Los partidos, ¿de las cúpulas?
Dejar que la decisión de
una candidatura presidencial en un partido la haga el directorio,
es decirle al resto de sus miembros que su voto no cuenta
Martín Araúz G.
Resulta interesante ver cómo personas vinculadas
al Partido Arnulfista defienden el actuar de la cúpula (o rosca,
para el común panameño) en lo referente a las recién aprobadas reformas
electorales.
No nos llamemos a engaño: estas reformas
tienen nombre y apellido. Su objetivo principal es evitar que las
bases escojan como candidato al ingeniero Alberto Vallarino. Claro
que a mí, así como a muchos panameños, nos disgustó que en las pasadas
elecciones el candidato Vallarino se cambiase de tolda una vez perdió
las elecciones primarias en el Partido Arnulfista; y tal vez fue
esto lo que le restó votos, a pesar de que al hacer un análisis
imparcial, resultaba el candidato más apropiado para ocupar la silla
presidencial. También es cierto que fue exitosa la estrategia de
la actual mandataria, de recorrer todo el territorio nacional y
mantener contacto con el ciudadano común y sus necesidades; ello,
y no sus cualidades de estadista, le valió el cargo que hoy ejerce.
Pero esto ya es historia y nos acercamos a otra
contienda electoral, en donde el Partido Arnulfista, o mejor dicho
la cúpula de este partido, está preparando las bases para una derrota
clara y contundente. Y es que las actuales reformas, por ser de
corte personalista, lo llevan a ello, porque no consideran en absoluto
el poder del voto arnulfista, del hombre común, de ese que se atrevió
a escoger a la actual mandataria a pesar de todas las objeciones,
críticas y hasta vejámenes de que fue objeto en la pasada campaña.
Los defensores de este error político de la cúpula
arnulfista se basan en que la lealtad es el principal valor de la
escala axiológica del partido. Nada más falso. Solamente preguntémonos
con quiénes se ha tenido que aliar para poder manejar la Asamblea
Legislativa y nos daremos cuenta de que no es así. ¿Acaso el Partido
Demócrata Cristiano, hoy Popular no fue expulsado del pasado gobierno
arnulfista que encabezó Guillermo Endara? Y con ellos se efectuó
el fallido pacto de La Pintada. ¿O el Partido Revolucionario Democrático
no ha sido históricamente su rival más acérrimo? Pues con sectores
de este partido se logró recobrar el control de dicha Asamblea.
¿Es esto tener en realidad como valor relevante la lealtad? No lo
creo.
En la actualidad no hay un solo precandidato a lo
interno del Partido Arnulfista que haya hecho el trabajo de visitar
las bases y recorrer el país tal y como lo hizo la actual mandataria;
por ello, ninguno goza de la simpatía y respaldo popular. Eso es
una gran realidad, como también lo es la gran simpatía que el banquero
Alberto Vallarino tiene en las bases del Partido Arnulfista, porque
de no ser así, estoy seguro de que lo hubiesen recibido con los
brazos abiertos y con la seguridad del triunfador, tal y como lo
hizo la señora presidenta en las pasadas elecciones primarias cuando
pacientemente esperó los resultados en un popular hotel de la ciudad.
Dejar que la decisión de una candidatura presidencial
en un partido la haga el directorio, es decirle al resto de sus
miembros que su voto no cuenta, que en la estructura del partido
no son nada y que son utilizados como seres ignorantes, sin poder
de decisión. Si esta fuera la práctica más adecuada, equivale a
decir que no es necesario efectuar elecciones presidenciales, porque
solamente se requeriría del consenso de los directorios de los partidos
y estos serían los que tomarían las decisiones. Pero no es así,
el voto ciudadano es el que decide y estoy seguro de que acciones
de este tipo tendrán su castigo en el voto, el voto secreto que
se hace a conciencia y en donde ningún directorio de partido alguno
podrá ejercer presión.
El autor es abogado
Además en opinión
• Banderas: Adolfo
Ahumada •
Los partidos, ¿de las cúpulas?: Martín Araúz G.
• Recordando al ‘Presidente
de la Dignidad’: Ventura Vega O. •
Vivan los mártires del 9 de enero: Adela
Panezo
|