El mundo en manos de un estólido
vaquero
Si los países desarrollados
se esfuerzan en la prevención de estas desigualdades humanas, no
nacerían más alimañas como Husein, Bin Laden, y afines
Xavier Sáez-Llorens xsaezll@cwpanama.net
Un dicho harto conocido expresa que cada
país tiene el gobierno que se merece, especialmente cuando los gobernantes
se eligen por el voto popular. Bajo estas premisas, ningún extranjero
puede cuestionar el poder otorgado a Chávez, Sharon o Bush ni inmiscuirse
en sus asuntos internos, aunque la torpeza y arrogancia caractericen
sus acciones. En países con régimen comunista, militar, monárquico
o dictatorial, la gente se tiene que aguantar, le guste o no, a
sus dirigentes para no ganarse la cárcel, la tortura, el exilio
o el aislamiento social. En democracia hay mecanismos parlamentarios
para deshacerse del presidente si su actuar afecta profundamente
los intereses del Estado; en última instancia, la rebelión de una
colectividad mayoritaria en descontento puede precipitar la salida
espontánea o forzada del gobernante. Estas rebeliones internas,
aun al borde de guerra civil, raramente afectan a terceros países
de forma significativa, a menos que se interfiera con el suministro
de petróleo al exterior o la acción bélica se extienda a niveles
fronterizos.
En el caso especial de Estados Unidos, sin
embargo, las decisiones del Gobierno pueden impactar drásticamente
el bienestar y la convivencia armónica en todo el mundo. Por tanto,
creo que nosotros no solo tenemos el derecho a opinar, sino también
nos mereceríamos participar en sus propias elecciones. Desde que
asumió el mando, este estólido vaquero tejano está causando tal
caos mundial que podría, él solo, llevar a nuestro planeta al despeñadero.
No podemos darnos el lujo de quedar impávidos ante este monumental
agravio; alcemos nuestras voces de condena de manera enérgica y
constante. Es probable que no logremos detener sus desaciertos,
pero al menos no seremos cómplices de su espeluznante irracionalidad.
Las limitaciones mentales de Bush se ponen
de manifiesto en todas sus acciones y discursos. La extraordinaria
escasez de ideas genera pensamientos únicos en su percepción de
la realidad. Un fiel ejemplo de su estrecha intelectualidad fue
aquella tristemente famosa frase “o se está con Estados Unidos o
se está en contra”, como si hubiese un vacío conductual entre esos
dos extremos. Pareciera que oponerse a la acción bélica contra Irak
representa afinidad por el terrorismo. Si fuese así, más del 80%
de los habitantes del planeta perteneceríamos al “eje del mal” y
deberíamos ser eliminados. Otras incongruencias neuronales del vaquero
incluyen su acérrima oposición al aborto (posición pro-vida), pero
contundente defensa a la pena capital (pro-muerte); sus discursos
anti-discriminación, pero inconsistencias en el trato a homosexuales
y lesbianas; sus palabras a favor de la salud pública, pero interferencia
con la promoción del condón y con los programas sanitarios de ancianos
y minorías; sus pronunciamientos a favor de que nuestros descendientes
vivan en un mundo mejor, pero claro distanciamiento de los tratados
ecológicos internacionales orientados a preservar el medio ambiente.
Poca gente pondría la mano en el fuego a favor de
Sadam Husein. Es muy probable que haya armas de destrucción masiva
bien ocultas en su territorio o temporalmente en manos de sus secuaces
y que las usará al menor descuido. Sin duda, el planeta estaría
más seguro sin terroristas y extremistas religiosos de su calaña.
Pero existe otra buena cantidad de tiranos, dictadores y políticos
corruptos que se aprovechan de la ignorancia, pobreza y mentes dogmáticas
de sus habitantes, que debería también desaparecer (el problema
es que esta lista es interminable). Yo también incluiría a Bush
en esta masiva extinción. La mezcla de arrogancia, incultura y limítrofe
razonamiento de este cowboy, dotado del poder colosal del imperio
yanqui, amenaza la paz mundial de manera preocupante. Afortunadamente
Francia y Alemania han intentado neutralizar el ímpetu bélico del
guerrero republicano, aunque a costa de ser considerados anticuados.
No sean ingenuos al pensar que Bush quiere invadir Irak para proteger
al globo terráqueo de la demencia de este sanguinario y fanático
islámico. La economía estadounidense navega por arenas movedizas
y ya parece costumbre histórica que los republicanos –capitalistas
empresariales y predicadores protestantes– intenten resolver sus
declives monetarios, ganar votos electorales, monopolizar los recursos
petroleros y probar su sofisticada maquinaria armamentística contra
países subdesarrollados con una predecible periodicidad.
Sr. Bush, su gastada retórica sobre libertad y paz
global no deja de ser una coartada que enmascara realidades mucho
más prosaicas. Los enemigos más terribles de la humanidad son el
hambre y la pobreza, ambas acentuadas y perpetuadas por la falta
de control demográfico y paupérrimos índices de educación y salud.
Estas devastadoras plagas pueden ser vencidas sin derramar ni una
gota de sangre y utilizando solo parte del dinero que se desperdicia
en prácticas militares. Si los países desarrollados se esfuerzan
en la prevención de estas desigualdades humanas, no nacerían más
alimañas como Husein, Bin Laden, y afines. Existe un total de 830
millones (14% de la población global) de seres humanos hambrientos
y cerca de 30 mil niños mueren anualmente a consecuencia de la inanición.
Deprime pensar que usted utilizará billones de dólares para deshacerse
de solo un hombre. Le recomiendo asistir a las charlas de humanismo
de Lula, aunque presumo que necesitará asesores para entenderlas.
El autor es médico
Además en opinión
• El mundo en manos
de un estólido vaquero: Xavier Sáez-Llorens
• El cambio es necesario:
Faustina García de Molino •
La perversión de la ley: Enrique Ho Fernández
• Las
reformas estructurales y la recuperación económica:
Norberto Delgado Durán
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