Las orquídeas
Eva Aguilar eaguilar@prensa.com
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Orquídea de la especie ‘Phalaenopsis’
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La primera vez que Eric De Sedas tuvo una orquídea
en la mano, no sabía siquiera de qué planta se trataba. Cuatro décadas
después de aquel primer encuentro con una de las flores más hermosas
y variadas de la naturaleza, la historia es otra. Hoy, este ex abogado
que se dedica a surtir las floristerías con los cultivos de su finca
capireña, es quizás una de las personas que más sabe de orquídeas
en Panamá.
“La orquídea crea adicción. El que tiene una, quiere
más”, dice De Sedas, quien terminó por convertirse en autodidacta.
¿Qué las orquídeas son tan delicadas y difíciles
de cuidar como se piensa? Probablemente sí, pero esa es una teoría
que él no comparte. Según dice, cultivarlas es solo cuestión de
conocer la planta y sus necesidades.
Las orquídeas son plantas epífitas. Es decir, que
viven sobre otras que le sirven de apoyo, aunque no de alimento.
Los nutrientes que necesitan para vivir y desarrollarse los obtienen
del agua y el aire.
“Las orquídeas son las plantas más especializadas
de la naturaleza”, explica De Sedas. “La mayor variedad de olores
y colores pertenece a las orquídeas, y todo ese esfuerzo es para
lograr la polinización cruzada”.
Esos olores y colores son parte de las artimañas
que utilizan las orquídeas para reproducirse. Con el fin de atraer
un insecto, por ejemplo, desprenden los más diversos olores, cualquiera
sea el necesario para que el pequeño animal se pose sobre ella y
se encargue de diseminar luego el polen. Con ello logran que ocurra
la polinización cruzada y aseguran la variación genética.
Eric De Sedas calcula que en su finca debe haber
entre 80 y 90 especies de orquídeas. ¿Número total de plantas? Seguramente
más de 20 mil. Blancas, rosadas, moradas, amarillas, la variedad
de colores es espectacular. Y cada una de ellas necesita unas condiciones
diferentes: mientras unas son capaces de vivir bajo el sol implacable,
otras apenas requieren de la claridad de la luz para subsistir,
pero morirían si se las dejara completamente a la intemperie.
En su experiencia, De Sedas ha aprendido algunos
trucos. Explica, por ejemplo, que el agua de coco y el guineo, mezclados
en una especie de jalea, hacen que las orquídeas se desarrollen
con mayor rapidez. Y cuando se trata de preparar el “agar”, que
es ese medio de cultivo rico en nutrientes que sirve para acelerar
la producción, se mete en el laboratorio y como un botánico en plena
faena se cala los guantes y la bata, y en un ambiente completamente
aséptico, se dispone a trabajar.
Eric De Sedas podría conversar durante horas sobre
sus plantas favoritas. No en vano, y como él mismo dice, lleva 40
años de ser un completo “orquidiota”.
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