¿Quién pidió que sacaran a los gringos de Panamá?
No podemos servir en nuestras mesas un plato de nacionalismo a nuestros hijos; no podemos vivir de él
Hernán R. Dávila
hhdavila@hotmail.com
Todos los días me pregunto: ¿quién le pidió a Torrijos que firmara un compromiso con Carter para sacar hasta el último estadounidense de las bases militares, de la Zona del Canal, de Panamá y de su historia? ¿Por qué no se trabajó en un tratado en el que se estableciera que Panamá tomara el control del Canal y permitiera a los estadounidenses permanecer en el suelo patrio con sus bases, pagándonos un alquiler por el uso de las mismas como es el caso de algunas bases militares en Europa?
A diario le consulto a los actores de nuestra vida cotidiana, a los panameños que caminan por nuestras aceras y manejan en nuestras avenidas sobre este tema, y todos coinciden en manifestar que Torrijos actuó independientemente de la voluntad de la mayoría del pueblo panameño.
Si tomamos en cuenta que esos estadounidenses dejaban en nuestro país cerca de 300 millones de dólares al año, 830 mil dólares diarios, los cuales se repartían entre alquiler de apartamentos, supermercados, farmacias, cines, bares y discotecas, servicio doméstico, seguros, alquiler de autos, gasolina, taxis, turismo interno, etcétera, incluyendo todo el personal que trabajaba en la Zona del Canal y sus bases militares devengando altos salarios, se ve muy claro que todos nos beneficiábamos de esos millones de dólares que entraban a nuestra economía.
Gracias a que los estadounidenses vinieron aquí a construir un Canal, Panamá se desarrolló rápidamente con una economía sólida y estable que permitió que abriera sus puertas al comercio mundial, aprovechando su privilegiada posición geográfica.
Si retrocedemos el tiempo, fue en el año de 1880 cuando se iniciaron los trabajos de la construcción del Canal de Panamá, lo que significa que desde hace más de 120 años hemos tenido la presencia e influencia estadounidense en nuestro territorio, y gracias a esa magna obra es que utilizamos el dólar como moneda de curso legal, ya que todos los trabajadores de las planillas del Canal y del Ferrocarril cobraban en dólares y gastaban ese dinero en nuestro comercio. Era tanto el circulante, que fue desplazando lentamente al balboa. Gracias a Dios, In God We Trust.
No podemos permitir que estadounidenses armados vivan en bases militares en nuestro suelo patrio, sin embargo, sí dejamos que la guerrilla colombiana nos invada y permitimos que menores de edad, maleantes y narcotraficantes armados se paseen por la ciudad asesinando y ajusticiando a todo aquel que esté en contra de sus bajos intereses.
Desde la salida de los militares estadounidenses ha aumentado el tráfico de drogas, de armas, los secuestros y la delincuencia en general. Tenemos un servicio de policía corrupto, en el cual todos los días son despedidos agentes que no cumplen con el reglamento. ¿Que más debemos vivir los panameños para que doña Mireya se siente en su silla a gobernar? ¿Cuándo podrá mirar más allá del hermoso horizonte que le pintan sus asesores y allegados? ¿Cuándo podrá despertar del sueño hermoso que está viviendo, y darse cuenta de la pesadilla en que vivimos la mayoría de los panameños? ¿Por qué en vez de crear una ciudad gubernamental, no reinstalamos a los estadounidenses para que nos paguen y nos cuiden del tráfico de drogas en toda la región, ya que nosotros no somos capaces ni tenemos los medios para hacerlo?
No podemos servir en nuestras mesas un plato de nacionalismo a nuestros hijos; no podemos vivir de él. Nuestra hermosa patria se está cayendo a pedazos y no hay quien los recoja. ¿Hasta cuándo debemos soportar que cada persona que sube al poder encuentra la fórmula mágica de hacer dinero? ¿A quién le importa realmente con Panamá? Los gobiernos los ponen los votos y los votos los pone el pueblo. El Gobierno se debe al pueblo y no al pequeño grupo que lo administra, y debe actuar en beneficio de las grandes mayorías.
Hoy estamos pagando todos esa gran visión nacionalista que tuvo Omar, la Zona del Canal por fin es nuestra, le pertenece a un gobierno quebrado, a un país de gente corrupta donde cada día hay más desempleo, delincuencia y descontento general... ¡qué gran victoria! ¡Qué alegría me da ser panameño!
Es imposible retroceder el tiempo. Panamá no será más aquella tacita de oro. Quienes tenían el oro se han ido.Y con ellos se han llevado un pedazo de Panamá, de su gente y de su historia.
El autor es comerciante
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