Una llama inextinguible
Omayra de los Ríos es
la primera bombera en la Guardia Permanente
Marta Ferrer
mferrer@prensa.com
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| Esta mujer bombero tiene las mismas responsabilidades
de los bomberos hombres, dice su jefe, el sargento Messina. |
Al entrar a la estación de bomberos de Balboa,
me fue fácil descifrar quien es Omayra de los Ríos. En la oficina
había 11 hombres corpulentos en uniforme, y ella, también en uniforme,
era la única mujer. Pero ya está acostumbrada. Porque Ríos no solo
es la única bombero femenina en su grupo; también es la primera
y única mujer en la Guardia Permanente del Cuerpo de Bomberos de
Panamá.
“Algunos decían que yo era marimacha, pero
no me dejo afectar por lo que dicen los demás”, dice Ríos, quien
prefiere mantener su edad en secreto, a pesar de que se ve joven.
Ahora su trabajo es luchar contra los incendios,
pero antes de eso, Ríos tuvo otra batalla que ganar: tuvo que luchar
porque la admitieran en la Guardia Permanente.
Nadar contra la corriente
Por nueve años trabajó como voluntaria en
el cuartel de San Miguelito, y luego la contrataron a tiempo completo
como radiooperadora. Pero ese no era el sueño de Ríos.
“Yo insistía. Quería ser bombero, bombero
permanente, porque me gustaba la acción”, dice Ríos.
Así que insistió.
“Luché y luché. Mandaba cartas, pero decían
que todavía no se podía, que las mujeres todavía no podían ingresar”,
cuenta. Y desistió por un tiempo, pero luego volvió a insistir.
“Mandé más cartas, iba a hablar con los comandantes...
Les decía que me dieran la oportunidad, que si me tenían que hacer
alguna prueba que me la hicieran. Les decía: por qué si hay mujeres
que manejan camiones, mujeres policías, por qué no podía haber una
mujer bombero”.
Ríos cuenta que aparte de insistir, tuvo
que demostrar por medio de su trabajo que era capaz de hacer una
labor que típicamente se asocia con los hombres. “Si había una salida,
yo estaba ahí. Cuando estaba de radiooperadora, mis vacaciones las
pasaba allá, y salía en los carros cuando podía, para probar que
estaba activa. Para probar que no quería entrar nada más por entrar”.
Juntos pero no revueltos
El 8 de julio del 2001, el comandante Leopoldo
Mojica, jefe del Cuerpo de Bomberos, le dio la oportunidad. Ríos
se convirtió en bombera permanente. (La palabra “bombera” existe,
pero es tan poco común que suena extraña, y ni siquiera la propia
Ríos la utiliza.)
Hay otras mujeres que trabajan como voluntarias
en el Cuerpo de Bomberos, pero Ríos es la única que durante las
24 horas del día, ejerce la profesión. Esto significa vivir en el
cuartel, en donde todos los bomberos del grupo duermen juntos. “Juntos,
pero no revueltos”, aclara Ríos, mientras suelta una carcajada.
No, no tiene su propio cuarto (aunque sí su propio baño).
“Al principio, cuando nos teníamos que cambiar
enfrente de ella, estábamos un poco ruborizados. Pero eventualmente
ella nos dio a entender que somos como familia, y ya no estamos
cohibidos”, confiesa el sargento Esteban Messina, quien ha sido
el jefe directo de Ríos desde que ingresó al cuartel de Balboa.
Y en el cuartel —dice Ríos— ya se siente
como en casa. “Tenemos nuestros relajos, pero me respetan. Todo
tiene que ver con que uno se dé a respetar”, añade.
Por ser mujer, el trato que le dan a Ríos
es diferente, cuenta Messina. Pero no es un trato preferencial.
“En términos de trabajo, ella es una unidad más. Una unidad femenina,
pero igualmente una unidad. Tiene las mismas funciones que cualquier
otro bombero”, dice.
Pionera, bombera, y madre
Messina describe a Ríos como una mujer fuerte.
“Desde que llegó mostró una destreza física igual a la de los hombres”,
dice.
El sargento Roberto López, voluntario del
Cuerpo de Bomberos, está de acuerdo con que Ríos tiene la fuerza
necesaria: “A mí me encanta ver cómo se comporta en los incendios,
porque trabaja igual o más que cualquiera de los hombres”, dice
López.
Ríos dice que siempre le han gustado los
trabajos activos, y “no me gustaría estar todo el día sentada detrás
de un escritorio”. De joven le gustaba hacer deportes, y antes de
ser bombera fue guardia de seguridad por nueve años.
“Una vez me hicieron una entrevista y la
muchacha me dijo ‘yo pensé que me iba a encontrar a una muchacha
así como amachada pero yo le dije ‘no, yo soy 100% femenina”, dice
Ríos con una sonrisa.
Además de ser bombera, es madre de tres hijos,
y el mediano también es bombero. “Al principio mis hijos me decían
que estaba loca”, dice. Pero esto no le quitó la determinación de
hacer realidad su sueño.
Una vez se cayó de un carro bomba y se quebró
la muñeca —dice—, y su hijo se preocupó. “Pero yo le dije: eso le
puede pasar a todo el mundo; puedes estar aquí parado y caerte”.
Y es que en ocasiones el trabajo es difícil.
“Tienes que hacer ejercicio constante, en un incendio no sabes (con)
qué te vas a encontrar. Hay accidentes de autos, árboles que se
caen, herbazales prendidos... Una vez me fui a un herbazal y me
atacaron unas avispas y casi quedo desnuda ahí mismo. Y otra vez,
cuando fui a un incendio, me cayó una paca encima que me rozó y
quemó un poco el muslo”, cuenta Ríos.
Pero insiste que nada de eso importa. Porque
le gusta lo que hace, y para ella, la parte más difícil ya pasó.
“Para mí lo difícil fue entrar... Ahora estoy
contenta de que conseguí lo que quería; que logré alcanzar aquello
por lo que luché, y bueno, aquí estoy”, dice.
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