Panamá, 5 de febrero de 2003
 
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Una frontera no defendida

Nuestra frontera es un colador por donde entra todo tipo de elementos, unos huyendo del horror de la guerra y otros buscando nuevos mercados para llevar a cabo sus fechorías

Severino Mejía

El Gobierno nacional puede decir de todo y buscar cualquier justificación para tratar de enmendar su negligencia en el manejo de los hechos ocurridos en Paya y Púcuru, cuando es hartamente conocido por todos que el problema data de hace mucho tiempo. Monseñor Emiliani fue el primero en dar la clarinada y no le pusieron cuidado. Ahora que hubo pérdida de vidas, se corre entonces a dar mantenimiento a viejos helicópteros o a volver a trasladar a las unidades policiales que estuvieron en esas comunidades en el pasado y que fueron replegadas por razones que solo el señor Barés conoce. Este asunto de interés de seguridad nacional se debió haber manejado con urgencia notoria, tal como se le está dando hoy día al concurso de Miss Universo, que si bien es cierto es importante para nuestro país, no menos lo es la vida de nuestros compatriotas indígenas de las comunidades afectadas por la violencia.

La situación en la frontera con la hermana república de Colombia es un asunto muy serio que el Gobierno nacional debe manejar de forma permanente. No se puede ser reactivo, hay que ser preventivo y esto se logra con buenos planes debidamente coordinados por ambos países. Panamá es un país con recursos limitados que no dispone de la infraestructura operativa y logística para hacerle frente a esta situación en la actualidad. Por eso lo crítico y preocupante del asunto.

Nuestra presencia en la frontera no se puede fundamentar en lo que haga Colombia. Ciertamente el Gobierno colombiano es responsable de tomar las medidas necesarias para evitar la incursión, desde su territorio, de grupos violentos para el lado nuestro; sin embargo, Panamá no debe dejar de actuar si Colombia no desplaza tropas del ejército o unidades de la policía a sus puntos fronterizos. Esto sería una irresponsabilidad.

Las gestiones diplomáticas que está haciendo la Cancillería es el proceder correcto porque compromete a Colombia a una situación de la cual no se puede sustraer. Pero esto no tendría ningún valor si nosotros no estamos preparados. Por eso debemos preguntarnos si estamos realmente listos y preparados para jugar nuestro papel cuando los planes se tengan que implementar.

Una cosa es ser guardafrontera en una región donde haya paz y, otra, operar en un área selvática, inaccesible y con presencia de grupos armados irregulares dispuestos a todo para evitar que sus planes sean alterados por una fuerza opuesta que no está a la altura operativa de ellos. Hay que tener presente que las FARC y los “paras” tienen muchos años de experiencia que los ha curtido en la guerra. Las FARC, la guerrilla más antigua de América, con 50 años de lucha contra las fuerzas del orden en Colombia, no ha podido ser doblegada por uno de los ejércitos más capacitados en operaciones antiguerrilleras.

No quiero subestimar con estas apreciaciones el papel que están realizando nuestras unidades destacadas en esa región. Merecen el reconocimiento y respeto de todos los ciudadanos. Pero tenemos que ser realistas. Están trabajando con las uñas, sin los recursos suficientes ni el entrenamiento apropiado para el desempeño de una tarea que no les es propia. Agréguele el componente de la moral. Lejos del calor de su familia, en un ambiente lejos de las facilidades de la vida citadina. Todo esto es clave para el buen desempeño de sus obligaciones. La Constitución Nacional prohíbe el ejército, por lo tanto, tendremos que trabajar con nuestra Policía, pero en condiciones apropiadas para que la misión a ellos asignada se cumpla a satisfacción. Este trabajo es para soldados, no para policías. Si tenemos que defender la integridad del territorio nacional con los recursos que disponemos, entonces preparemos mejor a nuestras unidades policiales, por lo menos los guardafronteras, en tareas especializadas que salgan un poco de sus tareas tradicionales. Es decir, crear una fuerza élite diferente al cuerpo de policía regular.

Dejemos a un lado fórmulas absurdas como la de romper relaciones diplomáticas con Colombia o traer una fuerza internacional de la ONU. Tenemos que valernos por nosotros mismos. Para eso hay que trabajar en forma estrecha con Colombia, estableciendo patrullajes debidamente coordinados en cada uno de sus áreas de responsabilidad. Si el Gobierno nacional quiere tomar en serio esto, entonces deberá dotar con los recursos adecuados, no solo a la Policía, sino también al SAN y al SMN.

Señora presidenta: no malgaste dinero en darle mantenimiento a equipos que tienen más de 40 años de operación. Adquiera equipos más modernos y acordes con la situación que se vive en el área. La seguridad de nuestra gente no tiene precio; al fin y al cabo el dinero saldrá de los impuestos que paga cada uno de los ciudadanos.

A lo interno, los estamentos de seguridad de nuestro país deben operar de manera coordinada, es decir, que el esfuerzo sea conjunto y aglutinado en un solo mando operativo. Hecho el análisis de situación, deben presentársele al Ejecutivo las necesidades logísticas más apremiantes como lo son las comunicaciones, el armamento, equipos sanitarios de campaña, equipos aéreos más modernos y, sobre todo, entrenamiento.

Colombia tiene una fuerza policial entrenada a cuyos miembros se les denomina granaderos; ignoro si, a la fecha, la Policía Nacional ha enviado unidades a recibir este entrenamiento. Si es así, excelente decisión; en caso contrario, recomiendo al señor Barés que haga los contactos.

Finalmente, la situación en la frontera con Colombia no solo debe preocupar a los que viven en esos lugares olvidados, sino a todos los panameños. Nuestra frontera es un colador por donde entra todo tipo de elementos, unos huyendo del horror de la guerra y otros buscando nuevos mercados para llevar a cabo sus fechorías que agravan más las situación de inseguridad que se vive en Panamá.

Espero que dentro de unos meses las cosas cambien favorablemente y que no vuelvan a repetirse estos eventos por el hecho de no dejar hacer.

El autor es militar de carrera y licenciado en relaciones internacionales

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De una Constitución democrática a una Constitución demagógica: Saúl Maloul Zebede
Lo valioso de ser panameño: Carlos O. Wynter Melo
Una frontera no defendida: Severino Mejía
Rectificar: Juan B. Gómez






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