Perspectiva: Chávez pasa a la ofensiva tras fracaso de la huelga
El triunfo “simbólico” de la oposición fue haber movilizado a la población en marchas con dimensiones jamás vistas
Néstor Rojas
CARACAS. -La oposición venezolana no sólo salió con las manos vacías de una huelga general que sostuvo durante dos meses, sino que ahora tendrá enfrentar una etapa de “ofensiva” del presidente Hugo Chávez.
Aunque la huelga terminó el domingo, el país no ha recuperado la normalidad porque quedó vivo el conflicto en la estratégica industria petrolera, que amenaza con prolongarse por un tiempo.
Después del paro cívico, los venezolanos quedaron con la sensación de que los dirigentes opositores fueron aplastados por no conseguir ningún resultado tangible, ya que Chávez no cedió a las exigencias de someterse a elecciones adelantadas.
Las conferencias de prensa que daban los líderes de la huelga todos los días a las 6:00 de la tarde desaparecieron y en su lugar las televisoras han tenido que conectarse a la señal oficial para transmitir en cadena los cada vez más frecuentes mensajes de Chávez.
Las caras del líder sindical Carlos Ortega, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), y de Carlos Fernández, portavoz de la cúpula empresarial, ya casi no se ven en las pantallas de televisión.
Ya pocos recuerdan las amenazas de Ortega de que “seguiremos en paro hasta que Chávez se vaya”.
“Un paro sin resultados es un trapiche para destruir liderazgos. La gente culpará a las personas más visibles del fracaso”, dijo esta semana el director de la encuestadora Datanálisis, Luis Vicente León.
Mientras la oposición trataba de reencauzar su protesta, Chávez conmemoró los 11 años del fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, el cual encabezó como un comandante de paracaidistas, y anunció que su gobierno pasará a la “ofensiva”.
Esa “ofensiva” incluye la instauración de un control de cambios estricto, que los empresarios ya ven como una espada de Damocles por haber participado en la huelga, y la amenaza de sacar del aire a varias televisoras ligadas a poderosos intereses.
“Durante 2002 entuvimos a la defensiva, soportando conspiraciones. Ahora nos toca a nosotros ir a la ofensiva, ahora es el turno de los bolivarianos”, dijo Chávez a sus seguidores en uno de los actos del 4 de febrero.
La advertencia presidencial de que con el control de cambio “no habrá ni un dólar para los golpistas y los acaparadores”, fue comprendida de inmediato por el sector privado y la oposición en general.
“Cuando el gobierno aplica el control de cambio, es la demostración de su fracaso en el manejo de la economía. Intenta usar el control como recurso de represalia política”, dijo el dirigente obrero Manuel Cova, uno de los negociadores de la oposición.
Los analistas no se ponen de acuerdo al explicar cómo soportó Chávez una huelga que paralizó a la industria que genera más del 80 por ciento de las divisas del país, cuando muchos dudaban que los empleados petroleros aceptaran sumarse a la huelga.
En lo que todos coinciden es en que la oposición hizo una mala jugada al adelantar la huelga sin tener garantía de que el gobernante cedería a la presión y llamaría a elecciones.
Con unas reservas internacionales de alrededor de 12.000 millones de dólares y recibiendo todavía el producto de las ventas petroleras de octubre y noviembre, Chávez resistió la protesta gastando unos 500 millones de dólares en gasolina importada.
León recordó que luego de los sucesos de abril, cuando Chávez fue desplazado por 48 horas del poder por un fallido golpe de Estado, el mandatario se trazó la estrategia de purgar a la Fuerza Armada para controlar las guarniciones más poderosas y de sacar de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) a los gerentes rebeldes que se negaban a aceptar líneas oficiales.
Cuando la petrolera entró en la huelga, muchos pensaron que Chávez no aguantaría la presión económica, pero instaló al ex secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Alí Rodríguez, un ex guerrillero de izquierda, en un comando de emergencia con la misión de echar a andar la industria.
Ante la ausencia de 35.000 trabajadores de PDVSA, ese comando sacó la producción petrolera de 200.000 barriles diarios de crudo hasta casi dos millones, con personal sustituto, jubilados y militares. Sin embargo, el bombeo está lejos de los 3,2 millones de barriles normales y la refinadoras están en niveles mínimos.
“Ni loco permitiré que los conspiradores regresen”, dijo Chávez al referirse a una posible reincorporación de los rebeldes a PDSVA.
Chávez ha sido cauteloso al proclamar la victoria sobre la huelga, quizá porque la etapa más dura viene ahora con la secuela económica. En los próximos dos meses los ingresos por venta de petróleo estarán casi en cero y por eso el gobierno estirará las reservas internacionales con el control cambiario.
Por su lado, la oposición enfrenta la realidad de haber quemado el cartucho de la huelga general, el no hacer logrado un compromiso electoral y el desencanto general de sus seguidores.
El triunfo “simbólico” de la oposición fue haber movilizado a la población en marchas con dimensiones jamás vistas. Pero a estas alturas está examinando como alternativa un referéndum revocatorio del mandato para fines del año, que ha sido la tesis oficial y había sido siempre rechazada hasta ahora por la oposición.
DPA
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