Panamá, 6 de enero de 2003
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Cartas y Comentarios

Herasto Reyes
hreyes@prensa.com

Al inicio del centenario
2 de enero del 2003

Comienza el año en que se conmemora el Centenario de la República de Panamá y no quiero dejar de compartir con los lectores de La Prensa , mis sentimientos al respecto, los cuales son conocidos por los que han sido mis alumnos en este país. En esta ocasión voy a auxiliarme de cierta narración que me hicieron.

Cuentan que dos amigos iban caminando por el desierto. En algún punto del viaje comenzaron a discutir y uno le dio una bofetada al otro, el cual, lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena : “Mi mejor amigo me dio una bofetada”.

Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis, donde decidieron bañarse. El amigo que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó. Después de recuperarse, escribió en una piedra: “Mi mejor amigo me salvó la vida”.

El que había abofeteado y salvado a su mejor amigo expresó: “Cuando te lastimé escribiste en la arena y ahora lo haces en una piedra. ¿Por qué?” El otro le respondió: “Cuando alguien nos lastima debemos escribirlo en la arena donde los vientos del perdón pueden borrarlo. Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros, debemos grabarlo en piedra donde ningún viento pueda borrarlo”.

Durante el siglo de existencia de Panamá como república, esta tierra ha acogido a decenas de miles de personas de diferentes nacionalidades, sin que nunca se haya dado la menor señal de xenofobia por parte de algún oriundo del istmo. Asiáticos, colombianos, peruanos, dominicanos, cubanos (algún día se conocerá la cifra exacta de mis compatriotas que utilizaron y utilizan a Panamá como trampolín para poder reunirse con sus familiares en los Estados Unidos), pueden dar fe de la hospitalidad del pueblo panameño. Durante varios siglos esta tierra ha sido rebelde, heroica y hospitalaria.

El 10 de enero voy a cumplir 17 meses de vivir en este hermoso país; puedo aseverar que jamás me he sentido como un extranjero, ya que en todas partes he sido recibido de la mejor forma posible.

En las últimas semanas he observado que en la sección Defensor del lector se han producido algunos comentarios en relación con los extranjeros, específicamente se ha hecho mención a los colombianos radicados en Panamá, y se han emitido criterios poco edificantes. Mi ánimo no es el de discutir sobre ello, solo quiero que analicemos la moraleja que está en la narración con la que inicié este comentario y saquemos las conclusiones correspondientes.

En lo que a mí respecta, ya esculpí en un pedazo de mármol lo siguiente: “Panamá me ha permitido ser un hombre que goza de plena libertad. ¡Gracias, Panamá!”.

Manuel Castro Rodríguez


Aclaración del MIDA sobre las noticias de una fiesta
27 de diciembre del 2002

A raíz de las publicaciones aparecidas los días 22 y 25 de diciembre del presente año en la primera y tercera plana, respectivamente, del diario La Prensa, relacionados con un incidente ocurrido con el director Ejecutivo de Cuarentena Agropecuaria del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), Pablo Constantino Moreno, durante la celebración de la fiesta de Navidad de los funcionarios del MIDA, en honor a la verdad y por el respeto que se merece la ciudadanía, tengo a bien manifestarle que los hechos no ocurrieron en la forma como fueron publicados en dicho diario.

En el agasajo navideño, Francisco Gutiérrez, luego de recibir uno de los premios sorteados entre los funcionarios y no conforme con la ofensa hecha a todo el personal y a las altas autoridades que se encontraban en el evento al dedicar su premio a la corrupción y la injusticia en el MIDA, se dirigió al sitio donde me encontraba departiendo con algunos compañeros y procedió a insultarme y empujarme con el hombro, lo que me obligó a defenderme respondiéndole con un puñetazo, reacción natural de cualquiera persona en defensa de su honor.

