Panamá, 2 de enero de 2003
 
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Canciller colombiana afirma que “la droga cambió el conflicto. Es como echarle gasolina al fuego”

“Mientras haya consumo de droga, habrá producción en Colombia o en otra parte”.

Guillermo Tovar
ESPECIAL PARA LA PRENSA
mundo@prensa.com

Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Carolina Barco Isakson.

BOGOTA, Colombia. -El Gobierno colombiano está dispuesto a dialogar tanto con los grupos guerrilleros Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC ) y Ejército de Liberación Nacional (ELN), así como con los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), pero el punto de partida debe ser un cese de hostilidades, declaró la ministra de Relaciones Exteriores, Carolina Barco Isakson.

Para ello, el presidente Alvaro Uribe, liberal disidente que tomó posesión el pasado 7 de agosto, emprendió la política de "seguridad democrática", que busca fortalecer la presencia del Estado y recuperar el control, sin dejar de lado la posibilidad del diálogo con los rebeldes, una de las partes involucradas en un conflicto de más de 40 años, que amenaza con desbordarse hacia los países fronterizos, tras los fallidos acercamientos que el anterior jefe del Estado, Andrés Pastrana (conservador), promovió con las FARC y el ELN. No obstante, hasta ahora los contactos con estos dos movimientos alzados en armas no han avanzado.

Para la ministra, "es claro que la situación colombiana se ha visto afectada por problemas internacionales como las drogas, el terrorismo y las mismas condiciones económicas mundiales", pero pese a esa "realidad tan compleja" tiene "un compromiso muy fuerte" con la democracia.

Carolina Barco advirtió de que "el conflicto en Colombia, desde que entró la droga, ha cambiado totalmente y tenemos un conflicto que ha crecido de forma exponencial por esa financiación de la droga. Entramos a ver que la droga, el terrorismo y la guerrilla empiezan a actuar indistintamente. Es como echarle gasolina al fuego", dijo y por ello el país insiste en que "mientras haya consumo va a haber producción de droga en Colombia o en otra parte".

La canciller colombiana es la mayor de los cuatro hijos del fallecido ex presidente liberal Virgilio Barco (1986-90) y de Carolina Isakson. Nació en Boston (Estados Unidos), se crió en Bogotá y de su matrimonio con el financiero Mauricio Botero Caicedo tiene tres hijas, Alejandra, Adriana y Cristina, de 24, 21 y 14 años.

Estudió sociología, planificación urbana y administración en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el Instituto de Empresa de Madrid, en la Universidad de Harvard y en la Universidad Libre de Bruselas.

Ministra de Relaciones Exteriores de Colombia, Carolina Barco Isakson.

Llegó al Palacio de San Carlos (sede de la Cancillería) después de dirigir el Departamento de Planeación de Bogotá durante la exitosa gestión del alcalde Enrique Peñalosa, que le cambió la cara a la capital. Antes había dirigido el Plan Centro, que hace tres lustros empezó a rescatar la zona céntrica de la ciudad.

Desde hace casi cinco meses desarrolla una estrategia de modernización de la Cancillería, en la que está empeñada en imponer un esquema empresarial, que incluye una drástica reducción de gastos diplomáticos y el cierre de decenas de embajadas y consulados.

-–¿Qué tanto está dispuesto el gobierno de Uribe a sacrificar para reanudar el diálogo con las FARC y el ELN?

–Hay dos puntos de partida. Un primer punto es recobrar la presencia del Estado en todo el país. Y ese es el esfuerzo del presidente, la seguridad democrática, que es fortalecer la presencia de las Fuerzas Armadas.

Hemos llevado a cabo una serie de reformas que nos dan mayores recursos para que haya más presencia. Pero es que en Colombia en este momento creo que un tercio de los municipios ni siquiera tiene presencia de la policía. Entonces necesitamos que el país vaya recuperándose con presencia tanto de la policía como del Estado con mayor inversión en educación, en salud, etc.,

Este es el primer mensaje. Que el Estado se va a fortalecer para que todos podamos vivir la tranquilidad y la democracia que nos merecemos y que debe ser la condición natural del país.

Eso no quiere decir que el Gobierno no esté dispuesto a dialogar con los grupos ELN, FARC y paramilitares. Pero hay un punto de partida para poderlo hacer y es el cese de hostilidades. Solo en la medida en que estos grupos dejen de atacar a la población civil, dejen las hostilidades, es posible pensar en estudiar, en iniciar un proceso de paz en firme.

Por eso el Gobierno ha dicho que está abierto al diálogo, pero sobre esa base. Y también ha buscado que sean muy claros los canales y por eso se ha buscado el apoyo de las Naciones Unidas con sus buenos oficios para que nos acompañen en la exploración de la posibilidad de un acercamiento con las FARC.

Sobre las conversaciones con el ELN que se estaban celebrando en Cuba, el presidente está dispuesto a seguir explorando esa posibilidad de negociación con ellos y la iglesia católica está apoyando el proceso de exploración de unas condiciones adecuadas para un proceso de paz con los paramilitares.

El mensaje es que el Gobierno va a aumentar su presencia y los colombianos van a contar con un Gobierno democrático, pero es un Gobierno que también está interesado en la paz en la medida en que estos grupos muestren su voluntad de paz.

–¿Permitirían el ingreso de tropas extranjeras a Colombia para intentar detener la ofensiva de atentados y ataques de los rebeldes?

