Holística alimenticia
Karla Jimenez Comrie kjimenez@prensa.com
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Un evidente estado de estrés es
una de las razones por las que se descontrola nuestra conducta,
que a su vez está muy ligada a nuestros hábitos de alimentación.
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Reza el dicho que somos lo que comemos. Que cada
porción de alimento que ingerimos se proyecta tanto de forma interna
como externa en el organismo.
Si para los antiguos griegos la estética estaba
íntimamente ligada al alma, no es de extrañarse entonces que para
mantener estos cánones vivos se valieran de todo un sistema alimenticio
que les garantizaba la preservación de la belleza y la juventud.
Siglos atrás, los orientales comprendieron la importancia
de esta mancuerna, que, según sus creencias, forma parte de todo
un proceso filosófico y espiritual destinado a proporcionarnos una
mejor calidad de vida.
Estos métodos, hoy denominados como macrobióticos
(del griego macro, que significa grande y bio, que quiere decir
vida), se integran en nuestros regímenes con la finalidad de proporcionarnos
una mejor calidad de vida y balance místico.
“El mundo está pasando por una serie de transformaciones
que a la larga producen cambios en la actitud del hombre”, opina
el especialista en nutrición y acondicionamiento físico, doctor
Octavio Sousa.
“Si tomamos en cuenta los cambios sociales, económicos
y políticos por los que estamos pasando, podríamos afirmar que el
hombre de hoy es una persona mucha más tensa”, explica. “Esto quizás
nos obliga a buscar métodos que nos ayuden a canalizar todos estos
sucesos”, agrega.
El problema surge entonces cuando apartamos nuestra
lógica para buscar opciones mucho más complejas.
Explica Sousa que nuestro evidente estado de estrés
es una de las causas que descontrolan nuestra conducta. “Y, créalo
o no, esta última se encuentra muy ligada a nuestros hábitos de
alimentación”, dice.
Tras el boom de los años 60, en el que diversas
corrientes espirituales se pusieron en boga, muchos de estos dogmas
sobrevivieron hasta nuestros días.
Es así como nuestro estilo de vida ha evolucionado
para convertirse en un seguidor de ideas y costumbres más naturales,
mientras la ciencia busca apoyarse en los conocimientos de la llamada
“medicina alternativa”.
El yin y el yang se unen
La propuesta alimenticia del régimen macrobiótico
se recuesta en gran parte en el pensamiento yin y yang de Oriente.
Mientras sus seguidores la relacionan como todo
un sistema de vida que se integra con la naturaleza, para otros
quizás represente la panacea para adquirir la figura deseada.
La macrobiótica nació en Japón por iniciativa de
George Oshawa, quien por mucho tiempo estudió los hábitos alimenticios
de antaño. Fue así como introdujo en Occidente todo un sistema basado
en las energías equilibrantes de las llamadas fuerzas polarizadoras
yin y yang.
De la misma forma que dicta este concepto del confucionismo,
cada alimento está dotado de una fortaleza específica que si es
preparado e ingerido de forma correcta podría proporcionarnos una
adecuada salud física y mental.
Oshawa solía definirla como “higiene alimentaria”,
ya que creía que el alimento correcto para cada tipo de persona
podría convertirse en medicamento y potenciador del cuerpo. Fielmente,
pensaba que el secreto de la longevidad estaba relacionado con el
equilibrio entre el organismo y la mente, y cuestionaba enormemente
el estilo de vida de las sociedades industrializadas.
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