Panamá, 11 de octubre de 2002
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Pajaritos preñados

Como yo desde hace tiempo dejé de creer en pajaritos preñados, me apresto a dar la batalla desde mi humilde trinchera

Rafael Mezquita

No creo en pajaritos preñados, decíamos hace algunos años cuando alguien nos venía con una fabulosa historia de no creer. Así les respondo hoy a los que me vienen con el cuento de que la presidenta no quiere a Alberto Vallarino de candidato presidencial del Partido Arnulfista para las elecciones del 2004. En este artículo intentaré explicar en qué sustento mi incredulidad y definiré lo que a mi juicio debería ser la estrategia del PRD para enfrentar el fenómeno.

Para el arnulfismo, Alberto Vallarino es una propuesta que se debate entre un extremo marcado por su traición a la oferta partidaria en las pasadas elecciones, y en el otro, por la popularidad que recibe de las bases arnulfistas. Es conocido también que importantes dirigentes del principal partido oficialista no confían en la palabra de Vallarino, por la conducta observada en el pasado reciente y por su ausencia de compromiso con las pobres ejecutorias de la presidenta Moscoso y su gobierno. A pesar de lo anterior, Alberto Vallarino ha manifestado que su estrategia para alcanzar el solio presidencial pasa por volver al arnulfismo, al reconocer que es la opción más viable y menos costosa a sus intereses.

Ante estos deseos de Vallarino, el arnulfismo marca su estrategia. Mantiene los libros de inscripciones cerrados, arremete a cada rato contra su figura y estimula la participación de varios de sus cuadros más distinguidos para que busquen la candidatura presidencial del partido. Hasta la fecha ninguno de estos dirigentes ha subido la loma y salvo un milagro (que en nuestra política son cada día más escasos), Alberto Vallarino logrará sus propósitos de negociar con la presidenta y su partido para definir las características de la propuesta electoral arnulfista del 2004 y el futuro de sus relaciones políticas. El cálculo de la cúpula oficialista es que cuando llegue ese momento, Vallarino estará más blando que el ñame baboso y así podrán imponerle sus deseos.

Mireya Moscoso, en su condición dual de presidenta de la República hasta el 2004 y de su partido hasta el 2006, buscará cómo imponerle a Vallarino su propuesta electoral (para los cargos de vicepresidentes, legisladores, alcaldes y representantes) y otras condicionantes colaterales a este tipo de negociaciones antes de apoyarlo como abanderado presidencial del arnulfismo. Por lo tanto, su estrategia actual hacia Alberto Vallarino busca ir creando las mejores condiciones para la negociación que podría darse si ninguno de los delfines de la presidenta sube la loma y al final de la cuesta tenga que, irremediablemente, negociar con Vallarino.

Vallarino sabe que cuenta con las simpatías de las bases arnulfistas que lo ven como el mejor prospecto para garantizarles cinco años más en el poder, por lo que sus posibilidades de salir triunfante de unas elecciones primarias presidenciales en el arnulfismo serán mayores si cuenta con el aval de la cúpula partidaria, pero, serían de pronóstico reservado si se enfrenta a los deseos de la que manda en Palacio.

¿Cuál es entonces el escenario más difícil que enfrentará la propuesta electoral del PRD? A mi juicio uno compuesto por los siguientes elementos: i) dos candidatos presidenciales, uno, Martín Torrijos por el PRD y sus aliados, y otro, Alberto Vallarino por el arnulfismo y sus aliados; ii) como es usual, la mayoría de los partidos políticos se irá con la propuesta oficialista, iii) algunos conspicuos PRD le apostarían en privado o en público a dicha propuesta, iv) el gobierno utilizará todos los recursos a su alcance y sin la fiscalización de la Asamblea para apoyar su oferta electoral, v) el Ejecutivo mantendrá su control sobre la Corte Suprema de Justicia y ésta sobre el Tribunal Electoral y vi) los principales medios de comunicación continuarán siendo hostigados por el gobierno para lograr mediatizarlos.

Asumiendo tal escenario, la oposición tendrá que prepararse para vencer, reconociendo de antemano que si alguna de tales condiciones no se da, más probable será la victoria, y a su dirigencia no le quedará otra que prepararse para la contingencia, ejecutando desde ahora una estrategia valiente, coherente y sostenible, ya que los hechos políticos registrados hasta la fecha nos dicen de un adversario sagaz, poderoso, con recursos y capacidad de “convencer” a algunos legisladores perredistas de las bondades de su oferta.

Como en la lucha política se tiene que estar preparado para imponer la opción propia o para que el adversario imponga la suya, uno tiene que tener planes de contingencia por si se da el peor de los escenarios. Como yo desde hace tiempo dejé de creer en pajaritos preñados, me apresto a dar la batalla desde mi humilde trinchera, reconociendo que el adversario a vencer tiene con qué salirse con las suyas, a pesar de que la mayoría, por no decir todas las condiciones, le son aterradoramente adversas.

El autor es ingeniero y consultor

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