Panamá, 12 de enero de 2003
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Colón, ciudad bajo sitio

Los victimarios, en su mayoría, se hallan entre los 16 y 25 años. Muy jóvenes para matar y para morir

José Quintero De León
jquintero@prensa.com

Buscar a los delincuentes en sus guaridas es la clave para frenar la violencia y el delito.

Un viejo dicho advierte de que “quien a hierro mata, a hierro muere”. A su vez, la ley del Talión enseña que “ojo por ojo y diente por diente”.

Se esperaba que la humanidad cambiara su actitud, su agresividad, su enfrentamiento de hermano contra hermano. Pero no ha sido así.

Colón, la “costa de oro”, ha sido el ejemplo más claro. En diciembre del 2002, la cifra de homicidios rompió record cuando se llegó a los 12 asesinatos, sangriento ejercicio que comparado con el único caso que se suscitó en diciembre del 2001, reflejó la gravedad del caso. Tan solo en esta ciudad ocurrieron 64 muertes violentas el año que pasó.

Licencia para matar

Informes brindados por el inspector jefe de la Policía Técnica Judicial, Dionis Cuevas, revelan que no hubo mes del 2002 en que no se diera un asesinato. En enero hubo cinco; febrero, cinco; marzo, seis; abril, cuatro; mayo, seis; junio, dos; julio, seis; agosto, cuatro; septiembre tres; octubre, siete; noviembre, cuatro y en diciembre 12.

La situación subió de tono, a tal grado que los homicidios involucraron a hijos y madres; disparos de ráfagas de metralleta desde autos en marcha; disparos a discreción en un velorio; persecución de un herido hasta el hospital para rematarle; propinarle, sin piedad, siete balazos a un vigilante para asegurar su silencio o el asesinato, a tiros, en vísperas de Navidad, de un conductor de bus y su ayudante.

Los victimarios, en su mayoría, se hallan entre los 16 y 25 años. Muy jóvenes para matar y para morir. Los motivos fueron rencillas entre miembros de bandas, venganzas por despojos de droga, asalto a mano armada o porque la víctima estuvo en la calle equivocada.

Bajo sitio

Dada la consternación que generaron estos asesinatos, cometidos con saña, premeditación y ventaja, las autoridades de la provincia y el municipio se reunieron con la Policía Nacional, Policía Técnica Judicial y otras instancias como Aduanas y Migración.

La única forma era enfrentar al hampa con energía, por lo que el director de la Policía Nacional, Carlos Barés, instruyó a la policía de Colón para que iniciara el operativo “Alto a la violencia”, el cual contó con un contingente de 300 agentes que se “tomaron la ciudad” y hurgaron en todos sus recovecos para sacar a los pandilleros y a los sicarios.

Fue como poner a la ciudad bajo sitio, en una guerra abierta contra el crimen. Los operativos no tienen hora fija. Son dos camiones y varios patrullas los que salen a recorrer la ciudad. En uno se lee “Prevención Rodante”, tiene barrotes y mallas para llevar, al menos, a 30 detenidos.

Una vez son conducidos al cuartel, se les filia y se llama a sus padres, si son menores. A estos se les multa. Si reinciden, la sanción es más alta y podría ser cambiada a prisión.

Durante los allanamientos se ha logrado incautar droga, armas y artículos robados.

Para el subcomisionado Juan Antonio Herrera, la preocupación de las autoridades era que la fiesta cristiana por excelencia fuera empañada por las bandas. “Decidimos actuar con más energía sin perder la cortesía”, indicó.

Producto de ello se ejecutaron 2 mil 425 conducciones, de las cuales 828 fueron de menores deambulando luego de las 9:00 de la noche.

Pero también se aprehendieron evadidos; implicados en crímenes o con procesos pendientes; portadores de drogas o de armas de fuego sin permiso; 25 extranjeros indocumentados e incluso, heridos por bala.

Herrera ha sido claro. “No hay fecha para suspender las conducciones ni los allanamientos. Mientras tengamos información o sospecha de que se está transgrediendo la ley, vamos a seguir presionando al delincuente”. También aclaró que no hay fueros ni privilegios en estas acciones de búsqueda del delito, y admitió que pueden cometerse errores o algún grado de exceso, pero los operativos no pueden pasar.

Prueba de ello, dijo, es que hasta el presente no se ha dado otro homicidio ni robo a mano armada.

Denuncia ciudadana

La gobernadora de Colón, Luciana Perosa de Policani, justificó las acciones policiales y de otras agencias de seguridad por el rescate de la imagen de la provincia, lo cual es necesario para mejorar las condiciones de vida.

“El 90% de los ciudadanos está contento con los operativos y me pide que continúe hasta que tengamos la seguridad de que esto [la violencia] no va a resurgir”, dijo.

Sin embargo, la gobernadora Policani exhortó a la ciudadanía colonense a denunciar, sin temor, el delito y la violencia donde quiera que la vea.

Instó a que utilicen las “líneas calientes”, las que permiten denunciar de forma anónima. Los teléfonos son 104; 441-4453 y el 441-2021.

Con apoyo de Dios

Pierce Blandón, del Movimiento Pro Rescate de la Juventud, auspiciado por la Iglesia de Dios, es otro elemento que trabajó en la conversión de ex pandilleros.

Tiene plena confianza en que lograrán su meta, con el apoyo de Dios, de cambiar la visión del joven colonense de buscar mejores días y dejar la droga, el robo, la violencia y la venganza.

Sin embargo, señala que requiere de algunos recursos de parte de las autoridades para ampliar su influencia.

Que se quede la policía

A su vez, la presidenta de la Asociación de Usuarios de la Zona Libre de Colón, Digna Donado, definió los operativos como “muy apropiados y muy oportunos” y justificó el aumento del pie de fuerza policial en 63 unidades más, dado que en Colón ya la inseguridad y la violencia no se soportaban.

Dijo que se está logrando controlar las bandas y pidió comprensión y paciencia a quienes estén incómodos con los operativos, dado que lo que se está buscando es restaurar el orden y la seguridad que se habían perdido.

Colaboración de Diomedes Sánchez y Migdalia Grenald.


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