Panamá, 26 de noviembre de 2002
 
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Belisario Porras: Una deuda que se reconoce con la primera comarca indígena

La Coordinadora Campesina Contra los Embalses (CCCE), apoyada por la Pastoral Social de Cáritas, no es parte de esa que era la patria boba

Tomás D. Arias
gene@ancon.up.ac.pa

A mediados de 1914, una cabalgata a cuyo mando se encontraba el presidente de la República, Dr. Belisario Porras, se aproximaba a las tierras altas detrás de Penonomé para hacer una singular compensación por servicios prestados. Esperándolo estaba Candelario Ovalle, un maestro de escuela, con una delegación de indígenas, quienes iban a recibir el documento que hacía posible la creación de la Reserva Indígena en el norte de Coclé. Ovalle había sido asistente del líder guerrillero Victoriano Lorenzo, cruelmente asesinado por las fuerzas del Ejército colombiano en junio de 1903. Aparte de los méritos que exhibían los “indígenas” (que ellos entonces así se autodenominaban) para tener una comarca, ellos habían sido un instrumento efectivo en la Guerra de los Mil Días como cargueros y tropas de choque.

El reconocimiento que hacía el Gobierno de Panamá a las varias comunidades indígenas que vivían sobre todo al norte de Penonomé hasta ocupar una parte del distrito de Donoso, era un globo de terreno de un millón 500 mil hectáreas (1,500 Km2) con el estatus de Reserva Indígena en el norte de Coclé. Este considerable globo de terreno tenía el carácter de inadjudicable y representaba el 30% del área geográfica de la provincia de Coclé. El carácter de inadjudicable hacía que los habitantes de estas tierras no pudiesen venderlas, pero sí hacer uso de ellas para sembrar, criar gallinas y pastar animales, etc. Este terreno constituía la primera comarca o reserva que se establecía en Panamá para un grupo de indígenas, siendo la comarca Kuna, establecida en 1938, la segunda.

Porras era un presidente indiscutiblemente visionario (a pesar de ciertos errores), y conocía de primera mano la tierra y los habitantes de esta parte del Istmo. Pienso que su acción no fue parte de una estrategia política, puesto que había poco que ganar, sino que la misma era cónsona con sus ideas de justicia.

La Reserva Indígena duró 58 años hasta la entrada en vigencia de la Constitución de 1972, impuesta por los militares. Entre el número plural de infamias perpetradas por ellos, se eliminó de un plumazo esta reserva, influidos sin duda por intereses económicos y sin haber nunca entendido por qué se creó y cómo ella beneficiaba a los indígenas. Anteriormente, cuando se trató de eliminarla en 1962, 6 mil cholos firmaron un documento alegando que ellos también, significativamente, eran indígenas.

Hoy en día la antigua comarca no sólo ha perdido su carácter jurídico, sino que es posible que desaparezca físicamente, pues según planes de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), un Estado dentro de otro, el área será inundada bajo las aguas de los ya famosos tres lagos en proyecto o de otros que también se tienen planeados (por ejemplo, en la parte oeste de Capira) y que inevitablemente, de construirse, inundarán sus partes bajas.

¿Cómo compensar a estos individuos que tienen una presencia de más de mil años de vida continua en esta porción del país? ¿Qué pasará con esta gente? ¿Adónde irán esas más de 20 mil personas? ¿De qué vivirán? Afortunadamente, la Coordinadora Campesina Contra los Embalses (CCCE), apoyada por la Pastoral Social de Cáritas, no es parte de esa que era la patria boba que había cuando los militares “nacionalistas” ostentaban el poder. Es de esperarse que no ocurra lo que sucedió con los indios kuna y la Reserva del Bayano en 1972, cuando se abolió esta reserva y se la sustituyó por una inmensa presa, el lago Bayano, ante la gran cantidad de promesas incumplidas a estos indígenas.

El autor es director del Instituto del DNA y del Genoma Humano, Universidad de Panamá

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