Buen Comer: Tambo de oro
El cebiche mixto es el
mejor que me he comido en mucho tiempo
Aristóloga
Especial para La Prensa revista@prensa.com
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La comida exquisita y los precios
bajísimos atenúan el efecto del entorno.
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Hay que ser Sherlock Holmes para encontrarlo.
En la Avenida Cincuentenario hay un mercadito de frutas y vegetales,
y escondido al fondo está esta fondita, cuyo chef, Paul Ross, es el
hermano del ex embajador de Perú en Panamá y se encargaba de todos
los banquetes de la embajada. Es un sitio totalmente carente de lujos
y amenidades: las paredes son de cerca de alambre con bejuquillos,
las mesas son microscópicas y las sillas son altas, de bar. Nada cómodas.
Dos abanicos alcanzan a soplar algo de fresco, y no tan pronto has
llegado te quieres ir. Hasta que pruebas la comida. Y ves los precios.
Y entonces quieres pedir el menú completo, “de cabo a rabo”. Esto
no es difícil, considerando que la oferta del día se limita a unos
ocho platos descritos en una pizarrita. Mientras te decides, pides
una chicha morada, la típica chicha peruana de maíz morado, o bien
una Inca Cola.
Comenzamos pidiendo una papa a la huancaína, que
estuvo absolutamente extraordinaria, con la salsa untuosa, picosa
y rica, sobre una papa tan sencilla que fue de texto. Le faltó la
aceitunita, pero por uno cincuenta, ¡por favor! Luego vinieron dos
cebiches: uno mixto con choros (mejillones), pescado, camarones,
calamares, cebolla morada, camote y maíz; de aderezo, una buena
dosis de limón, pimienta y un triz de comino, con mucho cilantro
que le da un sabor realmente extraordinario. Luego, el cebiche frito
(de corvina) llegó a la mesa todavía caliente, con cebollas moradas
encima. Superlativo.
De platos fuertes, el seco de carne estuvo exquisito.
Se trata de una porción bastante razonable de trozos grandes de
una carne de res que parece falda o jarrete, pero escrupulosamente
limpia –donde no vimos ni un solo gordito, nervio o cartílago en
ninguna parte—rehogada en una salsa verde con una base de cilantro
y acompañada de una porción enorme de arroz con frijoles canarios
(creo que así se llaman), que son algo más claros y mucho más delicados
que nuestros porotos, cocinados con pedazos de tocineta.
El arroz con mariscos es toda una oda al palillo,
nombre conque se conoce la cúrcuma en Perú, y sobre este cerro de
arroz amarillo vierten una lava también ambarina de camarones, pescado,
calamares, choros, con una buena sazón criolla y que a tres dólares
con setenta y cinco centavos fue lo más caro de todo.
El tercer plato que pedimos fue el chupé de camarones,
un caldo sabroso repleto de arroz y camarones, absolutamente divino.
No probamos postre porque no nos cabía.
Aunque es algo incómoda, es una fondita muy limpia.
Pero la comida es riquísima y le deseo éxito y prosperidad al señor
Ross. No se dejen llevar por la baja calificación, que obedece al
entorno humilde y la falta de amenidades, pero no refleja nada sobre
el alto calibre gastronómico del chef. Dixit.
Calificación: **
Costo: $
Relación costo-calidad: Papa a la huancaína $1.50,
seco de res $2.50
Recomendados: Chupe de camarones $3.00, arroz con
mariscos $3.75, cebiche frito $3.00, cebiche mixto $3.75.
Acceso a discapacitados: al ras de la calle.
Horario: Lunes a viernes, 9:00 a.m. a 5:00 p.m.
Dirección: Avenida Cincuentenario, Coco del Mar
No aceptan tarjetas de crédito.
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