Panamá, 11 de octubre de 2002
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¡Doctor, nos tumbaron!

Hermes Sucre Serrano
hsucre@prensa.com

Arnulfo Arias Madrid, tres veces presidente de Panamá.

El día del golpe militar el presidente Arnulfo Arias no pudo disfrutar de la película que se pasaba en el Teatro Lux, en la Avenida Perú. “Doctor, nos tumbaron”, le susurró al oído uno de sus copartidarios.

Jacobo Salas, entonces presidente de la Asamblea Nacional, informó que Arias intentó llegar a la Presidencia para retomar el poder, pero ya era tarde.

Cuando el presidente y sus escoltas llegaron a la Plaza Herrera recibieron una llamada de un oficial leal que les anunció que ya los golpistas se habían tomado la Guardia Presidencial.

El presidente y sus acompañantes se escondieron en las callejuelas cercanas a la iglesia de La Merced, mientras observaban cuando pasaban los camiones de la Guardia Nacional llenos de soldados fuertemente armados.

“Nos salvamos porque la Avenida 4 de Julio (hoy Avenida de Los Mártires) quedó libre. Por ahí nos fuimos a la Zona del Canal”, reveló Salas.

Se refugiaron en la casa de Federico Montaner, esposo de la hija de María Santo Domingo de Miranda, entonces una fiel militante del Partido Panameñista (hoy Arnulfista)

El presidente Arias pidió al gobernador de la Zona del Canal, Walter P. Leber, que le retirara la vigilancia policial zoneíta para volver a Panamá para preparar la contraofensiva. La petición también la dirigió al embajador de Estados Unidos, Charles Adair, pero sin ningún resultado. El pueblo esperaba noticias de su líder.

Arias inició una iniciativa diplomática para denunciar el golpe. El 18 de octubre de 1968 -desde el correo de Balboa- envió un telegrama al presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Unión Panamericana, Manuel Bianchi, en el que le pedía que se trasladaran a Panamá para investigar las “flagrantes y sangrientas” violaciones a los derechos humanos cometidas por los coroneles Boris Martínez y Omar Torrijos.

Denunció el cierre de los periódicos de la familia Arias (Gilberto y Rosario Arias), la clausura de Canal 2, una de las dos televisoras y la aplicación de la censura a todas las estaciones de radio. Además del arresto de centenares de ciudadanos civiles y militares opuestos al gobierno de facto.

Después, el 24 de octubre de 1968, envió una extensa carta a Bianchi, en la que le explicó que en calidad de presidente y jefe supremo de la Fuerza Pública había decretado los nombramientos y traslados de jefes y oficiales, amparado en preceptos constitucionales.

Los militares suspendieron las garantías constitucionales, y lo que es peor, dejaron sin efecto, por primera vez en la historia, el artículo 30 de la Carta Magna que establece que “no hay pena de muerte, de expatriación y de confiscación de bienes”.

Arias denunció que la abolición de las libertades individuales y el “toque de queda” que siguió al golpe, permitió a la Guardia Nacional desatar una represión brutal. Los policías fueron apostados en techos y terrazas de los edificios con órdenes de disparar “sin escrúpulos” a ciudadanos indefensos, a la vista de cualquier movimiento que les pareciera sospechoso.

El 4 de noviembre de 1968, Arias volvió a escribirle a Manuel Bianchi: “los cementerios siguen recibiendo cadáveres, la sangre sigue tiñendo las calles y las libertades permanecen conculcadas: tal es el infortunado clima con que nuestro país marcó el 65 aniversario de su independencia de Colombia”.

Asalto al hospital

Las tropas del coronel Fred Boyd y de los capitanes Mina y Castillo, asaltaron bárbaramente el Hospital del Seguro Social en persecución de millares de manifestantes que protestaban en la fecha de independencia.

“Los manifestantes se refugiaron en el Hospital del Seguro Social a donde penetraron las tropas, que guiadas por los doctores Guillermo González Barrientos y Elías Córdoba, capitanes honorarios de la Guardia Nacional, iniciaron su cacería humana volteando camas de enfermos graves, hiriendo y golpeando a los inocentes hospitalizados”, indicó Arias al presidente de los Derechos Humanos.

Después de una batida piso por piso fueron encarcelados líderes del movimiento como el rector de la Universidad de Panamá, Bernardo Lombardo, el neurólogo Antonio González Revilla, la diputada Cecilia Alegre y el profesor Ricardo Arias Calderón.

Agregó que “dentro del Hospital del Seguro Social los guardias disparaban ráfagas de ametralladoras y descargaban decenas de bombas lacrimógenas, que por ironías de la política interamericana, han sido obsequiadas al cuerpo armado para lo que debería ser su misión de defender a la democracia representativa”.

Dijo que, como una burla más para las libertades humanas, “los periódicos han reaparecido bajo autocensura impuesta por Martínez y Torrijos, quienes además, siguiendo al pie de la letra los procedimientos castristas de los primeros meses de la ocupación marxista-leninista de Cuba, han negado a los directores de los mencionados periódicos su derecho a reasumir sus funciones...”. Todos estos documentos se encuentran en el informe divulgado recientemente por la Comisión de la Verdad.

Las protestas de Arias y de sus copartidarios nunca menguaron. El 22 de octubre de 1968 las autoridades de la Zona del Canal comunicaron al dirigente panameñista: “Señor presidente, el avión está listo para partir”. A medida que el bimotor militar se elevaba, y la base de Albrook se quedaba atrás, se iba borrando el paisaje panameño, pero no las esperanzas de Arnulfo Arias de volver algún día.


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