Panamá, 17 de enero de 2003
 
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Solicitudes a Juan Jované

El problema sencillamente es cómo repartir con justicia los sacrificios entre el Estado, los obreros y los empresarios

I. Roberto Eisenmann, Jr.

El drama que ha vivido la Caja de Seguro Social ha sido en mi concepto inútil e innecesario, producido por dogmatismos de lado y lado.

Los atacantes hablan despectivamente del “ñángara” y de que todo lo que hace tiene un objetivo político, ya que “...la intención es una candidatura presidencial a-la-Lula...” etc., etc.

Los del Seguro responden a toda –absolutamente toda– crítica tildando a sus detractores como “privatizadores”, cuando saben que no hay intención alguna en el gobierno Moscoso de privatizar nada en el Seguro. Si alguien dice “hay corrupción en el Departamento de Compras” y explica por qué, lejos de investigar y corregir le contestan con “¡quieren privatizar el Seguro!”.

Yo no creo para nada en los dogmatismos de los atacantes y no creo para nada en las defensas “privatización” de los del Seguro.

Lo que sí sé es que el Seguro Social es una necesarísima entidad solidaria de nuestra Nación y que afronta la misma crisis actuarial que afrontan todos los sistemas de seguridad social en el mundo. Creí –y sigo creyendo– que en el Panamá de hoy se dan condiciones especiales coyunturales para resolver el problema. Esas son (por un lado) una presidenta a quien por razones emocionales muy personales le interesa conservar la institución social más importante de la Nación, obra cumbre de su difunto marido, y por el otro un primer representante del obrerismo y conocedor actuarial, en la Dirección del Seguro. Es después de todo el obrerismo, el sector más afectado con una quiebra del Seguro Social. Ambos tienen motivos muy personales para dejar como legado la solución actuarial de la CSS. Ya hay acuerdo sobre la cifra del déficit (que no tiene ideología). Para resolverla tendremos todos que sacrificar algo. El problema sencillamente es cómo repartir con justicia los sacrificios entre el Estado, los obreros y los empresarios. Le toca a Juan Jované liderar el consenso de la solución en los próximos meses. No hacerlo sería una señal –contraria a lo que yo creo– de que su intención es no pagar el precio político para dejarle la crisis al que venga después de él. Yo no pierdo la esperanza de que Juan Jované sea hoy el mismo que yo conozco, admiro y respeto.

Las otras solicitudes mías son coincidentes con sus intenciones, pero no se han logrado. La primera es lograr que los informales puedan cotizar y pagar su seguridad social con sus ingresos reales, y con la opción de escoger todos los programas o quedarse solo en el de hospitalización. Nuestra experiencia con los informales en MiBANCO nos demuestra que este sector –cada día mayor– necesita a gritos desesperados contar con seguridad social. Comprendo que esto requiera cambios en la ley, pero estos podrían incluirse en los consensos hoy en proceso...si Juan Jované los lidera.

Por último, la reducción de la mora quirúrgica. Juan Jované no debe dejar el Seguro al fin de su término sin haber bajado la mora quirúrgica a un máximo de una semana. Y que no me echen el gastado cuento de la “cirugía electiva”. Si me encuentran a mí una bola en el estómago, que no me digan “electiva” y cita ...¡para dentro de tres meses! Yo entiendo que esa bola me puede matar, si no físicamente sí del susto. Ninguna cirugía debe demorar más de una semana, aun cuando signifique alquilar temporalmente ociosos quirófanos privados (¡y esto no es privatización!). La salud del asegurado es prioridad número uno; es la razón de ser de la institución. ¡Cualquier excusa es inaceptable!

Ya solo queda año y medio, y Juan Jované tiene que pensar en su legado...en lo que dejará en su histórico paso como primer director de la Caja de Seguro Social recomendado por el obrerismo.

Yo, como amigo, le solicito que escoja dos o tres cosas vitales como las que sugiero, y ¡las logre!

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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