Oda a nuestro Cuchungo
Pongo la mano en el fuego,
varias veces, por él, porque es la mejor opción que nos han lanzado
al ruedo presidencial a la fecha de hoy
Desmond Harrington Shelton
desmond @cwpanama.net
En días pasados me enteré, vía los medios,
que el Dr. Guillermo Endara había optado por lanzarse al ruedo como
candidato presidencial para la próxima contienda que se llevará
a cabo en el 2004. Súbitamente pasó por mi mente un reprise de memorias
de cómo lo conocí como político y como el hijo de mi única abuela
en vida que también conocí. Entre más lidié con él, mejor me cayó.
Cuchungo, en mi libro, es un político fuera
de serie y creo que Panamá necesita varios así, muchos más, independientemente
del corte de cuñado que le dejó el eterno partir de su única hermana.
En resumen, la tercera fuerza electoral tiene ahora rostro y norte.
Voté por Cuchungo en 1989, procuré por sus padres
en esos tiempos difíciles de la invasión estadounidense a nuestro
terruño, me casé con su sobrina, y lo vi enviudar. En fin, conocí
a tío Cuchungo en un ángulo, para mí, privilegiado y, ahora, con
mi divorcio, hemos dejado de ser familia. Aun así me partió el alma
estar en ultramar cuando se dio el entierro de mi Tita, que se fue
para acompañar para siempre a nuestro querido Babalú.
Pongo la mano en el fuego, varias veces, por él,
porque es la mejor opción que nos han lanzado al ruedo presidencial
a la fecha de hoy. Quiero que mi única hija opte por quedarse en
el país que a ambos nos vio nacer. Opciones múltiples, gracias a
terceros pasaportes, nos recibirán en países extraños, pero, aun
así, férreamente nos apegamos a Panamá.
Mi Panamá no tiene substituto. Cuando periódicamente
estoy en el extranjero, extraño las cortas conversaciones con mis
cuatro hermanos, el olor a nance cuando estando de huésped me preparan,
el café, el cálido saludo de mis vecinos y la oportunidad de disculparme
cuando he errado con un tercero sin recurrir a la violencia.
Mientras tanto, el resto de nuestra Centroamérica
se revuelve de la envidia por nuestra manera de ser, aunque solo
tenemos casi tres años de independencia. Continuamos siendo una
tacita de oro.
En conclusión, mientras me resignaba a que teníamos
solo dos opciones electorales y que el voto castigo contra doña
Mireya plus sus secuaces, nos estrenaba un inevitable alud de votos
pro PRD en el próximo duelo electoral, ahora aparece un centellazo
a favor de la tercera fuerza.
Soy, al igual que el grueso de la gente de Panamá,
apolítico y solo quiero vivir feliz y con cero líos cuando parto
de mi hogar u oficina.
Cuando era niño mis padres me decían en ese entrañable
acento sajón de ellos dos: “mellor malio conozido que malio por
conocier”.
Cuchungo tiene sus flaquezas, pero no vi ninguna
en su servicio público. El recibió a mi Panamá en ruinas aquel 20
de diciembre de 1989, y se lo entregó en 1994 al partido opositor
debidamente elegido, con un envidiable erario público. Si tengo
que escoger entre los candidatos del PRD y del PA, mi voto continuará
con nuestro Cuchungo. Me rifo mi Panamá por un conocido, que uno
muy mais malio por conocer.
El autor es abastecedor de barcos
Además en opinión
• Mi tierra: I. Roberto
Eisenmann, Jr. •
Bella, soberana y centenaria: Rafael Mezquita •
La oportunidad de la mayoría no partidaria:
Anel González •
Oda a nuestro Cuchungo: Desmond Harrington Shelton
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