Panamá, 29 de enero de 2003
 
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Más de reacción democrática

La campaña electoral se ha precipitado más de lo que prudentemente es necesario, en gran parte por el retiro inexplicable de Alberto Vallarino

Carlos M . Arango Jr.

En un artículo anterior opiné que debido al fracaso de los políticos electoreros, quienes son los que llevan la voz cantante en el escenario político nacional, y a la partidocracia que padecemos, se producirá en el futuro una reacción democrática liderada por una juventud bien preparada para gobernar, sana, no contaminada de la corrupción pública y privada, y con objetivos de gobierno basados en los mejores intereses del país.

De esta manera estaremos disminuyendo el riesgo de caer en un Alberto Fujimori, como les pasó a los peruanos o un trastornado como el Chávez que está acabando con Venezuela, o de un improvisado líder gremial que pueda tomar ventaja del descuido de una nueva generación debidamente capacitada para llevar a Panamá por mejores caminos. ¿Por qué no podemos aspirar los panameños a un gobernante mejor que un Luis Ignacio Lula Da Silva o un Lucio Gutiérrez, e incluso uno mejor que los que tenemos en la palestra hoy día? ¿No hemos operado el Canal de Panamá tan bien como lo hicieron los estadounidenses? Entonces, ¿tenemos o no tenemos gente capaz?

La campaña electoral se ha precipitado más de lo que prudentemente es necesario, en gran parte por el retiro inexplicable de Alberto Vallarino de la carrera presidencial. Ha dejado huérfana a una tercera fuerza, alentando la salida al ruedo de figuras que en un afán electorero pretenden llenar el vacío, sin un contenido programático ni ideal político capaz de encender la llama entusiasta de un electorado defraudado por el mismo patrón politiquero decadente.

Da pena ver el espectáculo en el Partido Arnulfista. La señora presidenta, entusiasmada con el concurso de Miss Universo que se celebrará este año en nuestro país, en el cual varios jueces seleccionarán a una de las misses que modelarán frente a ellos como la mujer más bella del universo, someterá a los misteres precandidatos de su partido, como lo hizo en la última convención, a un concurso en el cual ella será la única juez. Cualquier supuesta selección de la próxima convención será un parapeto para disimular el dedazo presidencial.

Este espectáculo es tan triste como peligroso y debemos tomarlo muy en serio para que no nos vuelva a suceder. Tenemos una presidenta con poderes excesivos. Tiene control de los órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Lo de los legisladores ha sido algo bochornoso que llena de vergüenza al país decente. El solo hecho de que los casos de corrupción más sonados están en nada, nos indica que allí está la influencia del Ejecutivo en el Judicial, para no agitar las aguas en momentos inoportunos, desde el punto de vista de su conveniencia política. El grave peligro de esta concentración de poder es que se están debilitando nuestras instituciones democráticas y el precio lo terminaremos pagando los gobernados. Es muy caro y no lo queremos asumir nuevamente.

Si visualizamos una reacción democrática para el futuro, en función de un movimiento político en el cual fundar nuevas esperanzas de mejores tiempos, ¿qué podemos hacer desde ahora? En primer lugar, tomemos conciencia de que nosotros –los electores– tenemos un poder enorme, que es el de escoger, con nuestro voto. Una medida eficaz para prevenir el abuso del poder del próximo presidente es la renovación total del Organo Legislativo. No reelijamos a ningún legislador de este período. ¡A ninguno!

La reacción democrática llevada a este extremo será muy severa, porque tal vez uno que otro haya hecho un trabajo aceptable, pero el castigo del electorado deberá ser dramático, ejemplar y radical. El mensaje estaría claro: no estamos dispuestos a tolerar más corrupción en el Organo Legislativo. Para no reelegir a un legislador no hace falta organizar ningún movimiento político, ni hay que gastar dinero. Simplemente no votes por aquellos que se presenten a la reelección, y pasa la voz. Nada más. Si la actitud de cada elector se convierte en una consigna electoral silenciosa, tendremos un Organo Legislativo completamente nuevo. No te quejes, actúa. Hazlo desde ahora.

La otra recomendación para que evalúes a los candidatos a presidente en función del futuro gobierno, si fueran electos, es que les exijas, cuando tengas contacto con ellos en tu comunidad, que te informen los nombres de su equipo de gobierno; ministros de Estado, directores de entidades autónomas, procurador de la Nación, contralor general y magistrados a la Corte Suprema de Justicia, si fuera el caso que se produjera una vacante. Lo más probable es que no te lo quieran decir, porque en plena campaña proselitista no desearán crear envidias y recelos en sus alianzas, revelando los nombres de su equipo de gobierno. Ese es un problema que ellos como candidatos deberán resolver. Los presidentes no gobiernan solos. Los electores tenemos todo el derecho de conocer el equipo de gobierno que nos dirigirá, antes de comprometer nuestro voto. Si no te lo quieren informar, no le des tu voto. Así de sencillo.

Pongamos toda la presión necesaria para tener buenos candidatos a presidente, y equipos de gobierno efectivos para romper finalmente con el paradigma de tener que votar por el menos malo. De nosotros dependerá cambiar las cosas. De lo contrario, no nos quejemos al tener equipos de gobierno como el que tenemos actualmente. De ti depende elector. ¡Actúa!

El autor es ejecutivo retirado

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