta transparencia para garantizar el recaudo de los ingresos
fiscales del consumo (que representan el 11% de todos los ingresos
de la nación). No hay razón para que las compañías serias se opongan
a estas reglas del juego.
No obstante lo anterior, la experiencia en otros
países demuestra que la existencia de buenas reglamentaciones por
sí solo no es suficiente. Se requiere entonces que los gobiernos
exijan garantías que aseguren estricto cumplimiento de la ley. Las
compañías realmente comprometidas con el país para el largo plazo
no deben tener problemas con suscribirlas. Tampoco deben objetar
y cumplir con los requisitos de reportes de sus transacciones.
La apertura del mercado para Panamá es beneficiosa.
Por lo que escucho, el Gobierno cuenta con el respaldo de muchos
participantes de la industria para llevar a cabo esta apertura responsable.
La aprobación del marco regulatorio para el sector es importante
y urgente. Los consumidores debemos estar atentos al proceso y exigir
que las compañías tengan los recursos administrativos, técnicos
y financieros para garantizar suministro confiable y expendio seguro,
calidad garantizada y cuentas claras. ¡Amanecerá y veremos!
El autor es ingeniero
Además en opinión
• Irak, nombramientos:
Guillermo Sánchez Borbón
• Sombras
de guerra: de Panamá a Irak: Betty Brannan Jaén
• La política
y otras cosas en el Canal: Eduardo A. Esquivel R.
• Apertura petrolera
responsable: Eudoro Jaén Esquivel
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