Panamá, 9 de enero de 2003
 
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Vivan los mártires del 9 de enero

Adela Panezo

Hoy, 9 de enero, conmemoramos el 39 aniversario de los sucesos de 1964, en los que valientes jóvenes estudiantes ofrendaron sus vidas por amor a la patria, tratando de izar nuestro emblema patrio en la entonces llamada Zona del Canal de Panamá.

Ese trágico suceso, en el cual perdieron sus vidas 22 personas y más de 400 resultaron heridas, marcó los pasos fundamentales en el devenir histórico de la nación panameña.

En primer lugar, obligó a los gobernantes de ese entonces a romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos por un período que, aunque corto, su importancia radicó en que, por primera vez, un Gobierno panameño era capaz –obligado por las circunstancias– de enfrentarse al imperialismo estadounidense hasta el punto de romper relaciones.

El 9 de enero también estableció los fundamentos de lo que posteriormente sería uno de los objetivos principales de la revolución torrijista.

Omar Torrijos Herrera, inspirado en la valentía de dichos estudiantes, lideró durante el Proceso Revolucionario la lucha antiimperialista por la obtención del Canal de Panamá, en donde atinadamente logró unificar todas las fuerzas sociales y políticas del país en pro de alcanzar la mayor aspiración de los estudiantes del 64 y del pueblo panameño en general, que culminó con la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977, dando inicio al proceso de transferencia del Canal de Panamá a partir de 1979, el cual finalizó el 31 de diciembre de 1999.

Hoy, después de solo tres años de haber logrado nuestro objetivo de eliminar el enclave colonial en nuestro territorio y de ser una nación en donde flamea solamente la bandera panameña, como resultado de esa lucha antiimperialista que cobró mayor significado en 1964, pareciera innecesario tratar el tema, pues como muchos dicen “ya los gringos se fueron de Panamá”. Sin embargo, la realidad nos plantea que no solo debemos recordar con emoción y orgullo los acontecimientos de ese 9 de enero, sino que además tenemos el compromiso de honrar a nuestros mártires, convirtiéndonos realmente en una nación soberana, independiente y próspera.

Esto, a decir verdad, no se ve claro ante la faz del país y del mundo, pues los panameños, y en especial los gobernantes, no hemos logrado establecer realmente un programa de desarrollo de las bases revertidas y el Canal de Panamá que contribuya efectivamente al desarrollo y progreso del pueblo y de la nación panameña.

Es triste ver que ese pueblo que luchó durante décadas por hacer realidad lo que hoy se da, sea el que menos se beneficie, el que menos tenga derecho a esas tierras revertidas con el Canal de Panamá.

Si bien reconocemos que Panamá no solo es el Canal, ya que en nuestro territorio hemos sido bendecidos por Dios con muchísimas más riquezas naturales, con una buena distribución de las mismas no existiría la pobreza y la marginalidad en nuestro país. Si estableciéramos un programa de desarrollo social y económico, el Canal de Panamá y sus áreas serían un punto fundamental en el mejoramiento de la calidad de vida de los panameños, en especial de los habitantes de las provincias terminales del Canal: Colón y Panamá.

Este aspecto no desarrollado, es el que hace que el 9 de enero de 1964 siga siendo importante; por eso también a los educadores nos compete contribuir a que no se olvide la fecha, enseñando a nuestros estudiantes a valorar sus acontecimientos para que aprendan a querer a nuestra patria y a preocuparse por ser cada vez mejores jóvenes, estudiantes y ciudadanos.

Queda, pues, establecido que todos en Panamá tenemos un compromiso con nuestros mártires del 9 de enero y que los honraremos realmente cuando hayamos cumplido con ellos.

¡Vivan los mártires del 9 de enero de 1964!

La autora es profesora del Instituto Coronel Segundo de Villarreal

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