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Nutricion
El equilibrio oriental
La alimentación macrobiótica
separa los alimentos en categorías “yin o yang”, según sus composiciones
Karla Jimenez Comrie kjimenez@prensa.com
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Mientras algunos dietistas aseguran
que este sistema alimenticio podría resultar favorable, otras
investigaciones revelan que podría causar problemas leves
de desnutrición y pérdida de masa muscular.
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Para los seguidores de los regímenes macrobióticos,
la industria de comida artificial y la alimentación basada en grasas
saturadas, tan propias de la vida moderna, son objeto de repudio.
El abandono de algunos productos ricos en valores
nutricionales, como las legumbres y los cereales integrales, es
una de las preocupaciones más grandes de estos grupos.
“Es muy probable que si comer fuera un acto libre
de emociones y otras influencias sociales, la alimentación sería
muy balanceada”, asegura Octavio Sousa.
Para el médico nutricionista, son las leyes fisiológicas
el factor que verdaderamente influye sobre nuestro organismo.
Mientras algunos estudios aseguran que el régimen
macrobiótico podría resultar provechoso, otras investigaciones revelan
que podría causar problemas leves de desnutrición y pérdida de masa
muscular.
¿En qué consiste?
La alimentación macrobiótica separa los alimentos
en yin o yang, según sus composiciones.
Los productos yin son, por lo general, fríos y debilitantes.
En este grupo se encuentran alimentos como la miel, el azúcar, los
lácteos, las frutas y las verduras, por mencionar algunas.
Los alimentos yang, por otro lado, son de energía
caliente y tonificante. Este grupo está constituido básicamente
por cereales, legumbres, pescado, carnes, sal y las verduras de
raíz.
Igualmente, elimina todos los alimentos refinados,
como el pan blanco, el azúcar blanca, los dulces, refrescos y bebidas
alcohólicas.
Para Sousa, a pesar del gran aporte de fibra que
ofrece esta dieta, la macrobiótica forma parte de un fenómeno cultural
que no necesariamente garantiza el éxito en la persona que la consuma.
“Es muy difícil lograr el balance que tanto promueve
este estilo de alimentación, ya que no todos somos iguales”, explica
el nutricionista.
Diversos factores, como nuestra carga genética,
características individuales e incluso el propio medio ambiente,
son elementos que definen en gran medida nuestra asimilación y costumbres
alimenticias.
En la macrobiótica se toma mucho en consideración
la estación climática de la región donde se habita. En Japón, por
ejemplo, aún se acostumbra a comer ciertos alimentos según la estación.
De esta forma, en el invierno frío de Oriente es cuando más se ingiere
proteínas y alimentos yang, mientras que en el verano es permitido
el consumo de frutas, legumbres y otras especies consideradas yin.
Actualmente, hay al menos unas 10 variaciones del
menú original, lo que ocasiona cierta confusión a la hora de aplicarla.
Para Sousa, las dietas de moda, como la Scarsdale,
Atkins o incluso la macrobiótica, por lo general tienden a eliminar
ciertos productos que a la larga podrían ser vitales para el organismo.
Obviamente, estamos hablando de un sistema de alimentación
riguroso que no cumple con los patrones de una alimentación saludables,
ya que basa un 50% ó 60% de su consumo en cereales integrales. Quizás
por ello, se le ha restringido su consumo a mujeres embarazadas,
ancianos, niños y personas enfermas o débiles.
“¿Funciona?, quizás sí, pero podría tener grandes
efectos secundarios por pérdida de musculatura y, a la larga, no
contribuiría con su cometido”, advirtió el galeno.
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