El próximo presidente
He dicho en repetidas ocasiones, que el pueblo panameño está cansado de ver turnarse en el poder a representantes de los partidos tradicionales
Juan B. Gómez
Saber quién será el próximo presidente de Panamá no requiere de un gran conocimiento de nuestra política criolla ni de una aguda observación del movimiento partidario. El asunto se presenta claro, elemental. Habrá solamente dos candidatos, y de esos dos, uno será el próximo presidente. Aclaro: podrá haber más candidatos, pero de todos ellos sólo habrá dos con posibilidades: Alberto Vallarino y Martín Torrijos. Los demás, ingenuos o tontos útiles que colocan los titiriteros para dividir las fuerzas de sus opositores, se colocan en la gatera, conscientes o inconscientes de la comedia a la que asisten. Son actores de tercera categoría sin posibilidades de ocupar el primer puesto, repito.
Pero vamos entonces a los dos candidatos con posibilidades. ¿Cuál será el triunfador? Aquí sí que se presenta complejo el asunto. He dicho en repetidas ocasiones, que el pueblo panameño está cansado de ver turnarse en el poder a representantes de los partidos tradicionales: hoy un arnulfista, mañana un PRD. Y ha llegado el momento en que el pueblo quiere ver en el poder a un hombre o a una mujer distintos. Es una ilusión, pero el pueblo está agarrado en cuerpo y alma a esa ilusión.
También lo he repetido bastante: esa ilusión se llama Alberto Vallarino. Pero Vallarino no acaba por decidirse. Vive en la indecisión. Si lucha por conseguir la candidatura del arnulfismo, lo logrará, aunque le pongan toda clase de zancadillas. ¿Pero esto le resultará beneficioso? El candidato arnulfista, sea quien fuere, tendrá una enorme oposición, por el hecho de que arrastra consigo el odioso desgaste que ha ido acumulando en sus años de mal gobierno. Y esto lo sabe Vallarino. ¡He aquí el origen de su profunda incertidumbre!
Vallarino tal vez sospecha que llevaría más votos a las urnas como candidato independiente; mucha gente lo apoyaría como tal y no como candidato arnulfista. Pero esto también lo mantiene en una incertidumbre paralizadora. En estos momentos no hace nada. Y el tiempo está contra él. El inquietante drama de Hamlet: ser o no ser.
Se ha dicho mucho que la presidenta, doña Mireya, no lo quiere como candidato de su partido; lo dudo. Ella sabe que sin un candidato fuerte, el suyo terminaría muy mal librado en las próximas elecciones; y ella no quiere dejar a su partido en tan triste y lamentable situación. Su inteligencia y su astucia la llevarán a apoyar a Vallarino. Pero cuando llegue el momento, ella pondrá las condiciones, y Vallarino quedará preso de las circunstancias, cuando el tiempo le ha atado las manos para actuar. Vallarino vive, lo digo otra vez, en una encrucijada. ¡Y debe actuar ahora o no lo podrá hacer después!
Sigo pensando que Vallarino debe fundar su propio partido, y no estar como hasta ahora, dependiendo de los demás. Y otra cosa puede suceder, aunque Ud. no lo crea, como dice Ripley: que cansado de su propia incertidumbre… renuncie a ser candidato en las próximas elecciones. Y entonces sí: ya ustedes saben quién será el ganador.
Pero vuelvo a preguntar: ¿Quién será el próximo presidente de Panamá? No hay muchos para escoger; será uno de los dos: Vallarino o Torrijos
El autor es periodista
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