Solicitudes a Juan Jované
El problema sencillamente
es cómo repartir con justicia los sacrificios entre el Estado, los
obreros y los empresarios
I. Roberto Eisenmann, Jr.
El drama que ha vivido la Caja de Seguro
Social ha sido en mi concepto inútil e innecesario, producido por
dogmatismos de lado y lado.
Los atacantes hablan despectivamente del
“ñángara” y de que todo lo que hace tiene un objetivo político,
ya que “...la intención es una candidatura presidencial a-la-Lula...”
etc., etc.
Los del Seguro responden a toda –absolutamente toda–
crítica tildando a sus detractores como “privatizadores”, cuando
saben que no hay intención alguna en el gobierno Moscoso de privatizar
nada en el Seguro. Si alguien dice “hay corrupción en el Departamento
de Compras” y explica por qué, lejos de investigar y corregir le
contestan con “¡quieren privatizar el Seguro!”.
Yo no creo para nada en los dogmatismos de los atacantes
y no creo para nada en las defensas “privatización” de los del Seguro.
Lo que sí sé es que el Seguro Social es una necesarísima
entidad solidaria de nuestra Nación y que afronta la misma crisis
actuarial que afrontan todos los sistemas de seguridad social en
el mundo. Creí –y sigo creyendo– que en el Panamá de hoy se dan
condiciones especiales coyunturales para resolver el problema. Esas
son (por un lado) una presidenta a quien por razones emocionales
muy personales le interesa conservar la institución social más importante
de la Nación, obra cumbre de su difunto marido, y por el otro un
primer representante del obrerismo y conocedor actuarial, en la
Dirección del Seguro. Es después de todo el obrerismo, el sector
más afectado con una quiebra del Seguro Social. Ambos tienen motivos
muy personales para dejar como legado la solución actuarial de la
CSS. Ya hay acuerdo sobre la cifra del déficit (que no tiene ideología).
Para resolverla tendremos todos que sacrificar algo. El problema
sencillamente es cómo repartir con justicia los sacrificios entre
el Estado, los obreros y los empresarios. Le toca a Juan Jované
liderar el consenso de la solución en los próximos meses. No hacerlo
sería una señal –contraria a lo que yo creo– de que su intención
es no pagar el precio político para dejarle la crisis al que venga
después de él. Yo no pierdo la esperanza de que Juan Jované sea
hoy el mismo que yo conozco, admiro y respeto.
Las otras solicitudes mías son coincidentes con
sus intenciones, pero no se han logrado. La primera es lograr que
los informales puedan cotizar y pagar su seguridad social con sus
ingresos reales, y con la opción de escoger todos los programas
o quedarse solo en el de hospitalización. Nuestra experiencia con
los informales en MiBANCO nos demuestra que este sector –cada día
mayor– necesita a gritos desesperados contar con seguridad social.
Comprendo que esto requiera cambios en la ley, pero estos podrían
incluirse en los consensos hoy en proceso...si Juan Jované los lidera.
Por último, la reducción de la mora quirúrgica.
Juan Jované no debe dejar el Seguro al fin de su término sin haber
bajado la mora quirúrgica a un máximo de una semana. Y que no me
echen el gastado cuento de la “cirugía electiva”. Si me encuentran
a mí una bola en el estómago, que no me digan “electiva” y cita
...¡para dentro de tres meses! Yo entiendo que esa bola me puede
matar, si no físicamente sí del susto. Ninguna cirugía debe demorar
más de una semana, aun cuando signifique alquilar temporalmente
ociosos quirófanos privados (¡y esto no es privatización!). La salud
del asegurado es prioridad número uno; es la razón de ser de la
institución. ¡Cualquier excusa es inaceptable!
Ya solo queda año y medio, y Juan Jované tiene que
pensar en su legado...en lo que dejará en su histórico paso como
primer director de la Caja de Seguro Social recomendado por el obrerismo.
Yo, como amigo, le solicito que escoja dos o tres
cosas vitales como las que sugiero, y ¡las logre!
El autor es presidente de la Fundación para
el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• Solicitudes a Juan
Jované: I. Roberto Eisenmann, Jr. •
Mis muertes preferidas: Jaime A. Porcell Alemán
• Dos
caras de la corrupción: Fernando Berguido •
Las trampas de los entornos: Roberto Díaz Herrera
|