Panamá, 3 de febrero de 2003
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El mundo en manos de un estólido vaquero

Si los países desarrollados se esfuerzan en la prevención de estas desigualdades humanas, no nacerían más alimañas como Husein, Bin Laden, y afines

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Un dicho harto conocido expresa que cada país tiene el gobierno que se merece, especialmente cuando los gobernantes se eligen por el voto popular. Bajo estas premisas, ningún extranjero puede cuestionar el poder otorgado a Chávez, Sharon o Bush ni inmiscuirse en sus asuntos internos, aunque la torpeza y arrogancia caractericen sus acciones. En países con régimen comunista, militar, monárquico o dictatorial, la gente se tiene que aguantar, le guste o no, a sus dirigentes para no ganarse la cárcel, la tortura, el exilio o el aislamiento social. En democracia hay mecanismos parlamentarios para deshacerse del presidente si su actuar afecta profundamente los intereses del Estado; en última instancia, la rebelión de una colectividad mayoritaria en descontento puede precipitar la salida espontánea o forzada del gobernante. Estas rebeliones internas, aun al borde de guerra civil, raramente afectan a terceros países de forma significativa, a menos que se interfiera con el suministro de petróleo al exterior o la acción bélica se extienda a niveles fronterizos.

En el caso especial de Estados Unidos, sin embargo, las decisiones del Gobierno pueden impactar drásticamente el bienestar y la convivencia armónica en todo el mundo. Por tanto, creo que nosotros no solo tenemos el derecho a opinar, sino también nos mereceríamos participar en sus propias elecciones. Desde que asumió el mando, este estólido vaquero tejano está causando tal caos mundial que podría, él solo, llevar a nuestro planeta al despeñadero. No podemos darnos el lujo de quedar impávidos ante este monumental agravio; alcemos nuestras voces de condena de manera enérgica y constante. Es probable que no logremos detener sus desaciertos, pero al menos no seremos cómplices de su espeluznante irracionalidad.

Las limitaciones mentales de Bush se ponen de manifiesto en todas sus acciones y discursos. La extraordinaria escasez de ideas genera pensamientos únicos en su percepción de la realidad. Un fiel ejemplo de su estrecha intelectualidad fue aquella tristemente famosa frase “o se está con Estados Unidos o se está en contra”, como si hubiese un vacío conductual entre esos dos extremos. Pareciera que oponerse a la acción bélica contra Irak representa afinidad por el terrorismo. Si fuese así, más del 80% de los habitantes del planeta perteneceríamos al “eje del mal” y deberíamos ser eliminados. Otras incongruencias neuronales del vaquero incluyen su acérrima oposición al aborto (posición pro-vida), pero contundente defensa a la pena capital (pro-muerte); sus discursos anti-discriminación, pero inconsistencias en el trato a homosexuales y lesbianas; sus palabras a favor de la salud pública, pero interferencia con la promoción del condón y con los programas sanitarios de ancianos y minorías; sus pronunciamientos a favor de que nuestros descendientes vivan en un mundo mejor, pero claro distanciamiento de los tratados ecológicos internacionales orientados a preservar el medio ambiente.

Poca gente pondría la mano en el fuego a favor de Sadam Husein. Es muy probable que haya armas de destrucción masiva bien ocultas en su territorio o temporalmente en manos de sus secuaces y que las usará al menor descuido. Sin duda, el planeta estaría más seguro sin terroristas y extremistas religiosos de su calaña. Pero existe otra buena cantidad de tiranos, dictadores y políticos corruptos que se aprovechan de la ignorancia, pobreza y mentes dogmáticas de sus habitantes, que debería también desaparecer (el problema es que esta lista es interminable). Yo también incluiría a Bush en esta masiva extinción. La mezcla de arrogancia, incultura y limítrofe razonamiento de este cowboy, dotado del poder colosal del imperio yanqui, amenaza la paz mundial de manera preocupante. Afortunadamente Francia y Alemania han intentado neutralizar el ímpetu bélico del guerrero republicano, aunque a costa de ser considerados anticuados. No sean ingenuos al pensar que Bush quiere invadir Irak para proteger al globo terráqueo de la demencia de este sanguinario y fanático islámico. La economía estadounidense navega por arenas movedizas y ya parece costumbre histórica que los republicanos –capitalistas empresariales y predicadores protestantes– intenten resolver sus declives monetarios, ganar votos electorales, monopolizar los recursos petroleros y probar su sofisticada maquinaria armamentística contra países subdesarrollados con una predecible periodicidad.

Sr. Bush, su gastada retórica sobre libertad y paz global no deja de ser una coartada que enmascara realidades mucho más prosaicas. Los enemigos más terribles de la humanidad son el hambre y la pobreza, ambas acentuadas y perpetuadas por la falta de control demográfico y paupérrimos índices de educación y salud. Estas devastadoras plagas pueden ser vencidas sin derramar ni una gota de sangre y utilizando solo parte del dinero que se desperdicia en prácticas militares. Si los países desarrollados se esfuerzan en la prevención de estas desigualdades humanas, no nacerían más alimañas como Husein, Bin Laden, y afines. Existe un total de 830 millones (14% de la población global) de seres humanos hambrientos y cerca de 30 mil niños mueren anualmente a consecuencia de la inanición. Deprime pensar que usted utilizará billones de dólares para deshacerse de solo un hombre. Le recomiendo asistir a las charlas de humanismo de Lula, aunque presumo que necesitará asesores para entenderlas.

El autor es médico

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