Panamá, 2 de enero de 2003
 
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La clonación, un debate pendiente

La propuesta panameña cierra la puerta a las posibilidades que presentan los avances científicos

LINA VEGA ABAD
lvega@prensa.com

Ana Victoria Sánchez Urrutia

El debate sobre la clonación llegó a Panamá y, específicamente, a la Asamblea Legislativa.

Durante la pasada legislatura, José Luis Fábrega presentó a la Comisión de Derechos Humanos un anteproyecto que pretende prohibir terminantemente “realizar experimentos de clonación en seres humanos”. Y aunque los legisladores aún no han iniciado la discusión, el pasado 23 de diciembre la secretaría técnica de la Asamblea organizó una conferencia sobre el tema con la participación de la constitucionalista panameña radicada en España, Ana Victoria Sánchez Urrutia.

Sánchez, quién además pertenece al Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona –un centro de discusión que analiza desde un punto de vista pluridisciplinar las implicaciones éticas, sociales y jurídicas de las biotecnologías– tiene una primera recomendación: “no legislar desde el miedo”.

Para la profesora Sánchez, la propuesta panameña es muy similar a las leyes que hay en muchos países donde, motivados por el pánico y desde el vacío, se decide cerrar completamente la puerta a las posibilidades que presentan los avances científicos.

Por ello la recomendación es que la legislación que finalmente regule el tema en Panamá sea producto del análisis y la discusión propias de una sociedad democrática.

En otras palabras, debe propiciarse una amplia participación de todos los sectores y desde el respeto a los derechos constitucionales.

Las consideraciones éticas que afloran como consecuencia de la clonación, guardan relación con el debate sobre el momento en que se inicia la vida y la existencia de la dignidad humana.

Aquí, por supuesto, se entra en arenas movedizas: hay quienes consideran que la dignidad humana solo existe cuando se produce la autonomía de la voluntad; mientras que otros, más cercanos a posiciones religiosas, consideran que la dignidad humana está siempre presente y se debe proteger en todo tipo de circunstancias.

Los que piensan que la vida se inicia desde el momento de la gestación, se oponen radicalmente a la utilización de embriones para la investigación; tesis que parece sustentar el proyecto del legislador Fábrega.

El complicado debate no solo guarda relación con el novedoso y desconocido tema de la clonación, sino también con otros delicados asuntos, como el aborto, el control de la natalidad o la eutanasia.

Para la profesora Sánchez es imperativo distinguir entre la clonación reproductiva y la terapéutica. “Existe un relativo consenso mundial en rechazar la clonación reproductiva donde se produce el fenómeno de la instrumentalización de la vida”, explicó a La Prensa la profesora Sánchez.

La clonación terapéutica, por el contrario, presenta un mundo de posibilidades para encontrar tratamientos a enfermedades hasta ahora incurables.

Se trata de un proceso por medio del cual se desarrollan tejidos que permitan reparar daños en determinados órganos del ser humano. Y aunque aún no existe seguridad sobre el éxito de esta técnica, hay muchas esperanzas en la comunidad científica.

Sin embargo, esto no parece haber sido tomado en cuenta por el legislador Fábrega al presentar un proyecto completamente restrictivo.

El asunto saltó a la palestra del debate mundial cuando el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, decidió cortar la financiación pública para realizar investigaciones en el ámbito de la clonación terapéutica.

Para la profesora Sánchez, la decisión de Bush es un ejemplo de doble moral, pues mientras se corta el dinero público para beneficiar a toda la sociedad, no hay restricciones para las investigaciones de los laboratorios privados.

El debate está muy vivo en Europa. En Inglaterra, Francia o Alemania, por ejemplo, la investigación en materia de clonación terapéutica es realizada con diferentes matices sobre el origen de los embriones.

El debate, pues, debe ampliarse en Panamá, donde hay una Comisión Nacional de Bioética y un centro de investigación en la Facultad de Medicina.

Sánchez es optimista en cuanto a la posibilidad de dejar atrás viejos atavismos, “ya se están empezando a hacer cosas, y lo importante es que los ciudadanos no sean meros espectadores del debate, sino que participen en él”, recalcó.


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