Panamá, 9 de enero de 2003
 
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Los partidos, ¿de las cúpulas?

Dejar que la decisión de una candidatura presidencial en un partido la haga el directorio, es decirle al resto de sus miembros que su voto no cuenta

Martín Araúz G.

Resulta interesante ver cómo personas vinculadas al Partido Arnulfista defienden el actuar de la cúpula (o rosca, para el común panameño) en lo referente a las recién aprobadas reformas electorales.

No nos llamemos a engaño: estas reformas tienen nombre y apellido. Su objetivo principal es evitar que las bases escojan como candidato al ingeniero Alberto Vallarino. Claro que a mí, así como a muchos panameños, nos disgustó que en las pasadas elecciones el candidato Vallarino se cambiase de tolda una vez perdió las elecciones primarias en el Partido Arnulfista; y tal vez fue esto lo que le restó votos, a pesar de que al hacer un análisis imparcial, resultaba el candidato más apropiado para ocupar la silla presidencial. También es cierto que fue exitosa la estrategia de la actual mandataria, de recorrer todo el territorio nacional y mantener contacto con el ciudadano común y sus necesidades; ello, y no sus cualidades de estadista, le valió el cargo que hoy ejerce.

Pero esto ya es historia y nos acercamos a otra contienda electoral, en donde el Partido Arnulfista, o mejor dicho la cúpula de este partido, está preparando las bases para una derrota clara y contundente. Y es que las actuales reformas, por ser de corte personalista, lo llevan a ello, porque no consideran en absoluto el poder del voto arnulfista, del hombre común, de ese que se atrevió a escoger a la actual mandataria a pesar de todas las objeciones, críticas y hasta vejámenes de que fue objeto en la pasada campaña.

Los defensores de este error político de la cúpula arnulfista se basan en que la lealtad es el principal valor de la escala axiológica del partido. Nada más falso. Solamente preguntémonos con quiénes se ha tenido que aliar para poder manejar la Asamblea Legislativa y nos daremos cuenta de que no es así. ¿Acaso el Partido Demócrata Cristiano, hoy Popular no fue expulsado del pasado gobierno arnulfista que encabezó Guillermo Endara? Y con ellos se efectuó el fallido pacto de La Pintada. ¿O el Partido Revolucionario Democrático no ha sido históricamente su rival más acérrimo? Pues con sectores de este partido se logró recobrar el control de dicha Asamblea. ¿Es esto tener en realidad como valor relevante la lealtad? No lo creo.

En la actualidad no hay un solo precandidato a lo interno del Partido Arnulfista que haya hecho el trabajo de visitar las bases y recorrer el país tal y como lo hizo la actual mandataria; por ello, ninguno goza de la simpatía y respaldo popular. Eso es una gran realidad, como también lo es la gran simpatía que el banquero Alberto Vallarino tiene en las bases del Partido Arnulfista, porque de no ser así, estoy seguro de que lo hubiesen recibido con los brazos abiertos y con la seguridad del triunfador, tal y como lo hizo la señora presidenta en las pasadas elecciones primarias cuando pacientemente esperó los resultados en un popular hotel de la ciudad.

Dejar que la decisión de una candidatura presidencial en un partido la haga el directorio, es decirle al resto de sus miembros que su voto no cuenta, que en la estructura del partido no son nada y que son utilizados como seres ignorantes, sin poder de decisión. Si esta fuera la práctica más adecuada, equivale a decir que no es necesario efectuar elecciones presidenciales, porque solamente se requeriría del consenso de los directorios de los partidos y estos serían los que tomarían las decisiones. Pero no es así, el voto ciudadano es el que decide y estoy seguro de que acciones de este tipo tendrán su castigo en el voto, el voto secreto que se hace a conciencia y en donde ningún directorio de partido alguno podrá ejercer presión.

El autor es abogado

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