Panamá, 20 de enero de 2003
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Nguyên van Thuâm: una luz desde las prisiones del Vietcong

Con fama de santo, el obispo vietnamita que celebraba misa en la palma de su mano era favorito para ser nuestro próximo Papa

JORGE DE LAS CASAS
jdelascasas@prensa.com

François-Xavier Nguyên van Thuâm (1928-2002), obispo de Saigón.

Francois-Xavier Nguyên van Thuâm nació en 1928 en Hue, región central de Vietnam, en una ilustre familia del país. Un tío suyo fue presidente de Vietnam y otro arzobispo. Recibió el orden sacerdotal en 1953 y fue preconizado obispo de Nhatrang en 1967, con 39 años. En 1975 el papa Pablo VI le nombra obispo coadjutor de Saigón, actualmente ciudad Ho Chi-Minh.

Pocos meses después de su nombramiento, el ascendente régimen comunista le comunica que considera su nombramiento un complot entre los imperialistas y el Vaticano para combatir al nuevo gobierno. Así pues, su condición de obispo es considerada motivo para su arresto y es arrojado a las ergástulas del Vietcong durante trece años (1975-1988). Nueve de esos trece años tiene que soportarlos totalmente aislado. Luego sufre dos años de arresto domiciliario.

Como si todo ese sufrimiento no bastara, tuvo que soportar también el destierro: en 1991 viaja al Vaticano. El régimen vietnamita anuncia entonces que no puede regresar, queda expatriado.

Pero van Thuam ya es un cristiano universal: en el año 2000, el Sumo Pontífice le encomienda impartir los ejercicios espirituales de Cuaresma ante la curia vaticana. Y en el 2001, admirado por su testimonio de fe, lo crea cardenal. De este modo van Thuam se convierte en el segundo vietnamita en alcanzar esa distinción y el primero en ocupar puestos directivos en la curia vaticana.

“Testigo de la esperanza” es el término más adecuado para definir a este hombre, y tal es el título del libro que recopila sus ejercicios espirituales dictados en el Vaticano en el año del jubileo.

En tiempo reciente el cardenal vietnamita visitó España donde habló en un español muy diáfano.

Su testimonio es tan poderoso, que van Thuam llega a ser considerado uno de los más fuertes candidatos a la sucesión de Juan Pablo II y a ejercer el cargo de presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz. En esa posición lo sorprende “la hermana muerte” el 16 de septiembre de 2002, hace escasos cuatro meses. Su deceso ocurrió en Roma.

Testimonio mejor que mil palabras

Sus compañeros de prisión y sus mismos guardianes se sienten admirados ante aquel hombre al que no pueden comprender. Su prisión es dura, pero no pierde la esperanza en Jesús y esto es lo que más les sorprende.

La prisión le resultó terrible por la estrechez del alojamiento y el carácter extremo del clima vietnamita.

Van Thuâm era sometido a semanas enteras de prisión con las luces encendidas, con el prop´ósito evidente de desorientarlo y alterar su sueño. O a semanas enteras sin luz en una celda a oscuras, sin ventanas.

Los carceleros le preguntan si él los ama. Y él les responde: “Los amo”. -¿A pesar de los sufrimientos a que lo hemos sometido”. -A pesar de eso”. Es el espíritu de Jesús. Los dirigentes comunistas decidieron cambiar cada 15 días a los vigilantes para que no se contaminaran de las ideas del obispo católico, pero al cabo de un tiempo prefirieron mantener a los mismos poque temían que todos los policías terminaran convertidos.

Los instrumentos de su pasión

En la cárcel pudo fabricarse una cruz de madera apelando a su amistad con los guardianes, así como una cadena con cables eléctricos. Es la cadena que decidió llevar en adelante, una vez libre, para sujetar su Cruz pectoral, que también es aquella cruz de madera, recubierta y dorada.

El misterio de Dios en la palma de la mano

El obispo prisionero pidió vino como medicina para el estómago. Con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma de la mano, y cachitos de pan, celebraba la misa cada mañana, pues se la sabía de memoria. Se conviertieron ateos y budistas. Cuando en ocasiones, compartía un colchón por las noches con otros prisioneros, decía la Misa y repartía la comunión secretamente.

Testimonio

«La primera vez que tuve que defenderme en un tribunal nadie estuvo a mi lado. Todos me abandonaron. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerza, de modo que también en aquella ocasión pude anunciar su mensaje» El arzobispo confiesa que la experiencia de abandono descrita por san Pablo refleja muy bien las pruebas que él tuvo que soportar en sus trece años de cárcel en Vietnam. «En varias ocasiones me sentí abandonado --dice Van Thuâm--, especialmente cuando en la noche del 1 de diciembre de 1975 me encadenaron junto a otra persona y nos llevaron con otros prisioneros, todos de pie, de la prisión al barco en el que más tarde nos embarcarían para llevarnos al norte de Vietnam, a 1,700 kilómetros de mi diócesis. Sentí un gran sufrimiento pastoral, pero puedo atestiguar que el Padre no me abandonó y me dio la fuerza».

Poeta en prisión

Uno de los poemas escritos por el gran pensador vietnamita en prisión, dice:

Preso por Cristo

Jesús, ayer por la tarde, fiesta de la Asunción de María, fui arrestado. Transportado durante toda la noche de Saigón hasta Nhatrang, a cuatrocientos cincuenta kilómetros de distancia, en medio de dos policías, he comenzado la experiencia de una vida de prisionero.

Hay tantos sentimientos confusos en mi cabeza: tristeza, miedo, tensión; con el corazón desgarrado por haber sido alejado de mi pueblo. Humillado, recuerdo las palabras de la Sagrada Escritura: “Ha sido contado entre los malhechores”.

He atravesado en coche mis tres diócesis: Saigón, Phanthiet, Nhatrang, con profundo amor a mis fieles, pero ninguno de ellos sabe que su pastor está pasando la primera etapa de su via crucis.

Pero en este mar de extrema amargura, me siento más libre que nunca.

No tengo nada, ni un céntimo, excepto mi rosario y la compañía de Jesús y María.

De camino a la cautividad he orado: “Tú eres mi Dios y mi todo”.

Jesús, ahora puedo decir como san Pablo: “Yo, Francisco, prisionero de Cristo” (Ef 3,1)

Jesús, no esperaré; vivo el momento presente colmándolo de amor.

.........................................

El camino de la esperanza está enlosado de pequeños pasos de esperanza. La vida de esperanza está hecha de breves minutos de esperanza. Como Tú, Jesús, que has hecho siempre lo que le agrada a tu Padre. Cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo; mi vida es siempre una “nueva y eterna alianza” contigo.


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