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Clonación: 1978, la formidable mentira de Rorvik

Las motivaciones de David Rorvik jamás quedaron en claro. Curiosamente, tampoco quiso admitir su impostura

Francis Temman

WASHINGTON. -La controversia actual alrededor del supuesto nacimiento de bebés clonados, reivindicado por la secta de los raelianos, recuerda un famoso precedente: la formidable mentira orquestada en 1978 por el periodista estadounidense David Rorvik.

Aquel año, un libro narrado en forma de crónica apareció en Estados Unidos: A su imagen: la clonación de un hombre. Su autor era David Rorvik, un periodista científico independiente, apasionado por la genética y los fenómenos paranormales.

El libro contaba cómo un día de 1973, Rorvik recibió una llamada de un millonario de California. Este le dijo que quería tener un “heredero” y que estaba dispuesto a pagar una fortuna por un clon de sí mismo. El hombre se hizo llamar “Max” y le pidió a Rorvik encontrarle un científico capaz de cumplir sus deseos.

Rorvik contó cómo un equipo de científicos fue llevado a un laboratorio clandestino en una isla secreta, en el Pacífico.

Tres años de experimentos después, los científicos lograron –según él– producir un embrión humano viable que tenía el ADN de “Max”, implantado en el útero de una madre portadora de nombre clave “Sparrow” (Gorrión), una nativa de la isla. Fue así que, según el periodista, en 1976 nació el primer clon humano.

El 3 de marzo de 1978, el diario New York Post le dedicó su portada a esta historia y le consagró sus mejores páginas. En los días siguientes, todo el mundo hablaba de Rorvik, “Max” y su clon.

Por supuesto que el libro era el primero en ventas en las librerías.

En el mundo político surgieron reacciones de indignación. El Congreso estadounidense designó una comisión de investigación para aclarar el asunto.

El anuncio fue tomado con mucho escepticismo por la comunidad científica. La prestigiosa revista Science, en su edición del 24 de marzo de 1978, publicó la reacción de los investigadores que restaban credibilidad a la afirmación de Rorvik.

La técnica de clonación descrita en el libro se basaba vagamente en experiencias exitosas realizadas en los años 1960 en batracios. Pero los investigadores dudaron de que esta técnica fuera aplicable a mamíferos.

Las cosas comenzaron a pintar mal para Rorvik. Un biólogo británico, Derek Broomhall, cuyos trabajos eran citados en el texto, demandó por difamación al periodista y a la casa editorial, Lippincott.

Tres años antes de la aparición del best seller de Rorvik, ese científico de la universidad de Oxford había publicado en la revista Nature un artículo en el que detallaba cómo había logrado fusionar el núcleo de una célula de conejo con el ovocito de una coneja. Sus estudios eran presentados en aquella época como un importante avance hacia la clonación animal.

Al conocer el caso, el juez John Fullam del tribunal de Filadelfia pidió a Rorvik producir el clon humano. Ante la ausencia de pruebas, declaró en 1981 que el libro “era mentira y una broma”.

Al año siguiente, la casa de edición pagó daños a Broomhall. La mitad de la suma, de un monto no precisado, provino de los ingresos tomados de los derechos de autor de Rorvik, que se arruinó pagando abogados.

Las motivaciones de David Rorvik jamás quedaron en claro. Curiosamente, tampoco quiso admitir su impostura. En una entrevista dada a la revista Omni en 1997, continuaba insistiendo en que su historia era verdadera.

¿Habrán logrado los raelianos lo que soñó Rorvik?

AFP


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