Panamá, 26 de noviembre de 2002
 
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Mercantilismo urbano

La posible transformación de un área de Fuerte Amador, aunque sea parcial, a uso habitacional de alta densidad desnaturaliza el proyecto turístico y acaba con el enorme potencial que tienen estas tierras

Alvaro González Clare

Desde 1979, cuando se hizo el primer estudio urbano sobre las áreas de la antigua Zona del Canal que revertirían a la república de Panamá, todo el territorio peninsular de Fuerte Amador se definió, de manera unánime y categórica por los técnicos, como de uso turístico fuertemente relacionado a la estructura urbana de la región metropolitana, por su particular ubicación y excepcional conformación geográfica en referencia al Canal. Igualmente, los estudios posteriores lo confirmaron y reiteraron. El plan maestro elaborado para la Autoridad de la Región Interoceánica por el consorcio conformado por Edward D. Stone Jr. & Associates, Clement & Medina Arquitectos, Dames & Moore, F. G. Guardia y Asociados, Arthur Andersen Consulting y Amerisys de Panamá, reafirmó la vocación turística que tiene Fuerte Amador para uso y desarrollo turístico. Sustentada esta definición técnica, se inició la transformación de la antigua base militar en un centro de actividades turísticas y recreativas. Lentamente, pero de forma consistente y segura, Fuerte Amador se está convirtiendo en el centro de expansión de la ciudad de Panamá, además de reafirmar sus ventajas comparativas locales y regionales como puerto de cruceros.

Lo que ha sucedido en los últimos cinco años comprueba lo certero de la decisión; sin embargo, no escapa del escenario el efecto negativo causado por la desaceleración económica local e internacional, que afecta la celeridad de las inversiones que debieron adquirir los grandes terrenos designados para uso turístico, especialmente hotelero. Tampoco se puede excluir de esta situación adversa el alto precio de venta que la ARI ha asignado a las parcelas designadas para construcción de hoteles.

Casi desde el inicio de su gestión como administrador de la ARI, el ingeniero Alfredo Arias ha promovido el cambio del uso del suelo asignado en el plan maestro como Comercial Turístico (CT) a habitacional de alta densidad. Presumo que esta iniciativa la justifica en razones mercantiles exclusivamente, por ser más rápida y efectiva la gestión de venta de los terrenos en parcelas pequeñas para inversiones habitacionales, a los altos precios de venta asignados. A esta iniciativa se suma el agravante de dos donaciones que hizo el Ejecutivo. Una a la Caja de Seguro Social de 13.3 hectáreas para afianzar con la venta del terreno el programa de IVM, y la otra a la Fundación del Museo de la Biodiversidad de 7.6 hectáreas, para que genere con su desarrollo el financiamiento para la construcción del museo y entorno, diseñado por el prestigioso arquitecto internacional Frank Gerhy. En ambos casos, tanto el Seguro Social como la Fundación han manifestado públicamente el interés de que a los terrenos se les cambie las normas de uso de suelo, de turístico a habitacional, para vender los terrenos segregados o desarrollar proyectos de condominios habitacionales de alta densidad.

Es evidente que todas estas iniciativas ponen en peligro el desarrollo turístico del proyecto iniciado conforme los lineamientos del plan maestro, el propio entorno del Museo de la Biodiversidad y consecuentemente el valor patrimonial que tienen las tierras de Fuerte Amador para todos los panameños.

Los profesionales que nos preocupamos desinteresadamente por nuestras ciudades y que nos hemos involucrado junto con la sociedad civil en la defensa de los mejores intereses urbanos, al igual que los técnicos de la Dirección de Desarrollo Urbano del MIVI, coincidimos en que el desarrollo de Fuerte Amador debe seguir los lineamientos técnicos aprobados en el plan maestro y que cualquier cambio que se pretenda hacer al mismo debe responder a una revisión técnica seria, con la debida aprobación del IPAT, Alcaldía de Panamá, MIVI y ARI, además de ser consultada y consensuada con la sociedad civil, particularmente con gremios profesionales como la SPIA, IPAUR, CAPAC, APEDE, CoNEP, etc.

La posible transformación de un área de Fuerte Amador, aunque sea parcial, a uso habitacional de alta densidad desnaturaliza el proyecto turístico y acaba con el enorme potencial que tienen estas tierras. Para establecer una medida comparativa que pueda darnos la dimensión del daño, supongamos que los terrenos donados a la Caja de Seguro Social y a la Fundación (que en superficie son equivalentes al área construida actualmente en Punta Paitilla) los sobreponemos en el terreno de Fuerte Amador. La situación supuesta duplica en este sitio el mega caos que viven los atribulados residentes de Punta Paitilla. Recordemos que coincidentemente ambas penínsulas solo tienen una entrada y salida vial. Obviamente, de producirse una transformación habitacional como la propuesta, terminaría definitivamente con el proyecto turístico.

Es necesario que las autoridades competentes reconozcan la temporalidad que tienen, y la permanencia de sus decisiones, con algún grado de responsabilidad cívica. Las decisiones que se toman ahora sobre un territorio de esta naturaleza, y que representa un patrimonio que le pertenece al bien común, no pueden ser sustentadas en principios netamente mercantiles. Debe prevalecer la sensatez sobre la especulación y las razones técnicas sobre la premura financiera. Precisa que se busquen y encuentren soluciones más creativas para lograr conciliar los intereses que pueda tener la ARI con la de todos los panameños, sin comprometer irreversiblemente el futuro ubano y sobre todo la seguridad jurídica, imprescindible para que lleguen los inversionistas que necesitamos para lograr con éxito el desarrollo turístico del proyecto.

Por último, es necesario que el Ejecutivo recuerde que hay más de 4 mil hectáreas de terreno urbano desarrollado que revirtió a la República y que puede ser utilizado como alternativa a las necesidades financieras de la Caja del Seguro Social y la Fundación. Se les debe recordar a los arquitectos del proyecto del Museo de la Biodiversidad, que todos los panameños esperamos que el diseño de este magno edificio sea un modelo de desarrollo urbano para la maltrecha ciudad de Panamá. Para crear otro proyecto igual a los que caracterizan nuestro caótico entorno urbano, no tenemos que contratar los servicios del arquitecto Gerhy.

El autor es arquitecto

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