Carlos Brenes, oceanógrafo: ‘El Niño nació con Adán y Eva
Eva Aguilar
eaguilar@prensa.com
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El oceanógrafo Carlos Brenes, durante la charla que ofreció en el Parque Metropolitano.
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Conocerlo. Esta es, según el oceanógrafo costarricense Carlos Brenes, la clave para enfrentar las consecuencias del fenómeno de El Niño.
Brenes, investigador y director del Servicio Regional de Información Oceanográfica de Costa Rica, estuvo en Panamá hace una semana invitado por la Sociedad Audubon. En las instalaciones del Parque Metropolitano, el oceanógrafo dictó la charla “El fenómeno de El Niño- La Niña dentro de la variabilidad climática en América Central”.
También catedrático de la Universidad Nacional de Costa Rica, Brenes se dirigió al público para explicar las características y consecuencias de estos dos fenómenos climáticos, que son el producto de las interacciones del océano (corrientes océanicas) y la atmósfera (presión atmosférica).
De acuerdo con Brenes, para el fenómeno de El Niño que se inició en mayo del 2002 —y que debe terminar el próximo julio—, las predicciones apuntan a que alcanzaría su máxima intensidad entre diciembre y febrero. Y también es probable que este verano, que empezó el mes pasado, se alargue un poco más de lo normal.
Y es que los científicos van teniendo cada vez más a la mano instrumentos que les permiten predecir la aparición del fenómeno y saber por cuanto tiempo se prolongará. Pero lo que los investigadores no entienden aún es cuál es el origen de estos dos fenómenos adversos.
-Entonces será también difícil saber por qué ocurren cada 3.8 años...
-Hay mecanismos físicos que de alguna forma explican esa periodicidad que muestra el fenómeno. Lo que pasa es que son mecanismos mucho más complejos y que tienen que ver con la aparición de un tipo de onda en la parte interna del océano. Pero si partimos del hecho de que la génesis del fenómeno no se conoce con exactitud, entonces sí, resulta bastante difícil explicar por qué aparece cada cuatro años o por qué a veces dura 18 meses y a veces dos años.
-El Niño que está en marcha en estos momentos se ha calificado como moderado...
-Ello quiere decir que, en teoría, las consecuencias asociadas a este Niño no deberían ser tan drásticas como las que experimentamos en el 97-98. Las sequías en Centroamérica no deberían ser tan fuertes, ni el calor tan intenso, ni las pérdidas económicas tan grandes.
-Unas veces sequías, otras veces inundaciones...
-Cuando hay sequías o hay inundaciones, la causa fundamental está asociada a la variación en los campos de presión o en los vientos. Con El Niño, los vientos alisios del noreste soplan muy fuerte y nos generan sequía, con La Niña sucede lo contrario: el enfriamiento tan grande del Océano Pacífico hace que la zona de convergencia intertropical se pueda mover más hacia el norte y entonces tengamos precipitaciones muy fuertes. Además de la aparición de más huracanes con La Niña, por lo que tenemos más precipitaciones en Centroamérica.
-¿Cuál es la relación de estos fenómenos con los huracanes?
-No es tan sencillo. En lo que uno podría pensar es que el comportamiento de los vientos y de los campos de presión atmosférica en el Atlántico también varían cuando hay Niño o cuando no hay Niña. Lo que sí es interesante decir es que cuando hay Niña las condiciones son más propicias para que aparezcan huracanes que cuando hay Niño. Eso en el Caribe y en el Atlántico, porque cuando hay Niño los huracanes aumentan en el Pacífico.
-Los investigadores y los expertos no miden la fuerza de El Niño y La Niña según los destrozos que causa, sino según sus anomalías...
-Sí, y eso es importante tenerlo claro. Uno muchas veces escucha a ministros de Agricultura que dicen “este Niño es débil, o moderado, no nos preocupemos”. Pero es todo lo contrario. El hecho de que los Niños se clasifiquen, no en función de los desastres que producen sino en función de las variaciones que experimenta el océano, nos debería llamar la atención sobre el hecho de que tenemos que estar preparados. Entre mejor preparados estemos, no importa la intensidad del Niño, igualmente lo vamos a poder atender.
