Panamá, 20 de enero de 2003
{banner}
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Defensor del lector
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

En alas de la xenofobia

Moralmente hablando, la norma constitucional crea una irritante y flagrante discriminación que raya en el sectarismo

Roberto Brenes P.
gerencia@fundacionlibertad.org.pa

Las actuales sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa se convocaron básicamente para aprobar leyes que buscan racionalizar y reordenar la estructura de la aviación civil y el manejo de los aeropuertos. El propósito de la reforma es modernizar el sector y con ello “darle alas” para que se convierta en un sector globalizado y que coadyuve al “despegue” de la economía. Desafortunadamente el proyecto mantiene el viejo vicio de querer reservar exclusivamente a ciudadanos panameños las funciones aeronáuticas. Con ello volvemos a poner grandes trabas al desarrollo de la aviación, como hemos hecho con un sinnúmero de actividades cada vez que pensamos que solo los panameños las podemos o las debemos hacer.

Con la errada concepción de que somos autosuficientes y que debemos reservarnos los empleos a costa de todo, los panameños hemos cerrado paulatinamente nuestras mentes y nuestras fronteras al legislar consistentemente regulando oficios y profesiones con el denominador común de reservar su explotación a panameños; ni siquiera hacemos salvedad de extranjeros residentes, lo reservamos a los criollos; y en algunos casos a los criollos por nacimiento; ni siquiera dejamos cabida a los criollos por elección.

Esta actitud es quizá la respuesta equivocada de los sentimientos nacionalistas a las exclusiones que en su momento hiciera Estados Unidos a los trabajos y empleos en la antigua Zona del Canal y en la ya fenecida Comisión del Canal. Este sentimiento quizá dio calor a la norma constitucional que desde 1946 se encuentra en nuestras constituciones, y que hoy está en el Artículo 20 de nuestra actual Carta Política. El artículo parte diciendo que extranjeros y panameños son iguales ante la ley, solo para crear luego una gigantesca e irritante excepción al señalar que “por razones de trabajo, de salubridad, moralidad, seguridad pública y economía nacional”, la ley puede distinguir entre panameños y extranjeros.

La excepción laboral de la Constitución se ha explotado con furia. Desde 1960 hay en Panamá no menos de 40 leyes que regulan los oficios y profesiones, y privilegian con reservar para panameños 183 actividades o profesiones. Se puede afirmar, sin temor, que el sueño dorado de cada gremio profesional es obtener esa protección que dice dar la Constitución; independiente de las consecuencias para la nación como un todo.

Moralmente hablando, la norma constitucional crea una irritante y flagrante discriminación que raya en el sectarismo. Y lo peor de ello es que la norma ni siquiera ayuda a crearles empleos a esos panameños protegidos. Todo lo contrario, las normas de protección tienen un triple efecto negativo sobre la economía y el desarrollo del potencial nacional. El primer efecto y el más evidente es que estas normas obstaculizan el potencial de negocios de inversionistas extranjeros, al imponerles de inmediato el empleo de técnicos locales, impidiendo que los inversionistas traigan siquiera a corto plazo los suyos; con ello se limita lo atractivo del país en esa específica actividad.

El segundo impacto es mucho peor; con la idea de proteger a unos pocos, con las normas de protección de “panameños” se les roba la posibilidad de empleo y negocio a muchísimos otros “panameños” que nada tienen que ver con la actividad protegida. Por ejemplo, las normas que obligan a que la profesión de químicos la ejerzan panameños, no solo desalientan la inversión en la industria química en Panamá, sino que por proteger a “químicos”, despojamos de legítimas posibilidades de empleo a obreros, choferes, secretarias, contadores, asesores legales, mensajeros, que generaría una industria química en Panamá, amén de los empleos indirectos en el resto de la economía. Este punto ilustra muy bien la diferencia entre economía y economía nacional. La norma constitucional habla de “economía nacional” y ninguna de las actividades protegidas resistiría el más somero análisis de contribución agregada al país.

El tercer impacto; menos evidente pero muy nefasto, es que estas limitaciones laborales lo único que hacen es obligar a un sector económico específico a crecer a la velocidad de que los panameños puedan o tengan ganas de trabajar en ese sector. Con eso las oportunidades que tenga el país en actividades nuevas se verán seriamente limitadas, y con ello nuestra capacidad de generar riqueza. En este punto específico se encuentra nuestra industria aeronáutica, donde las condiciones geopolíticas y la estructura del negocio de aviación mundial le abren una ventana al país. Sería un despropósito echar por la borda esta oportunidad solo porque no tenemos, por decir algo, suficientes pilotos.

En todas estas reflexiones es bueno predicar con el ejemplo, y Panamá tiene buenos ejemplos de que lo que funciona es lo contrario. Nuestra industria bancaria y de servicios financieros se hizo y creció con bancos y banqueros extranjeros. Hoy día la calidad del recurso humano del sector bancario es excelente; se han desplazado sin ningún trauma ni ley los de fuera e incluso “exportamos” ejecutivos bancarios. Otro caso donde la ausencia de reglas de empleo y nacionalidad ha dado un negocio exitoso es en la industria naviera, incluido el Canal de Panamá. Tanto es así, que el Título Constitucional que rige al Canal de Panamá lo excluye de las normas que aplican a los servidores públicos, precisamente para permitir la contratación de técnicos extranjeros cuando sea necesario.

Nuevamente está nuestra honorable Asamblea ante una oportunidad dorada de darle alas a una actividad estratégica y de grandes proporciones que no solo se combina muy bien con nuestra vocación de país de tránsito, sino que también es importantísima en el desarrollo de un sector netamente local y que puede incidir en el Panamá profundo: el turismo. No caigamos en los sentimientos de tiempos ya superados y legislemos hacia el futuro.

El autor es presidente de la Fundación Libertad

Además en opinión

Emiliani, la valentía de un humanista cristiano: Xavier Sáez-Llorens
El silencio de los bancos: Eudoro Jaén Esquivel
En alas de la xenofobia: Roberto Brenes P.
Del fenómeno José Miguel: Fernando Sucre Miguez
En alas de la xenofobia: Roberto Brenes P. - Actualícese con La Prensa Web




¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios¦ UH Deportes¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá