Panamá, 8 de octubre de 2002
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Polvo y muerte hacen sombra a israelíes en patrullas

Esta guerra de emboscadas a medianoche y ataques en represalia se está librando en uno de los rincones más desagradables del mundo

Colin Nickerson

SECTOR MILITAR DEL NORTE, Franja de Gaza. -Para la infantería israelí en la Franja de Gaza, la muerte puede llegar de cualquier dirección. Salvo por algunos puestos militares muy fortificados cerca de la frontera con Israel, no hay tal cosa como seguridad en este desolado horizonte de luz despiadada y las sombras más oscuras.

Para el sargento Aviad Dtan, el conductor de 24 años de edad de una tanqueta de batalla tipo Merkava, la muerte llegó en la forma de una mina terrestre enterrada en un olvidado tramo de terracería, cerca de un poblado llamado Kissufim. La explosión arrancó una parte de la tanqueta de 61 toneladas, quemando vivo a Dotan.

Para el teniente Malik Grifat, también de 24 años, la muerte se produjo bajo una andanada de balas provenientes de la obscuridad de la noche, cuando encabezaba una patrulla a pie cerca del asentamiento judío de Dugit.

Docenas de soldados israelíes han sido muertos o heridos en semanas recientes, a medida que el centro del combate en los territorios palestinos cambió de la Ribera Occidental hacia la más sombría y confinada área de la Franja de Gaza. El primer ministro israelí, Ariel Sharon, así como otros oficiales militares de alto rango, ven a la Franja de Gaza como el próximo frente en la ofensiva israelí enfocada a aplastar la “infraestructura terrorista”, las células radicales y las fábricas de armas de la intifada palestina, o insurrección, que lleva dos años.

“La Franja de Gaza sirve como un centro para el Hamas”, aseguró Sharon el mes pasado, insinuando a grandes rasgos una gran ofensiva de Israel en la Franja de Gaza, similar a la incursión de la primavera pasada en la Ribera Occidental. “Llegará el día, tan pronto como organicemos las tropas necesarias, en que tendremos que efectuar este ataque”, afirmó.

La palabra Hamas es el acrónimo de Harakat Al-Muqawama Al-Islamiya, o Movimiento de Resistencia Islámica. Hamas literalmente denota celo o entusiasmo. El grupo se ha adjudicado la responsabilidad de veintenas de atentados suicidas con bombas y otros ataques en contra de civiles israelíes.

Ante los ojos de efectivos castrenses de Israel, la Franja de Gaza es un mal lugar pasando por los peores momentos.

“Tan sólo somos soldados haciendo el trabajo de un soldado”, expresó en fecha reciente el sargento Daniel Govaer, especialista en comunicaciones de combate, al tiempo que se encorvaba bajo el peso de su radio de campo, rifle M-16 y cargadores adicionales con munición de 5.56 mm.

“Todos saben que pueden morir aquí”, destacó Govaer, mientras la temperatura aumentaba a 34 grados centígrados y los diablitos de arena remolineaban por el desierto.

En una lucha que se va tornando más peligrosa y desesperada con cada día que pasa, tanto militantes como civiles palestinos ordinarios ven a las tropas israelíes y colonos judíos en la Franja de Gaza como enemigos e invasores –“legítimos objetivos militares”, según han dicho proponentes de la intifada–, incluso cuando el objetivo pudiera ser un infante en una guardería judía.

La Franja de Gaza consiste de 223 kilómetros cuadrados de dunas, matorrales pequeñas y congestionadas barriadas urbanas divididas entre Israel, Egipto y el Mar Mediterráneo. Eso equivale a las dimensiones de Washington, D.C. Ocupada por Israel desde la Guerra de los Seis Días en 1967, el área alberga aproximadamente 1.1 millón de palestinos, muchos de ellos refugiados, y aproximadamente 7 mil colonos judíos.

De acuerdo con cifras de Israel, en los seis meses pasados se han registrado más de mil 500 ataques en contra de posiciones militares de Israel o asentamientos judíos en la Franja de Gaza, incluyendo 682 enfrentamientos a tiros, 320 emboscadas con granadas, 284 ataques de mortero, así como 23 ataques con cohetes.

Si las tropas israelíes han sufrido una creciente cifra de bajas, los guerrilleros palestinos han sido más afectados, con 141 presuntos combatientes muertos y 400 heridos desde abril. Las muertes de civiles palestinos están en disputa, pero ciertamente ascienden a una gran cifra, contando a una familia de cuatro integrantes que fue muerta en agosto con un proyectil disparado por una tanqueta israelí.

“Se han cometido errores y palestinos inocentes han muerto a consecuencia de dichos errores”, reconoció el general Israel Ziv, comandante del sector norte. “Sentimos gran pesar por esas vidas perdidas. Pero, de la misma forma, se han presentado casos de adolescentes de 16 años de edad que atacan a israelíes con granadas. Y cuando respondemos con fuego, somos tildados de asesinos de niños”.

Esta guerra de emboscadas a medianoche y ataques en represalia se está librando en uno de los rincones más desagradables del mundo. Elevadas torres llenas de inquilinos y escuálidos enclaves de refugiados se alzan desde las brillante arena en medio de polvorientas granjas de higos, fábricas destartaladas y campamentos de beduinos sin un solo espacio restante para deambular.

Israel, famoso por transformar el desierto en tierra agrícola productiva, está revirtiendo el proceso en la Franja de Gaza, a medida que gigantescas niveladoras deshacen colinas enteras, despojan valles de cada ramita de vegetación, además de aplanar contornos de tierra hasta convertirlos en claros campos de fuego.

“Todo consiste en no dejarle al enemigo un solo lugar para ocultarse”, explicó el capitán Jacob Dallal, quien estaba parado en el parapeto que formaban costales en el puesto israelí de observación. “Si el territorio está en nuestra contra, podemos cambiar el territorio para que ningún terrorista pueda cruzar”.

Los soldados muestran un sombrío orgullo por el hecho de que ninguno de los atacantes suicidas que han atacado centros de población israelí, durante los nueve meses pasados, lo ha hecho desde la Franja de Gaza. A diferencia de la porosa Ribera Occidental, la Franja de Gaza está circundada por kilómetros y kilómetros de alambrada de púas y vallado eléctrico, además de que los perímetros son patrullados continuamente por tanquetas, vehículos blindados, helicópteros de combate tipo Apache que vuelan rasantes, aunado a infantería a pie.

“El trabajo nocturno es el peor trabajo”, expresó Govaer, quien viene de Indiana. “Cada sombra es peligrosa. Con todo, hay un sentido de propósito, incluso cuando se está sudando dentro de una trinchera, maldiciendo a las moscas”.

Concluyó: “Si mantenemos la frontera cerrada por completo, significa que estamos manteniendo afuera a los atacantes suicidas y a otros terroristas. Y ello significa que ciudadanos israelíes que pudieran haber perdido la vida sin ningún sentido están con vida. Y ese es el trabajo de un soldado”.

The New York Times News Service

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