Panamá, 5 de febrero de 2003
 
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Rectificar

Si Mireya opta por unas elecciones primarias en el arnulfismo, y tiende un puente de plata a Vallarino para que lo cruce, el pueblo respaldará

Juan B. Gómez

Hace 2 mil 500 años, Confucio sentenció: “Gobernar significa rectificar”. Y, tal vez pocas veces más que ahora, a un Gobierno panameño le ha llegado el momento de rectificar. Porque es urgentemente necesario que la presidenta Mireya Moscoso frene la decisión que la lleva al precipicio político.

Veamos brevemente qué está pasando aquí. Desde las preelecciones anteriores, y por motivos que todos conocemos, la presidenta de la República le puso la proa al ingeniero Alberto Vallarino. Su consigna: Vallarino no será presidente de Panamá. Y ha actuado inflexiblemente guiada por ese pensamiento. Contrariando la voluntad de la mayoría de su partido, le ha cerrado todas las posibilidades de triunfar. Sus actuaciones han sido transparentes. Si él va a unas primarias en el arnulfismo, ganará. Entonces, modificó la ley para que las primarias fueran “opcionales”, y lógicamente que la opción sería la que iba contra sus aspiraciones. “Una ley con nombre propio”, como dijo el mismo Vallarino.

Así las cosas, vino “el eje Mireya-Martín” en la Asamblea. ¡Que Torrijos sea presidente y no Vallarino! Un triunfo suicida. Doña Mireya pierde para que no gane un miembro de su partido. En esto se muestra inflexible. ¿Y qué gana doña Mireya con estas jugadas que el pueblo condena? NADA. Por eso decía al principio, que es urgentemente necesario que rectifique.

“En política no hay abismos”, decía don Enrique Jiménez, y las grietas, que no son abismos que pudieran existir entre ella y Vallarino deben salvarse por la salud de la patria. Realmente la solución se presenta clara: Doña Mireya perdona, si hay que perdonar, piensa en grande, y en vista de la situación creada en su partido –y condenada al fracaso inexorable–, se convierte en un triunfo arrollador. Porque si ella opta por unas elecciones primarias en el arnulfismo, y tiende un puente de plata a Vallarino para que lo cruce, el pueblo respaldará, y en vez de la deslucida participación que tendrían sus candidatos, su partido se mantendría en el poder, y evitará el triunfo fácil de los hombres que derrocaron al jefe máximo de su partido y lo condenaron al destierro y nos hicieron sufrir una larga y cruel dictadura. Piénselo, doña Mireya, con su decisión, usted puede salvar a la patria, todavía.

El autor es periodista

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