Bañarse en agua helada es una fuente
de juventud, aseguran los fanáticos de esta práctica.
MOSCU, Rusia. —Con
24 grados bajo cero, el jubilado Mijail Ivanovich, de 86 años, habitante
de la localidad de Murmansk, en el norte de Rusia, se baña en un agujero
abierto en el hielo, vestido sólo con un traje de baño. “Fantástico”,
dice el anciano mientras nada los pocos metros que van de un borde
del hielo al otro. Con una temperatura del agua que supera apenas
los cero grados, el baño es un placer corto. Tras pocos segundos,
Mijail vuelve a tierra y se calienta en una choza de madera cercana.
Bañarse en agua helada fortalece el cuerpo y el espíritu y es una
fuente de juventud, aseguran los fanáticos de esta prática. Mijail
Ivanovich espera que gracias a su hobby alcance los cien años. “Todavía
me faltan 14, pero seguro que lo consigo”, dijo a la televisión estatal
rusa. Hace unos 40 años, Mijail Ivanovich dio comienzo a la tradición
del baño colectivo en agua helada en la única gran ciudad más allá
del círculo polar una noche de Año Nuevo. “En aquel entonces todos
me consideraban un loco”, recordó el jubilado. Mientras tanto, la
terapia de shock para la circulación es un encuentro de culto en Murmansk.
Decenas de personas se reúnen en el agujero abierto en el hielo, que
este año, se lamentan algunos, es demasiado pequeño para una carrera.
Galina Narkodskaia, que tirita de frío junto a la “piscina”, traslada
su deseo de Año Nuevo al baño en agua helada. “Que todo lo malo se
hunda en el agua y sólo permanezca lo bueno”, dice la mujer en bikini,
antes de lanzarse al agua. Este tipo de deseos suelen pronunciarse
en el brindis. De hecho, los hombres y mujeres que participaron en
el baño se reúnen luego en la cálida cabaña de madera para brindar
por un feliz 2003. Pero no son los únicos que se acostumbraron a esta
práctica. Casi en todas las regiones rusas hay gente que camina desnuda
por la nieve y el hielo como si estuvieran en pleno julio en la costa
del Mar Negro. En la ciudad de Voronesh, en el sur, Guennadi Chalenko
se pasea medio desnudo por la calle entre las miradas de los peatones
ataviados con gruesos abrigos de piel. Cuando este hombre de 40 años
sale a hacer las compras en pantalones cortos, descalzo y con el torso
desnudo, no sólo las babushkas (abuelas) se asombran. “Ya me acostumbré
a lo que comentan”, dice Guennadi en un reportaje de la cadena TVS.
Guennadi Chalenko, sin embargo, también recibe miradas de admiración.
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