Nguyên van Thuâm: una luz desde
las prisiones del Vietcong
Con fama de santo, el obispo
vietnamita que celebraba misa en la palma de su mano era favorito
para ser nuestro próximo Papa
JORGE DE LAS CASAS jdelascasas@prensa.com
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François-Xavier Nguyên van Thuâm
(1928-2002), obispo de Saigón.
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Francois-Xavier Nguyên van Thuâm nació en 1928
en Hue, región central de Vietnam, en una ilustre familia del país.
Un tío suyo fue presidente de Vietnam y otro arzobispo. Recibió el
orden sacerdotal en 1953 y fue preconizado obispo de Nhatrang en 1967,
con 39 años. En 1975 el papa Pablo VI le nombra obispo coadjutor de
Saigón, actualmente ciudad Ho Chi-Minh.
Pocos meses después de su nombramiento, el ascendente
régimen comunista le comunica que considera su nombramiento un complot
entre los imperialistas y el Vaticano para combatir al nuevo gobierno.
Así pues, su condición de obispo es considerada motivo para su arresto
y es arrojado a las ergástulas del Vietcong durante trece años (1975-1988).
Nueve de esos trece años tiene que soportarlos totalmente aislado.
Luego sufre dos años de arresto domiciliario.
Como si todo ese sufrimiento no bastara, tuvo que
soportar también el destierro: en 1991 viaja al Vaticano. El régimen
vietnamita anuncia entonces que no puede regresar, queda expatriado.
Pero van Thuam ya es un cristiano universal: en
el año 2000, el Sumo Pontífice le encomienda impartir los ejercicios
espirituales de Cuaresma ante la curia vaticana. Y en el 2001, admirado
por su testimonio de fe, lo crea cardenal. De este modo van Thuam
se convierte en el segundo vietnamita en alcanzar esa distinción
y el primero en ocupar puestos directivos en la curia vaticana.
“Testigo de la esperanza” es el término más adecuado
para definir a este hombre, y tal es el título del libro que recopila
sus ejercicios espirituales dictados en el Vaticano en el año del
jubileo.
En tiempo reciente el cardenal vietnamita visitó
España donde habló en un español muy diáfano.
Su testimonio es tan poderoso, que van Thuam llega
a ser considerado uno de los más fuertes candidatos a la sucesión
de Juan Pablo II y a ejercer el cargo de presidente del Consejo
Pontificio Justicia y Paz. En esa posición lo sorprende “la hermana
muerte” el 16 de septiembre de 2002, hace escasos cuatro meses.
Su deceso ocurrió en Roma.
Testimonio mejor que mil palabras
Sus compañeros de prisión y sus mismos guardianes
se sienten admirados ante aquel hombre al que no pueden comprender.
Su prisión es dura, pero no pierde la esperanza en Jesús y esto
es lo que más les sorprende.
La prisión le resultó terrible por la estrechez
del alojamiento y el carácter extremo del clima vietnamita.
Van Thuâm era sometido a semanas enteras de prisión
con las luces encendidas, con el prop´ósito evidente de desorientarlo
y alterar su sueño. O a semanas enteras sin luz en una celda a oscuras,
sin ventanas.
Los carceleros le preguntan si él los ama. Y él
les responde: “Los amo”. -¿A pesar de los sufrimientos a que lo
hemos sometido”. -A pesar de eso”. Es el espíritu de Jesús. Los
dirigentes comunistas decidieron cambiar cada 15 días a los vigilantes
para que no se contaminaran de las ideas del obispo católico, pero
al cabo de un tiempo prefirieron mantener a los mismos poque temían
que todos los policías terminaran convertidos.
Los instrumentos de su pasión
En la cárcel pudo fabricarse una cruz de madera
apelando a su amistad con los guardianes, así como una cadena con
cables eléctricos. Es la cadena que decidió llevar en adelante,
una vez libre, para sujetar su Cruz pectoral, que también es aquella
cruz de madera, recubierta y dorada.
El misterio de Dios en la palma de la
mano
El obispo prisionero pidió vino como medicina para
el estómago. Con tres gotas de vino y una gota de agua en la palma
de la mano, y cachitos de pan, celebraba la misa cada mañana, pues
se la sabía de memoria. Se conviertieron ateos y budistas. Cuando
en ocasiones, compartía un colchón por las noches con otros prisioneros,
decía la Misa y repartía la comunión secretamente.
Testimonio
«La primera vez que tuve que defenderme en un tribunal
nadie estuvo a mi lado. Todos me abandonaron. Pero el Señor estuvo
a mi lado y me dio fuerza, de modo que también en aquella ocasión
pude anunciar su mensaje» El arzobispo confiesa que la experiencia
de abandono descrita por san Pablo refleja muy bien las pruebas
que él tuvo que soportar en sus trece años de cárcel en Vietnam.
«En varias ocasiones me sentí abandonado --dice Van Thuâm--, especialmente
cuando en la noche del 1 de diciembre de 1975 me encadenaron junto
a otra persona y nos llevaron con otros prisioneros, todos de pie,
de la prisión al barco en el que más tarde nos embarcarían para
llevarnos al norte de Vietnam, a 1,700 kilómetros de mi diócesis.
Sentí un gran sufrimiento pastoral, pero puedo atestiguar que el
Padre no me abandonó y me dio la fuerza».
Poeta en prisión
Uno de los poemas escritos por el gran pensador
vietnamita en prisión, dice:
Preso por Cristo
Jesús, ayer por la tarde, fiesta de la Asunción
de María, fui arrestado. Transportado durante toda la noche de Saigón
hasta Nhatrang, a cuatrocientos cincuenta kilómetros de distancia,
en medio de dos policías, he comenzado la experiencia de una vida
de prisionero.
Hay tantos sentimientos confusos en mi cabeza: tristeza,
miedo, tensión; con el corazón desgarrado por haber sido alejado
de mi pueblo. Humillado, recuerdo las palabras de la Sagrada Escritura:
“Ha sido contado entre los malhechores”.
He atravesado en coche mis tres diócesis: Saigón,
Phanthiet, Nhatrang, con profundo amor a mis fieles, pero ninguno
de ellos sabe que su pastor está pasando la primera etapa de su
via crucis.
Pero en este mar de extrema amargura, me siento
más libre que nunca.
No tengo nada, ni un céntimo, excepto mi rosario
y la compañía de Jesús y María.
De camino a la cautividad he orado: “Tú eres mi
Dios y mi todo”.
Jesús, ahora puedo decir como san Pablo: “Yo, Francisco,
prisionero de Cristo” (Ef 3,1)
Jesús, no esperaré; vivo el momento presente colmándolo
de amor.
.........................................
El camino de la esperanza está enlosado de pequeños
pasos de esperanza. La vida de esperanza está hecha de breves minutos
de esperanza. Como Tú, Jesús, que has hecho siempre lo que le agrada
a tu Padre. Cada minuto quiero decirte: Jesús, te amo; mi vida es
siempre una “nueva y eterna alianza” contigo.
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