Antes de que se iniciara la entrega de los premios, Gutiérrez expresó a unos compañeros que estaban en su mesa y al lado de ella, que si él se ganaba un premio, iba a decir lo que se publicó en la primera plana de la edición del 22 de diciembre de 2002. Todo lo que aquí les indico puede ser corroborado por el personal del local en donde se realizó la fiesta y el resto de los funcionarios del MIDA que presenciaron el acto insultante de este señor.

En cuanto al pie de foto que aparece en la plana tres de la edición del día 25 del presente mes, que dice “Fuentes del MIDA informaron de que Moreno no asistió a laborar ayer” es falso, ya que el día 24 de diciembre del 2002 yo me encontraba en el interior de la República trabajando y realizando funciones inherentes a mi cargo; situación contraria a este funcionario que constantemente se encuentra fuera de su área de trabajo sin justificación ni permiso alguno.

El ministerio es una institución estatal integrada por personas, funcionarios públicos, a quienes este señor injurió e insultó. Gutiérrez es una persona que no tiene moral ni credibilidad para afirmar hechos inexistentes, cuando en realidad su trayectoria en base a hechos reales y concretos reflejan de qué lado está la corrupción.

El acto protagonizado por Gutiérrez es injurioso, bochornoso, reprochable y a todas luces censurable, ya que el motivo de la fiesta navideña era tener un momento de esparcimiento, regocijo y amistad entre todos los funcionarios del MIDA, y no para que una persona arrojara improperios contra todos los funcionarios, porque, según él, somos corruptos e injustos, tal como consta en el párrafo tercero de la publicación en primera plana de La Prensa.

Para terminar con este incidente, que ha sido una pérdida de tiempo para todos, es oportuno cerrar con un adagio que dice, por sus hechos los conoceréis, y con los documentos, declaraciones y video que les suministramos, el público conocerá quién en realidad es Francisco Gutiérrez.

Pablo Constantino Moreno (Director ejecutivo de Cuarentena agropecuaria del MIDA).


El Chocho refuta uso inadecuado de una foto
31 de diciembre del 2002

He leído con suma preocupación el artículo titulado “CLICAC multará a comerciantes abusivos”, que se publicó el 29 de diciembre en la página 6A del periódico La Prensa, en el cual se menciona una serie de incumplimientos por diferentes comercios de la localidad de las leyes que protegen al consumidor. Para acompañar dicho artículo se publicó una foto del almacén El Chocho, donde aparece claramente identificado nuestro almacén.

Nuestra empresa fue fundada hace 35 años. Durante todos estos años hemos tenido una excelente relación con nuestros clientes y no hemos tenido ni en el pasado, ni en el presente ninguna sanción ni caso pendiente con la CLICAC.

Nos parece inaceptable que un rotativo tan serio como La Prensa no se haya percatado del daño que le puede hacer a nuestra imagen al haber usado la foto de nuestro establecimiento con una noticia que no tiene ninguna relación con el almacén El Chocho.

Estamos seguros de que se trata de un error incoluntario. Sin embargo, agradezco que se aclare esta situación públicamente.

Jack Eskenazi (Vicepresidente de Almacén El Chocho, S.A.).


Cuando la demagogia toma poder
29 de diciembre del 2002

Resulta que ahora ya es cosa común para los llamados dirigentes o dizque defensores de las causas en “favor” del pueblo panameño (del pobre, del asalariado) tomarlas como banderita con la única finalidad de correr para legislador. Uno los escucha en programas radiales y televisivos convertidos en unos paladines furibundos de las causas perdidas de nuestro pueblo. Sin embargo, ya vemos cómo sus motivos van más allá. Lo que impacta es que cuando llegan al hemiciclo, el silencio se hace notorio, y, “pueblo panameño, yo no te conozco”, “yo no recuerdo promesas”, etc, etc.

Para muestra, escuchemos a nuestra Asamblea Legislativa en sus sesiones y participación (en la proposición o confección de leyes), muy pocas o casi ningunas. Pero no se crean, muchos de nosotros ya sabemos de esas actitudes.

