La democracia de los que hoy gobiernan
En su marcha “ascendente”, el gobierno de la señora Moscoso lo que recibe del pueblo por doquier es querella y más querella
Paulino Romero
Entre los temas de actualidad que han centrado la atención no sólo de políticos, intelectuales, periodistas, empresarios y trabajadores, sino también de las grandes mayorías del pueblo panameño, el referido a la “democracia” ha cobrado en los últimos años una especial importancia. Así, para algunos resulta una materia de análisis indispensable de evaluar para diseñar e implementar nuevas políticas, con miras a lograr la superación en libertad de las actuales dificultades y el mejoramiento de los objetivos en desarrollo. Para los demás miembros de la gran masa es, en la mayoría de las comunidades del país, un tema que hoy, lamentablemente, significa corrupción, engaño, desilusión y falta de oportunidades hacia el futuro. Pero para unos pocos (como para los que hoy gobiernan en Panamá), es la gran oportunidad para el mejoramiento exclusivamente personal y político, lo que, según ellos, influirá en el desarrollo económico posterior de sus familias y de una buena parte de su membresía política.
Mientras se ensaya –a través de los medios de comunicación– con gesticulaciones y la expresión temblorosa cuasi declamada, glorias a la “democracia”, o algo así como hacerse gárgaras con la palabra democracia (nos recuerda las décadas de los años 60 y 70 del pasado siglo, cuando los grupos de izquierda latinoamericanos se complacían haciendo “gárgaras” con la palabra revolución, entonces muy de moda), afuera en la calle se agiganta la ola de un pueblo descontento en marcha. ¡Esa es la realidad que vivimos hoy en Panamá!
Pero muy pronto, muy luego, el sol, después de la sombra de la larga noche, levantará por el horizonte su copa de oro. Con el dolor de la patria padecemos, y para el bien de toda la patria edificamos. Por eso no queremos democracia de exclusiones ni de banderías políticas. En un régimen verdaderamente democrático, la palabra viril y sincera no se complace con descripciones retóricas, previamente ensayadas; no se simula, porque simular es mentir, y mentir es pecar.
Después de la ingrata invasión de diciembre de 1989, se habló mucho de principios políticos, sociales y democráticos que parecían abrirse paso por entre tradiciones y realidades dictatoriales. Pero lo cierto es que había y aún hay muchos intereses creados (no siempre legítimos) que urge derribar. ¡La resolución y el coraje de hombres y mujeres tenaces debería acelerar el vuelco! Pero lamentablemente todavía estamos a la espera de que ese acto se produzca. Las mejores intenciones de propagación de ideas y doctrinas redentoras, no han tenido el eco contagioso y suficiente para esparcir la palabra y la acción salvadora.
Los nuevos gobernantes –según lo demuestra la realidad política, económica y social actual del país– se conformaron tan sólo con adquirir el rango y la categoría de simples sucesores en el poder; porque hasta este momento no han sabido resumir en sí las aspiraciones y el espíritu de sacrificio que este pueblo necesita para liberarse del desempleo, la pobreza, las enfermedades y la ignorancia. Las señoras y señores que hoy gobiernan, parecieran referirse al problema del desempleo sólo para llenar un cometido, sólo en forma ritual. Sin embargo, ignoran que el trabajo es insecable fuente de riqueza: ¡quien busca ocupación útil, muestra sana inquietud por el adelanto económico y el ascenso social!
En su marcha “ascendente”, el gobierno de la señora Moscoso lo que recibe del pueblo por doquier es querella y más querella; recibe desconfianza, frustraciones, manifestaciones de protesta por desengaño, y hasta de rechazo; el pueblo a diario denuncia, a través de los medios de comunicación y de las encuestas de opinión pública, cómo, de diferentes modos, se incrementa en Panamá la corrupción, el crimen y la delincuencia, la codicia, el narcotráfico, el nepotismo, la demagogia, la intriga, la simulación y la mentira. Se dan, además, visibles muestras de incapacidad e indiferencia en el comportamiento de muchos funcionarios de todos los niveles; pero a todo esto, el pueblo ya muy pronto habrá de reaccionar, prestando resistencia con su grito angustioso de un ¡no más!, de un ¡basta ya!
Presidenta Moscoso: ¡los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
El autor es pedagogo, escritor y diplomático
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