–Para nada. Esta no es una posibilidad que se esté contemplando. Lo que se estaba hablando era de dos figuras distintas. Una, los buenos oficios de la ONU que implican acompañarnos a mirar cuáles son las posibilidades de dialogo y, por otro lado, lo que estamos explorando con distintos organismos de la ONU es encontrar medidas para ofrecerles seguridad a los desplazados cuando regresan a sus sitios de origen. Y se usó la palabra 'cascos azules' de una manera figurativa.

Pero en ningún caso se está hablando de traer tropas extranjeras. de lo que se está hablando es de crear unas fuerzas especiales que acompañen a los desplazados y busquen las condiciones para que ellos puedan regresar a sus ciudades de los que han tenido que huir.

–¿Qué resultados dejó la visita que realizó el pasado 18 de diciembre a Bogotá la presidenta de Panamá, Mireya Moscoso?

–Hablamos de la importancia de fortalecer la frontera para poder hacerle frente a la situación de conflicto que se presenta en el departamento del Chocó, que ha generado desplazados hacia Panamá, que luego regresan al país cuando tienen la seguridad o si no, permanecen allá un tiempo mientras se va normalizando la situación en Colombia.

Se habló de fortalecer la presencia de las Fuerzas Armadas y sobre todo de compartir la información y por otro lado, fortalecer la presencia de ACNUR (Alta Comisaría de las naciones Unidas para los Refugiados) con entidades panameñas y con la Red de Solidaridad Social de Colombia.

Se habló también de fortalecer los vínculos económicos entre los dos países en materia de turismo, por ejemplo. Se acordó reunir la comisión bilateral de vecindad en marzo próximo, para hablar de proyectos de desarrollo y temas de seguridad económicos y sociales.

Los presidentes Uribe y Moscoso también acordaron firmar un protocolo para un gasoducto hacia Panamá y la interconexión eléctrica.

–¿Está contribuyendo Panamá a evitar el tráfico de armas hacia Colombia?

–Creo que el trabajo que ese está haciendo entre la Policía panameña -ellos no tienen ejército- y la Policía colombiana está permitiendo que contemos con mejor información, para poder controlar y manejar mejor la frontera.

En el balance que se hizo en la reunión entre los presidentes se vio que en los últimos meses la situación en la frontera había estado más tranquila. Y así quisiéramos que mantenerla, apoyándonos con información.

–¿Hay una buena coordinación entre Colombia y Panamá en la lucha contra el narcotráfico?

–Cada vez buscamos más con todos los países vecinos fortalecer el intercambio de información para poder controlar más la producción y el tráfico de drogas. Se vuelve fundamental con todos los países.

–¿Cuál es el balance de la gestión del Ministerio luego de casi cinco meses de la posesión de Uribe?

–En junio, cuando el entonces presidente electo anunció a los ministros, nos pidió hacer un plan estratégico. En este sentido, pienso que este gobierno pudo arrancar muy rápidamente.

Partimos de la base de que la política exterior está cada vez más relacionada con las políticas del Gobierno y se interrelacionan las políticas domésticas con las internacionales.

Es claro que la situación colombiana se ha visto afectada por problemas internacionales como las drogas, el terrorismo y las mismas condiciones económicas mundiales.

En el ministerio estamos viendo que es muy importante salir al exterior y explicar cuál es esa realidad tan compleja de Colombia donde, por un lado, tenemos un conflicto de tiempo atrás, pero al mismo tiempo tenemos una gran fuerza que proviene de nuestra sociedad, una economía que solo se ha resentido muy recientemente y esperamos que reaccione.

Colombia tiene grandes avances en cultura, ejemplos maravillosos como Bogotá y Medellín, que han ido avanzando a pesar de todo. Tenemos un país pujante y una gente que va avanzando. Vamos a salir adelante con un compromiso muy fuerte con nuestra democracia.

El conflicto en Colombia, desde que entró la droga ha cambiado totalmente y tenemos un conflicto que ha crecido de forma exponencial por esa financiación de la droga. Entramos a ver que la droga, el terrorismo y la guerrilla empiezan a actuar indistintamente. Es como echarle gasolina al fuego.

Colombia tiene que jugar un papel internacional muy importante: buscar que la agenda internacional contra este flagelo avance. Mientras haya consumo, va a haber producción de droga en Colombia o en otra parte.

–¿Cómo armoniza sus obligaciones de ministra con sus responsabilidades familiares?

–Yo lo personal lo manejo muy personal y muy privadamente. Tengo tres hijas y para mí, ser mamá es importantísimo y hay que ser muy eficiente en el uso del tiempo para atender ambos frentes sin descuidar el de la casa, y ese sería un mensaje para las mujeres. Y para los hombres, porque los hombres cada vez se ocupan más y eso es importantísimo.

–¿Cómo describiría uno de sus días normales de trabajo?

–Arranco muy temprano para organizar las labores de la casa y de la oficina antes de llegar a la Cancillería. Tengo un día muy completo o estoy viajando.

Busco dedicar a la casa unas horas razonables para poder compartir con mi familia y muchas veces, después de estar con ellos termino con las lecturas. Busco balancear las responsabilidades de una manera ordenada y eficiente y disciplinada.

Me encanta toda clase de música. La clásica, pero también la popular, según el momento y si uno quiere cambiar de ánimo.

La lectura para mí es indispensable y trato de terminar el día siempre con una novela.

–¿Ha cumplido el presidente Uribe lo anunciado en sus días como presidente electo, de que sus colaboradores no tendrían fines de semana?

–Un día del fin de semana estamos en consejos de Gobierno y el otro estamos con la familia.




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