Panamá, 12 de enero de 2003
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Brunch dominical

Mónica Palm
mpalm@prensa.com

La presidenta Moscoso abrió la semana con el anuncio de los cambios en su Gabinete ministerial. No hubo muchas sorpresas, como lo demuestra la falta de expectativa ciudadana a raíz de ellos. Al respecto, se podría decir cualquier cosa, menos que este gobierno no promueve los valores familiares. Si no, solo fíjense en que a pocos días de haber dado un sorpresivo respaldo a las reformas tributarias, el presidente del Sindicato de Industriales, Rafael Stanziola, fue in personam a las instalaciones del MIDA a presentarle a los funcionarios a su hija Lynette, recién designada ministra de ese ramo. Se puede decir que esto es el verdadero fruto de un trabajo, si usamos lenguaje agrario.

¿Por qué Moscoso habrá sacado a un viceministro de Finanzas para convertirlo en el príncipe de las Obras Públicas? ¿Será un último intento por poner en un año pre-electoral a alguien que sabe exactamente dónde está cada centavo para que los convierta en obras que sirvan de propaganda en la campaña presidencial que se avecina?

Mientras esta semana el arnulfismo empezaba a sacar precandidatos presidenciales debajo de la manga -que en conjunto no suman ni el 5% de la intención de voto- Alberto Vallarino comunicaba al país su decisión de abandonar sus aspiraciones presidenciales en esta vuelta. Dice Moscoso que espera que esta vez Vallarino cumpla con su palabra, como aludiendo a que en el pasado no lo ha hecho. ¿Será esto el último toque para divorciar de la presidencia, ante la opinión pública, a quien parecía ser la tabla de salvación del arnulfismo, para presentarlo más tarde -en el 2009, por ejemplo- como un redentor limpio del pecado original que aqueja a los otros precandidatos que han tenido alguna participación en esta administración? ¿Será por eso que el denominador común de los precandidatos arnulfistas es haber sido subordinados de la doña?

No nos extraña entonces que el asunto no parezca una competencia de precandidatos, sino un espectáculo orquestado. En una contienda electoral, lo más lógico es escuchar a los precandidatos defendiendo sus planes, sus proyectos, sus puntos de vista y cuestionando a sus contendores, como en cualquier torneo decente. Pero aquí no. La única que saca la cara es Moscoso. Pero claro, un partido que ha retrocedido lustros en mecanismos de democracia interna -al eliminar las primarias, por ejemplo- no puede terminar con una candidatura presidencial que no sea aquella que señale quien, como todos saben, controla a ese partido.

El miércoles, en el Lung Fung, se reunió un grupo para analizar los “reacomodos” políticos, ahora que Alberto Vallarino está fuera de combate. Asistieron, entre otros, Aníbal Galindo, heredero político de Raúl Arango en el Partido Liberal, y su copartidario Abraham Williams. Por el Partido Popular acudieron José Domingo Torres, Edwin Cabrera, Luis Eduardo Camacho y Carlos Abadía. Dicen que el mediador fue Eduardo "Rumba" Alfaro. Todos querían intercambiar sus experiencias en lo que a negociación de alianzas respecta. Por cierto que Aníbal Culiolis, suplente en la Asamblea de Teresita Arosemena, ha dicho que a él lo nombró el PP para discutir los términos de una posible alianza electoral con el PRD. Pero no. El nombrado para esta función fue Julio Aizpurúa, un miembro de la CAPAC. Culiolis actuará en la negociación como siempre lo ha hecho... como suplente.

La incontenible ola de violencia que amenaza con arrasar a nuestros conciudadanos ha llegado a orillas del propio gobierno. Ojalá el asesinato del diplomático Ciervide nunca se hubiera producido, pero poco consuelan las declaraciones de la presidenta, que opinó que la justicia tiene que ser más severa y castigar a aquel que mata impunemente. Bueno, la justicia también debería castigar a aquel que quiebra bancos, estafa a sus acreedores, soborna a legisladores, regala de un plumazo los dineros del Estado y hunde helicópteros a balazos para presumiblemente ahogar evidencias, por mencionar solo algunas bellezas.


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