Perspectiva: Cultura de paz o violencia institucional
La paz es algo más que la ausencia de la fuerza. Lo que se busca es reducir o evitar todo tipo de violencia y crear oportunidades de encuentro, comunicación e intercambio
Olmedo García
El interés en desarrollar una monografía dedicada al problema de la cultura de la paz y de la educación para la paz, en circunstancias de incertidumbres y riesgos, me permite señalar que la humanidad está en una situación de crisis en torno a su desarrollo, sostenibilidad y naturaleza. Elementos esenciales al elegir una mejor calidad de vida.
Como propuesta estructural nos sirve para reunir a los distintos sectores sociales frente a sus problemas de pobreza, democracia y sostenibilidad. Es un instrumento para sensibilizar a los pueblos en sus necesidades apremiantes.
De esta manera, este paradigma se constituye en una prioridad para contrarrestar la cultura de la violencia, y un método eficaz en el análisis en torno a los conflictos impuestos por la política neoliberal.
Se presume que esta dimensión ética se basa en un proceso que contrarreste el aumento de la violencia, como política irracional del capitalismo hacia la destrucción de una nación.
Como expresión de solidaridad, los movimientos aglutinados en el Foro Social de Porto Alegre sostienen que es posible un mundo alternativo, como una respuesta a la problemática que padecen las naciones de América Latina, en particular Panamá.
Precisamente, hay sectores que sostienen que la expansión de los servicios educativos, de salud y de seguridad contribuyen al proceso de democratización, de gobernabilidad y de desarrollo económico. Sobre el particular, el Indice de Desarrollo Humano ubica a nuestro país en un nivel medio en su desarrollo. Sin embargo, este estilo de desarrollo es asimétrico y desigual, al concentrar el Producto Interno Bruto en el 20% de la población que posee el 80% de la riqueza.
En ese sentido el modelo transisista y concentrador ha fracasado porque no es humano ni sustentable, debido nuevamente a las políticas de carácter neoliberal, respaldado en el consenso de Washington. Este modelo ha deteriorado la calidad de vida y los derechos ciudadanos.
A nivel mundial han existido serios debates en torno a esta situación por ser motivo de preocupación.
Así lo expresan los siguientes movimientos:
La Conferencia Mundial de la Educación Para Todos, celebrado en Jomtiem, Tailandia 1990; la Conferencia de la Mujer en Beijing; la Conferencia del Desarrollo Social (COPHENAGUE) y del Desarrollo Sustentable de Río (1992) y en Johannesburgo 2002; la Conferencia Internacional de la Educación Superior para el siglo XXI. Todos han analizado los retos, la vulnerabilidad, la pobreza, el sida, la brecha tecnológica, el medio ambiente y el bienestar de la humanidad. El propósito primordial es facilitarles una vida decente a los excluidos.
Sin embargo, los países de la OECDE, incluido Estados Unidos, no han suscrito un acuerdo mundial para resolver las desigualdades del comercio mundial, de la tecnología de mercado y la circulación libre de capitales. De esta manera, someten a las naciones rezagadas a desarrollar estilos que generen la concentración, disparidad y la explotación del trabajo.
Bajo estas perspectivas ha surgido un nuevo precedente: “La cultura de la paz, que consiste en analizar el mundo en que vivimos. Para que todos y todas reflexionemos en los valores propios de una cosmo visión pacifista y lancemos a los individuos a un compromiso transformador, liberador de las personas (...) y obligado a cooperar en la lucha de la emancipación de todos los seres humanos y de si mismas” (Martín Rodríguez).
Las respuestas a estos desafíos desde el ámbito de una cultura de paz como eje de la educación para la paz, considera la forma en que los conflictos sociales, las asimetrías de los modelos de desarrollo, el papel de la ciencia y la tecnología, así como las tendencias de un mundo cada vez más globalizado han afectado las condiciones de progreso y de gobernabilidad, lo que ha generado fenómenos impredecibles.
En esas circunstancias no solo se hacía necesario transformar los modelos económicos, sino que se sentaron las bases para transformar la cultura y la educación, con una dimensión holística y transdisciplinaria. Con el propósito de elevar la calidad de la educación hasta niveles que permitan una participación efectiva de los ciudadanos (as) con un modelo eficiente y equitativo. La paz es algo más que la ausencia de la fuerza. Lo que se busca es reducir o evitar todo tipo de violencia y crear oportunidades de encuentro, comunicación e intercambio.
El autor es catedrático universitario
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