Panamá, 9 de enero de 2003
 
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La bandera que no se doblega

El sentimiento de patriotismo nubló los ojos de los institutores cuando un policía de la “Zona” rompió la bandera panameña de un toletazo

HERMES SUCRE SERRANO
hsucre@prensa.com

Los panameños respondieron con valentía a la agresión del Ejército de Estados Unidos.

A las 3:00 p.m. del 9 de enero de 1964 a Francisco Díaz, secretario general de la Asociación Federada del Instituto Nacional (AFIN), le temblaban las manos cuando el rector del plantel, profesor Dídimo Ríos, le entregó –mediante una autorización por escrito– la bandera panameña para que la izara en la antigua Zona del Canal, junto al emblema de Estados Unidos.

Según el libro Sucesos del 9 de enero de 1964, de la Biblioteca de la Nacionalidad de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), esa era la bandera que protegió los pechos de los patriotas durante los movimientos nacionalistas del 12 de diciembre de 1948, en mayo de 1958 y el 3 de noviembre de 1959.

Guillermo Guevara Paz, alumno de VI año del Instituto Nacional, comentó, en un relato posterior a lo ocurrido en Balboa el 9 de enero de 1964: “esa bandera solo se utilizaba en la parada del 4 de noviembre, ya que tiene para nosotros un gran valor sentimental, puesto que en ella se encuentran manchas de sangre de los mártires de la Federación de Estudiantes de Panamá”.

El 9 de enero de 1964, a las 4:50 p.m., alrededor de 200 estudiantes –de ambos sexos– salieron del Instituto Nacional rumbo a la Escuela Secundaria de Balboa para izar la bandera. En el camino la columna estudiantil dejó de cantar el himno nacional –por respeto a los enfermos– cuando pasaron frente al Hospital Gorgas. Dos radiopatrullas marchaban al frente de la manifestación pacífica.

Guevara Paz y Francisco Díaz lograron que los oficiales zoneítas aceptaran que una delegación de seis estudiantes, entre ellos el portaestandarte y un compañero que llevaba el letrero “Panamá es soberana en la Zona del Canal”, llegaran hasta el área del asta a cantar el himno nacional e izar la bandera en el Colegio de Balboa, donde asistían principalmente estudiantes zoneítas. En los balcones y en la entrada del colegio había una multitud hostil, de aproximadamente 2 mil zonians. De pronto la delegación de institutores fue rodeada por cientos de estudiantes y adultos zoneítas.

“¿Qué ocurrió realmente?”. El portaestandarte Carranza lo describe así: “Estrecharon lentamente el cerco. Uno gritó, luego otro y luego todos. Empezaron a empujarnos y a tratar de arrebatarnos la bandera, mientras nos insultaban”.

El sentimiento de patriotismo nubló los ojos de los institutores cuando un policía de la “Zona” rompió la bandera panameña de un toletazo. En el trayecto, a través de la turba, múltiples manos halaron y rasgaron la bandera. En medio de una lluvia de palos, los estudiantes corrieron a proteger la bandera. Alguien señaló la bandera de Estados Unidos en lo alto del Edificio de la Administración, con la intención de desquitarse la ofensa, sin embargo, los patrulleros y policías zoneítas ya habían desenfundado las armas, y desde las casas de los civiles comenzaban a asomarse los cañones de los fusiles.

La masacre

En su repliegue, Guillermo Guevara Paz y Rogelio Hilton, presidente de la Asociación de Graduandos, y sus compañeros destruyeron el andamiaje de una construcción del Hospital Gorgas y lo lanzaron a las calles en un intento por detener la ferocidad de los perseguidores. Comenzaron a escuchar ruidos similares a los de cohetes, pero como no era el 4 de julio, fiesta de la independencia de EU, comprendieron que se trataba de disparos. Las balas no provenían de los radiopatrullas, sino de las casas que estaban junto a la Iglesia Episcopal, en la que se encontraban apostados numerosos adultos zonians. Eran como las 6:30 p.m. cuando cruzaron la Avenida 4 de Julio y llegaron a una piquera de Calle J.

La noticia se extendió a lo largo de la línea limítrofe. Centenares de estudiantes y particulares –indignados por la ofensa a la bandera– lanzaban piedras contra los estudiantes y adultos zoneítas. Comenzaron a caer los primeros heridos; los hombros de Ascanio Arosemena chorreaban sangre de tanto cargar a los heridos, pero una bala de rifle calibre 22 lo convirtió en el primer mártir.

Llegó el Ejército

Los policías zoneítas arrestan a un manifestante.

Decenas de panameños caían heridos bajo la metralla de los estadounidenses, pero los estudiantes panameños volvían con nuevas banderas, quemaban automóviles y desafiaban las alambradas que segregaban a la Zona del resto del territorio panameño. En todas las provincias comenzaron a darse protestas: la intervención de la Policía Nacional impidió que los interioranos se lanzaran a la capital a defender la patria agredida. Muchos provincianos ya habían montado sus escopetas de cacería para unirse en la desigual batalla.

La Policía de la Zona y sus acólitos civiles fueron doblegados por la avalancha de los panameños; entonces pidieron ayuda al Ejército. Como a las 8:00 p.m., las Fuerzas Armadas entraron en acción con armas pesadas y de largo alcance. Fusiles, ametralladoras y tanques se dispersaron a lo largo del sector limítrofe y dispararon incesantemente contra la indefensa multitud. El número de muertos aumentó debido a que muchos heridos se desangraban antes de que pudieran ser recogidos en medio de las ráfagas de las ametralladoras, que incluso disparaban contra las ambulancias que portaban bandera roja.

Como a las 9:00 p.m., el Hospital Santo Tomás anunció que no tenía espacio para más víctimas y pidió la cooperación de los hospitales particulares y del Hospital del Seguro Social. Hubo una movilización general de médicos y enfermeras, y una legión de panameños acudió a donar sangre.

Presidente Chiari

A las 10:00 p.m. del 9 de enero, el presidente de la República, Roberto Francisco Chiari, pidió a las autoridades del Canal que cesaran la matanza de panameños, pero su petición no fue atendida. Entonces Chiari rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos y ordenó a su personal en Washington que regresara a Panamá.

Durante toda la noche del 9 de enero el ataque del Ejército se concentró en la plaza del Palacio Legislativo, el cruce del Hotel Tívoli y el área del Instituto Nacional. El Ejército de Estados Unidos controló el Puente de las Américas y cerró todas las vías de comunicación entre Panamá, Colón y el interior. Los choques continuaban esporádicamente. El 10 de enero, los llamados a la cordura lograron restaurar la calma en el agotado pueblo panameño, pero las tropas zoneítas seguían en pie de guerra.

Los informes oficiales dieron cuenta de 21 personas muertas en Panamá y Colón –entre estudiantes y particulares– y 500 heridos (muchos quedaron paralíticos).

La agresión de Estados Unidos al indefenso pueblo recibió el repudio unánime internacional, y marcó el camino a una cruzada diplomática iniciada por el presidente Chiari y su canciller Narciso Garay, entre otros. Posteriormente, el general Omar Torrijos Herrera logró la firma de los tratados Torrijos-Carter que en diciembre de 1999 devolvían a Panamá la plena soberanía en el Canal.

Hoy, después de 33 años, la bandera ondea en el cerro Ancón para recordar a los olvidadizos que ese territorio se reconquistó con la sangre de los institutores y del pueblo panameño.


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