Lo valioso de ser panameño
Nuestros propios análisis
harán de nosotros una nación orgullosa de su pasado, segura de su
presente y con visiones grandiosas para su futuro
Carlos O. Wynter Melo
Betty Brannan Jaén hizo una reseña sobre
un libro llamado Emperadores en la jungla, de John Lindsay- Poland.
Según los comentarios de Brannan, el libro denuncia el profundo
racismo de la ocupación militar estadounidense en la Zona del Canal
de Panamá. Esta discriminación ya había sido denunciada en la literatura
panameña con libros como Gamboa Road Gang o con estudios histórico-sociológicos
de George Priestley y Pedro Rivera. La reseña de Brannan es mucho
más explícita al citar que “Según la perspectiva estadounidense,
los ‘nativos’ en el istmo –que incluía tanto a panameños como a
los obreros negros traídos del Caribe– eran ciertamente una raza
inferior, con un pobre sentido de moral, poca capacidad de trabajo,
escasa inteligencia, y cero devoción a principios democráticos”.
En mi artículo “Sistemas de casta”, escribo
de cómo seguimos abrazando valores extranjeros, estadounidenses
en específico, que atentan contra nuestra estima como nación y como
individuos. Apunto que una red de creencias mantiene un orden racial
y que nos hace exteriorizarnos y renegar de lo mestizo de nuestra
patria.
Basado en el artículo reciente de Betty Brannan
Jaén, y en el mismo sentido de mi escrito “Sistemas de castas”,
comento lo siguiente: Haciendo ciertas preguntas a diversos panameños,
a modo de investigación informal, he confirmado que pensamos mal
de nosotros mismos, que la identidad panameña está matizada de una
muy negativa percepción. Leyendo el artículo de Brannan Jaén, me
doy cuenta de que tan baja autoestima no es casual: aprendimos a
vernos inferiores.
La cultura, vista como el conjunto de creencias
que guía la resolución de problemas que enfrenta un grupo humano,
es un término descriptivo y no de evaluación. El defendernos, como
es común, diciendo que es el resto de los panameños, y no nosotros,
el que asume ciertas conductas que juzgamos negativas, no nos libera
del problema, porque seguimos compartiendo la visión de la realidad,
que es la esencia de la cultura. La pregunta útil aquí es: ¿el panameño
es realmente malo o es el esquema valoral impuesto lo que nos lleva
a menospreciar nuestros atributos?
La cultura es un proceso de evolución histórica
que tiene causas y efectos. Una cosa lleva a la otra. No es, como
ya he dicho, buena o mala.
Es objetiva. Nace de las respuestas con que el grupo
se adapta a su entorno. Es motivo de estudio y no de exámenes subjetivos.
Estudiemos la historia panameña, busquemos entender
quiénes somos y dejemos de calificarla a priori. La reflexión en
torno a la identidad nos enseñará de nuestras luchas históricas,
de nuestros héroes y de nuestro valor como país de características
únicas. Nuestros propios análisis harán de nosotros una nación orgullosa
de su pasado, segura de su presente y con visiones grandiosas para
su futuro.
El autor es docente universitario y escritor
Además en opinión
• De una Constitución
democrática a una Constitución demagógica:
Saúl Maloul Zebede •
Lo valioso de ser panameño: Carlos O. Wynter Melo
• Una frontera no
defendida: Severino Mejía •
Rectificar: Juan B. Gómez
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