Brenda I.Cuevas C.


Comentarios sobre nota de Vallarino Arias
3 de enero del 2003

Después de leer atentamente la sección “Defensor del lector” en la edición correspondiente al jueves, 2 de enero, no puedo menos que hacer algunos comentarios acerca de la nota que envió Octavio Vallarino Arias.

Después de repasarla varias veces, concluyo que sus comentarios no son para nada antipáticos. Antes, son extremadamente pueriles y expuestos con una inocencia que raya en lo obsceno. No puedo menos que contestar sus argumentos, que son los mismos de aquellos que machacan la cantaleta de que todos nuestros males económicos obedecen a la ida de las tropas norteamericanas y que, por ende, se solucionarán mágicamente si ellos regresan.

Concuerdo con la opinión de Vallarino de que el incendio de El Chorrillo se dio por la resistencia de la guarnición en la comandancia de Avenida B. Pero este enfrentamiento, así como el saqueo y todas las muertes innecesarias pudieron evitarse si, como él bien dice, hubiese sucedido como en Haití. En aquel país, la fuerza americana se desplegó amenazante, como un gigantesco apoyo para que los negociadores americanos presionaran al dictador Cedras.

En Panamá, no hubo ni negociadores, ni despliegue. Las bombas simplemente comenzaron a llover en medio de la noche. Los norteamericanos podrán ser, como anota Vallarino, los policías del mundo, pero son muy selectivos a la hora de aplicar orden y justicia. Si no, que declaren chilenos y guatemaltecos, quienes vieron sus procesos internos de progreso y justicia social interrumpidos por facciones reaccionarias apoyadas desde el norte. Mejor aún, que declaren los panameños que, en 1968, vieron el proceso democrático interrumpido, con la pasividad de nuestros vecinos canaleros.

El señor Vallarino podrá enorgullecerse de ser proamericano, mientras le endilga a Herasto Reyes el mote de antinorteamericano. Yo no soy ni lo uno ni lo otro: soy propanameño. Entiendo que el periodo de presencia militar norteamericana, con sus pros y sus contras, pasó a la historia. Nosotros tenemos el reto de darle el mejor uso posible al Canal y las propiedades que le rodean. En añadidura, veo muy lejano e improbable el día en que las tropas estadounidenses regresen en número suficiente para resucitar esa bonanza que Vallarino añora, toda vez que para nadie es un secreto que Estados Unidos está recortando fuerzas en todo el mundo.

Es cierto que veleidades políticas y la situación económica mundial retardan este proceso de asimilación económica, pero estoy seguro de que cada metro cuadrado de la antigua Zona del Canal que se ha transferido exitosamente a uso privado, rinde mayores beneficios ahora, que los que rendía entonces. También estoy seguro de que, con la dirección y las políticas adecuadas, Panamá al fin consolidará su posición como emporio regional e indiscutible del comercio continental. Ese es mi sueño, mi meta y creo que también es el de muchos panameños.

No sé hasta qué punto las encuestas reflejen el sentir de nuestra sociedad. No me cabe en la cabeza que, luego de coronar con éxito el esfuerzo de muchos panameños para tener un país viable y coherente, hay quien nos quieran retrotraer a las épocas del colonialismo disimulado. Si Vallarino y quienes piensan como él no entienden ni se identifican con el proceso de crecimiento de nuestro país, creo que los Estados Unidos son muy grandes para que puedan intentar allá su versión del sueño americano.

Por el momento, yo me conformo con acariciar aquí mi sueño panameño, un sueño que no sea interrumpido con pesadillas como un nuevo 9 de enero de 1964 ó una nueva invasión. Reyes no tiene por qué ser objetivo en este caso. Será periodista, pero antes es panameño y puede utilizar todo el calibre que su opinión tenga para orientar y disipar los medios atávicos que nuestra independencia total puede generar.

Juan Abelardo Carles Rosas




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