Panamá, 2 de enero de 2003
 
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El chiste: un arte menor

La vida cotidiana debe vivirse con seriedad y responsabilidad, pero son de rigor los momentos de sano esparcimiento, sean o no chistosos

Jacobo Sasso Maduro

En un mundo sacudido por economías vacilantes, plagado por el desempleo, a merced de políticos ineficaces y en su mayoría obsesionados en hacer valer sus intereses personales a toda costa, hacen falta ingredientes que sean capaces de inducir el olvido pasajero de este panorama desolador.

Uno de los ingredientes es el chiste ingenioso, que pudiera servir para descargar la atmósfera sofocante, y así hacer posible la vuelta a una normalidad relativa.

Para los que sufren en carne propia los embates de tantos males, los chistes no lograrían tal resultado. Pero para los que les ha tocado en alguna medida mejor suerte, pudiera ser uno de los medios para levantar el ánimo y así pueda retornar el optimismo.

El que escribe es partidario de los chistes, que son bastante más confiables que la clase política, y en alguna ocasión en sus cavilaciones se le ha ocurrido la posibilidad de que los dirigentes del premio Nobel pudieran llegar a catalogarlo como modalidad literaria para los efectos correspondientes. En verdad tal posibilidad resultaría más bien chistosa.

La risa es un fenómeno que se presenta únicamente en el ser humano, y de acuerdo con la ciencia médica es muy beneficiosa porque estimula los procesos corporales, y a la vez induce la reducción de las tensiones.

El chiste tiene el propósito único de provocar la risa, y sabemos por experiencia que su estallido predispone el ánimo para que se siga produciendo en cadena, y la risa va acompañada por un sentido de alegría y bienestar.

El enfermo que sonríe da señales de mejoría. El bebé que ríe de seguro goza de buena salud, y la persona adulta que sonríe y ríe con frecuencia de seguro se mantendrá saludable.

Los chistes surgen de manera espontánea, y se prestan para la inventiva de los que poseen ese don de saber reír y hacer reír.

La vida cotidiana debe vivirse con seriedad y responsabilidad, pero son de rigor los momentos de sano esparcimiento, sean o no chistosos. En realidad, la agudeza de los buenos chistes se asemeja a ciertos ingredientes que, al agregarse a los alimentos que ingerimos, los ponen a punto para deleite del paladar de los mortales.

El autor es comerciante retirado


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