El chiste: un arte menor
La vida cotidiana debe
vivirse con seriedad y responsabilidad, pero son de rigor los momentos
de sano esparcimiento, sean o no chistosos
Jacobo Sasso Maduro
En un mundo sacudido por economías vacilantes,
plagado por el desempleo, a merced de políticos ineficaces y en
su mayoría obsesionados en hacer valer sus intereses personales
a toda costa, hacen falta ingredientes que sean capaces de inducir
el olvido pasajero de este panorama desolador.
Uno de los ingredientes es el chiste ingenioso,
que pudiera servir para descargar la atmósfera sofocante, y así
hacer posible la vuelta a una normalidad relativa.
Para los que sufren en carne propia los embates
de tantos males, los chistes no lograrían tal resultado. Pero para
los que les ha tocado en alguna medida mejor suerte, pudiera ser
uno de los medios para levantar el ánimo y así pueda retornar el
optimismo.
El que escribe es partidario de los chistes, que
son bastante más confiables que la clase política, y en alguna ocasión
en sus cavilaciones se le ha ocurrido la posibilidad de que los
dirigentes del premio Nobel pudieran llegar a catalogarlo como modalidad
literaria para los efectos correspondientes. En verdad tal posibilidad
resultaría más bien chistosa.
La risa es un fenómeno que se presenta únicamente
en el ser humano, y de acuerdo con la ciencia médica es muy beneficiosa
porque estimula los procesos corporales, y a la vez induce la reducción
de las tensiones.
El chiste tiene el propósito único de provocar la
risa, y sabemos por experiencia que su estallido predispone el ánimo
para que se siga produciendo en cadena, y la risa va acompañada
por un sentido de alegría y bienestar.
El enfermo que sonríe da señales de mejoría. El
bebé que ríe de seguro goza de buena salud, y la persona adulta
que sonríe y ríe con frecuencia de seguro se mantendrá saludable.
Los chistes surgen de manera espontánea, y se prestan
para la inventiva de los que poseen ese don de saber reír y hacer
reír.
La vida cotidiana debe vivirse con seriedad y responsabilidad,
pero son de rigor los momentos de sano esparcimiento, sean o no
chistosos. En realidad, la agudeza de los buenos chistes se asemeja
a ciertos ingredientes que, al agregarse a los alimentos que ingerimos,
los ponen a punto para deleite del paladar de los mortales.
El autor es comerciante retirado
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