Rectificar
Si Mireya opta por unas
elecciones primarias en el arnulfismo, y tiende un puente de plata
a Vallarino para que lo cruce, el pueblo respaldará
Juan B. Gómez
Hace 2 mil 500 años, Confucio sentenció:
“Gobernar significa rectificar”. Y, tal vez pocas veces más que
ahora, a un Gobierno panameño le ha llegado el momento de rectificar.
Porque es urgentemente necesario que la presidenta Mireya Moscoso
frene la decisión que la lleva al precipicio político.
Veamos brevemente qué está pasando aquí.
Desde las preelecciones anteriores, y por motivos que todos conocemos,
la presidenta de la República le puso la proa al ingeniero Alberto
Vallarino. Su consigna: Vallarino no será presidente de Panamá.
Y ha actuado inflexiblemente guiada por ese pensamiento. Contrariando
la voluntad de la mayoría de su partido, le ha cerrado todas las
posibilidades de triunfar. Sus actuaciones han sido transparentes.
Si él va a unas primarias en el arnulfismo, ganará. Entonces, modificó
la ley para que las primarias fueran “opcionales”, y lógicamente
que la opción sería la que iba contra sus aspiraciones. “Una ley
con nombre propio”, como dijo el mismo Vallarino.
Así las cosas, vino “el eje Mireya-Martín” en la
Asamblea. ¡Que Torrijos sea presidente y no Vallarino! Un triunfo
suicida. Doña Mireya pierde para que no gane un miembro de su partido.
En esto se muestra inflexible. ¿Y qué gana doña Mireya con estas
jugadas que el pueblo condena? NADA. Por eso decía al principio,
que es urgentemente necesario que rectifique.
“En política no hay abismos”, decía don Enrique
Jiménez, y las grietas, que no son abismos que pudieran existir
entre ella y Vallarino deben salvarse por la salud de la patria.
Realmente la solución se presenta clara: Doña Mireya perdona, si
hay que perdonar, piensa en grande, y en vista de la situación creada
en su partido –y condenada al fracaso inexorable–, se convierte
en un triunfo arrollador. Porque si ella opta por unas elecciones
primarias en el arnulfismo, y tiende un puente de plata a Vallarino
para que lo cruce, el pueblo respaldará, y en vez de la deslucida
participación que tendrían sus candidatos, su partido se mantendría
en el poder, y evitará el triunfo fácil de los hombres que derrocaron
al jefe máximo de su partido y lo condenaron al destierro y nos
hicieron sufrir una larga y cruel dictadura. Piénselo, doña Mireya,
con su decisión, usted puede salvar a la patria, todavía.
El autor es periodista
Además en opinión
• De una Constitución
democrática a una Constitución demagógica:
Saúl Maloul Zebede •
Lo valioso de ser panameño: Carlos O. Wynter Melo
• Una frontera no
defendida: Severino Mejía •
Rectificar: Juan B. Gómez
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