Mi tierra
Cuando a algún poderoso
uniformado se le ocurrió que por mis ideas debía expulsarme de mi
tierra, solo logró que profundizaran esas ideas y se multiplicara
geométricamente el amor que sentía por mi patria prohibida
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Panamá –hace un siglo apenas– se hizo nuevamente
Nación. Cuando afloró del mar esta tierra se convirtió en puente
entre Norte y Sur América, y a la vez dividió el océano Pacífico
del Atlántico. Sí; este pequeño hilito de tierra afectó a todo el
globo terráqueo, no por falsas pretensiones sino por un privilegiado
nacimiento. El Supremo así lo quiso, y yo –por igual privilegio–
nací aquí en esta bella tierra: en este “puente del Mundo, corazón
del Universo”. Esta es mi patria y patria solo hay una. Es única,
y la única que tengo. Entre más visito tierras lejanas en un aprendizaje
perpetuo, más intensa es mi necesidad de volver a mi tierra. Cuando
a algún poderoso uniformado se le ocurrió que por mis ideas debía
expulsarme de mi tierra, solo logró que profundizaran esas ideas
y se multiplicara geométricamente el amor que sentía por mi patria
prohibida. Cuando otro poderoso uniformado me hizo condenar como
“traidor a la patria”, confundiendo a su grosera persona con la
patria, sentí que había recibido una condecoración única –exclusivamente
mía– mucho más valiosa que la Amador Guerrero, que es el honor supremo
de mi país.
Esta patria mía es un crisol de razas...es
un orfanato de los sin-patria. Aquí la mayoría aspira a que ningún
honesto que abrace esta tierra se sienta jamás extranjero. Esta
nación nuestra nació sirviendo al mundo...nació globalizada. Aquí,
japoneses, suizos, italianos, griegos, chinos, españoles, y de muchas
otras nacionalidades, en poco tiempo se enamoran de nuestros mares,
gozan sus carimañolas bajadas con chicheme, se despelucan al ver
bailar, a golpe de tambor, a una sensual empollerada...que se mueve
sabiendo que luce el traje folclórico más precioso del mundo entero.
¿Qué otra tierra es bañada por dos mares...en qué
otra tierra puede uno estar bañándose en una expansiva playa soleada
y en 20 minutos poder estar en la fresca montaña, abrigado? ¿En
qué otra tierra se resuelven las peores de las diferencias dialogando
y no matando? ¿En qué otro país se acorrala a un cruel dictador
con pañuelos blancos? ¿En qué otro país se logra el traspaso –por
parte del poder mundial– de un gran activo internacional como lo
es el Canal de Panamá, a través de una negociación multi-generacional...para
entonces manejarlo mejor que como lo hizo el poder mundial?
Sí; esta es nuestra pequeña pero gran tierra. Como
lo escribió Miró, el poeta de Panamá, “quizá fuiste tan chica para
que yo pudiera llevarte toda entera dentro del corazón”. Tengo un
profundo amor por mi rica tierra. Por eso me duele la pobreza que
sufre la mitad de mis hermanos en la nacionalidad. Por eso su deshonor
me produce tanto dolor. Por eso estaré presente junto contigo en
el gimnasio de la Universidad Santa María, cuando el próximo 30
de enero se produzca la “Cita con la patria que queremos”, convocada
por los firmantes de la “Visión Panamá 2020”. Es una cita con la
esperanza. No fallemos; el futuro de la patria lo exige de sus ciudadanos
competentes. ¡Nos vemos el 30!
El autor es presidente de la Fundación para
el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• Mi tierra: I. Roberto
Eisenmann, Jr. •
Bella, soberana y centenaria: Rafael Mezquita •
La oportunidad de la mayoría no partidaria:
Anel González •
Oda a nuestro Cuchungo: Desmond Harrington Shelton
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