Que si manda o no... ¿qué queremos?
La ciudadanía está en marcha,
por lo que es recomendable que nuestros políticos pongan atención
ahora, antes de que sea tarde
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Las últimas dos leyes pasadas por la Asamblea
Legislativa –la electoral y la de reforma tributaria– mostraron
a una presidenta Moscoso en cierta forma distinta. Hasta ahora la
queja generalizada era que el Gobierno simplemente existía, pero
“no mandaba”. “No pasa nada”, decían muchos totalmente frustrados
ante la aparente falta de acción ejecutora de la gobernante.
Para sorpresa de muchos, en una jugada política
que todavía tiene a los de la oposición fuera de balance, les arrebató
el control de la Asamblea usándolos a ellos mismos, comprobando
lo poco distintos que son los partidos de gobierno y oposición cuando
se trata de las tradicionales maleanterías políticas ...y a partir
de allí, la presidenta mandó. Sacó el tambor batiente nocturno legislativo,
que nos trajo recuerdos de aquel otro presidente que se creyó dueño
y señor hasta que se dio aquel zapatazo electoral de la reelección.
Hizo pasar una ley electoral retrógrada con nombre propio, para
lo cual contó con la vergonzosa complicidad del partido de oposición.
Entre los dos han convertido a un precandidato presidencial en víctima,
lo que no deja de ser una medalla electoral que éste tiene que saber
aprovechar con definiciones claras y dedicación completa a una campaña
anti-tradicional, anti-establishment, a-lo-Uribe, de Colombia.
Por otra parte, hizo pasar una ley tributaria tibia,
sin mayores consecuencias reformadoras, nada más que para poder
decirle a las calificadoras privadas internacionales que “algo se
logró”. Durante las discusiones se vio la fuerza de nuestro sistema
presidencialista, y una vergonzosa rajadera gremial de lado y lado
cuyos dirigentes, a cambio de unos caramelitos para satisfacer intereses
propios, velozmente abandonaron sus principios.
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Queremos presidentes
que manden luego de ser elegidos ...o queremos presidentes que busquen
consensos?... Pues las dos cosas.
Queremos presidentes que nos presenten programas
coherentes, siempre en busca de los objetivos consensuados por todos
en la Visión 2020. El objetivo final siempre será el mismo, pero
el programa para llegar a esos objetivos es tarea de los partidos
políticos según su ideología propia. Nosotros, entonces, elegiremos
a uno y esperaremos que busque consensos nacionales en proyectos
de Estado (los que traspasan el término de un gobierno) y –logrados
estos– entonces que mande y ejecute, pero con coherencia y con integridad.
¿Debemos elegir a un presidente y una mayoría de
su partido en el Legislativo? Mi preferencia es que no se haga esto,
para evitar poderes demasiado absolutos en la Presidencia; así se
promueven mayores debates nacionales sobre temas importantes.
Sin embargo, esto también supone que no elijamos
a legisladores que respondan al cartuchito del momento, sino que
posean principios y una conciencia limpia.
Todas estas experiencias recientes son lecciones
ejemplares para nosotros, los votantes en el 2004. Ya tenemos nuestra
visión del país que queremos para el año 2020. Ahora toca a los
candidatos decirnos cómo proponen avanzar hacia la meta. Los estaremos
midiendo, ya no por popularidad, sino por ejecución. La cosa pública
es nuestra...de los ciudadanos. Elegiremos a un gerente que la administre
con objetivos y medidas, y no a un rey o reina que dirija a unos
súbditos (o “borregos”, como dice mi amigo Tito Jaén).
Tenemos ya los instrumentos; ¡a usarlos! No para
protestas tardías, sino para lograr nosotros los cambios necesarios.
La ciudadanía está en marcha, por lo que es recomendable
que nuestros políticos pongan atención ahora, antes de que sea tarde.
El autor es presidente de la Fundación para
el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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