
El camino es cuesta arriba
Un obstáculo en negociación
con los paramilitaresserá un eventual indultopara los que eventualmente
se desmovilicen
BOGOTA, Colombia (AP). —Los diálogos que
se iniciarán a fines de mes entre el Gobierno colombiano y los paramilitares
han despertado expectativas de paz, pero analistas advierten que
será un proceso lleno de dificultades.
“`Torpedos de la guerrilla, y unas expectativas
desbordadas de éxito en una paz parcial son los principales obstáculos'',
dijo a la AP el analista de asuntos militares Alfredo Rangel.
La comisión exploratoria para los diálogos con las
autodefensas, creada a fines del año pasado por el presidente Alvaro
Uribe, tiene previsto reunirse la semana entrante con tres bloques
paramilitares, que decretaron en diciembre un cese del fuego indefinido
como muestra de voluntad de paz.
En los encuentros se espera que se den los primeros
pasos para una negociación, y ya se advierte que uno de los obstáculos
será un posible indulto para los paramilitares que eventualmente
se desmovilicen.
El ministro del Interior, Fernando Londoño, advirtió
que no se puede garantizar que no haya impunidad, ya que “todo proceso
de amnistía e indulto supone eso”.
En los procesos de paz que se han realizado en este
país que vive cuatro décadas de conflicto armado, recibieron indultos
los cabecillas y combatientes de media docena de grupos que se han
reinsertado en la vida civil.
Sin embargo, el Defensor del Pueblo, Eduardo Cifuentes,
afirmó que el perdón tiene límites que establecen las normas jurídicas.
Los delitos de lesa humanidad no son amnistiables ni indultables.
“La impunidad total no puede ser el precio de la
paz en Colombia”, dijo Cifuentes. “Esto dejaría una semilla para
la continuación de esta guerra”, agregó. Para Cifuentes, por lo
menos los principales jefes paramilitares como Carlos Castaño, acusado
de masacres y crímenes selectivos, deberán responder por sus delitos.
Otro obstáculo de tipo jurídico en la negociación
es el pedido de extradición de Estados Unidos por los cargos de
narcotráfico, que pesan sobre Castaño y el comandante Salvatore
Mancuso, las caras más visibles de este ejército irregular de 10
mil hombres.
Otro temor que subsiste entre organizaciones no
gubernamentales es que algunos paramilitares terminen en las filas
de los soldados-campesinos que promueve el gobierno.
“El objetivo de este proceso tiene que ser reintegrarlos
a la vida civil para que se conviertan en ciudadanos productivos,
pero de ninguna manera que queden incorporados al Estado dentro
de los organismos de seguridad ni nada por el estilo”, aseguró el
vicepresidente Francisco Santos.
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