-¿Qué se puede hacer?
-Nosotros esperaríamos, por ejemplo, que para Centroamérica y Panamá, particularmente, después de la experiencia 97-98 los gobiernos ya tengan todos los planes, no solo de contingencia, sino acciones planificadas para atender este tipo de fenómenos que ya sabes que son recurrentes y que están apareciendo incluso en períodos más cortos. De forma que, si se anuncia un Niño con tres o cuatro meses de anticipación, tengamos una respuesta lo suficientemente rápida para atenderlo.
-Y esos planes de contigencia, ¿se tienen?
-Sí, se tienen, yo creo que Centroamérica ha avanzado muchísimo en eso. Nos falta mucho por recorrer, pero a este Niño Centroamérica lo está atendiendo muchísimo mejor que al anterior.
-¿A qué se debe que a un Niño que fue sumamente devastador le siga otro más calmado?
-Esa es una pregunta que tampoco tiene respuesta. A nivel estadístico sí sabemos que es muy poco probable que tengamos dos Niños muy fuertes uno detrás del otro. Pero como no sabemos por qué se genera el Niño, tampoco podemos especular acerca de cuál va a ser la intensidad del fenómeno. Pero aquí lo interesante es saber cómo la ciencia ha avanzado en los pronósticos. Ya El Niño se puede predecir con tres o cuatro meses de antelación y eso es muchísimo.
-¿Hacia dónde van las investigaciones ahora?
-Las investigaciones apuntan, básicamente, en dos direcciones. La primera es optimizar los modelos de predicción, que son modelos muy complejos en los que las ecuaciones son complicadas y en ellas hay que introducir cada vez más variables. Y el otro gran campo de la ciencia es el monitoreo. Si se tiene un buen monitoreo, con una red de estaciones atmosféricas y oceánicas bien extensas, además de buenos modelos predictivos, se puede ver cómo se va a comportar el océano y la atmósfera de aquí a un tiempo determinado.
-Usted ha preparado a personas para enfrentarse a sequías, ¿cómo se prepara uno para las consecuencias de El Niño?
-La clave de esto es el conocimiento. Si conseguimos comunicar y concienciar a los sectores productivos —el ganadero, el pesquero, el turístico— de lo que está sucediendo a nivel climático, habremos avanzado mucho. Una vez un caficultor guatemalteco me dijo que si en 1991 alguien le hubiera dicho que había un Niño, no hubiera perdido 100 hectáreas de café. Yo le dije que entonces él debía ser un caficultor muy grande. Pero el hombre me respondió: “No, yo solo tengo una hectárea, pero la sembré 100 veces porque nadie me dijo que había sequía”. Pero, además, debe haber políticas muy bien definidas a nivel gubernamental, porque, ¿qué gana el productor con que le digan que va a haber un Niño si el gobierno no ofrece alternativas?
-¿Cuál es la relación del calentamiento global con la periodicidad y la intensidad de El Niño?
-En estos momentos la comunidad científica trabaja en tratar de determinar a ciencia cierta cuán asociado está el calentamiento global a la mayor frecuencia e intensidad de El Niño en las últimas dos décadas. Yo creo que, aunque no se puede aislar esa huella antropogénica, sí es claro que hay una relación. Se necesitan varios años más de monitoreo para tener una base estadística más fuerte, pero todo apunta a que con la emisión de gases que causan el efecto invernadero, estamos contribuyendo a que esa redistribución de calor sea menos natural.
-Con El Niño, ¿tenemos que aprender a vivir?
-Sí. El fenómeno de El Niño es absolutamente natural. Hay registros de [que ya se producía] hace más de cinco mil años. Siempre digo que cuando Dios creó a Adán y Eva, los hizo papás enseguida porque les dió a El Niño.
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