Panamá, 27 de diciembre de 2002
 
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Que si manda o no... ¿qué queremos?

La ciudadanía está en marcha, por lo que es recomendable que nuestros políticos pongan atención ahora, antes de que sea tarde

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Las últimas dos leyes pasadas por la Asamblea Legislativa –la electoral y la de reforma tributaria– mostraron a una presidenta Moscoso en cierta forma distinta. Hasta ahora la queja generalizada era que el Gobierno simplemente existía, pero “no mandaba”. “No pasa nada”, decían muchos totalmente frustrados ante la aparente falta de acción ejecutora de la gobernante.

Para sorpresa de muchos, en una jugada política que todavía tiene a los de la oposición fuera de balance, les arrebató el control de la Asamblea usándolos a ellos mismos, comprobando lo poco distintos que son los partidos de gobierno y oposición cuando se trata de las tradicionales maleanterías políticas ...y a partir de allí, la presidenta mandó. Sacó el tambor batiente nocturno legislativo, que nos trajo recuerdos de aquel otro presidente que se creyó dueño y señor hasta que se dio aquel zapatazo electoral de la reelección. Hizo pasar una ley electoral retrógrada con nombre propio, para lo cual contó con la vergonzosa complicidad del partido de oposición. Entre los dos han convertido a un precandidato presidencial en víctima, lo que no deja de ser una medalla electoral que éste tiene que saber aprovechar con definiciones claras y dedicación completa a una campaña anti-tradicional, anti-establishment, a-lo-Uribe, de Colombia.

Por otra parte, hizo pasar una ley tributaria tibia, sin mayores consecuencias reformadoras, nada más que para poder decirle a las calificadoras privadas internacionales que “algo se logró”. Durante las discusiones se vio la fuerza de nuestro sistema presidencialista, y una vergonzosa rajadera gremial de lado y lado cuyos dirigentes, a cambio de unos caramelitos para satisfacer intereses propios, velozmente abandonaron sus principios.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Queremos presidentes que manden luego de ser elegidos ...o queremos presidentes que busquen consensos?... Pues las dos cosas.

Queremos presidentes que nos presenten programas coherentes, siempre en busca de los objetivos consensuados por todos en la Visión 2020. El objetivo final siempre será el mismo, pero el programa para llegar a esos objetivos es tarea de los partidos políticos según su ideología propia. Nosotros, entonces, elegiremos a uno y esperaremos que busque consensos nacionales en proyectos de Estado (los que traspasan el término de un gobierno) y –logrados estos– entonces que mande y ejecute, pero con coherencia y con integridad.

¿Debemos elegir a un presidente y una mayoría de su partido en el Legislativo? Mi preferencia es que no se haga esto, para evitar poderes demasiado absolutos en la Presidencia; así se promueven mayores debates nacionales sobre temas importantes.

Sin embargo, esto también supone que no elijamos a legisladores que respondan al cartuchito del momento, sino que posean principios y una conciencia limpia.

Todas estas experiencias recientes son lecciones ejemplares para nosotros, los votantes en el 2004. Ya tenemos nuestra visión del país que queremos para el año 2020. Ahora toca a los candidatos decirnos cómo proponen avanzar hacia la meta. Los estaremos midiendo, ya no por popularidad, sino por ejecución. La cosa pública es nuestra...de los ciudadanos. Elegiremos a un gerente que la administre con objetivos y medidas, y no a un rey o reina que dirija a unos súbditos (o “borregos”, como dice mi amigo Tito Jaén).

Tenemos ya los instrumentos; ¡a usarlos! No para protestas tardías, sino para lograr nosotros los cambios necesarios.

La ciudadanía está en marcha, por lo que es recomendable que nuestros políticos pongan atención ahora, antes de que sea tarde.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana


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