Panamá, 4 de octubre de 2002
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Viruta y...

Sigo insistiendo en que los que tenemos la culpa de que las “las cosas estén como estén”, somos nosotros mismos

Juan B. McKay
jbmckay@aol.com

No creo que sean muchos los jóvenes que sepan quiénes fueron los famosos cómicos mexicanos Viruta y Capulina, pero les garantizo que no necesitarán mucha descripción para poder relacionarlos con políticos actuales. Verán: Viruta era delgado, supuestamente inteligente y mucho más osado que su compañero, Capulina; una figura regordeta, afable, algo tonto, sin disciplina, y lo peor era que pensaba que lo sabía todo y que todo el mundo “se creía” todo lo que él decía...

Recientemente escuché la intervención de un legislador de la República, quien luego de pedir la palabra durante el período de incidencias de nuestra Asamblea Legislativa, donde supuestamente se debería ir a legislar a favor de las grandes mayorías, empezó a leer un escrito que obviamente alguien más le había escrito, haciéndolo tan, pero tan mal, que efectivamente me recordó cuando Viruta le mandaba a Capulina a hacer algo por él, de manera que él no fuera castigado.

La nota en mención parecía escrita por alguien que no sabía que iba a ser leída por este flamante “padre de la patria” (de otra patria será, pues no lo reclamo como de la mía), y lo llenó de términos que la pobre víctima aparentaba no entender o verdaderamente no entendía. De igual manera utilizaba palabras que, a mi juicio, no eran congruentes con la conducta que este individuo ha venido mostrando en los últimos nueve meses.

La pregunta que ahora surge debería de ser entonces, ¿quién escribió el referido discurso?, o mejor todavía ¿a quién le cabe el nuevo apodo de “Viruta”? No tengo la menor idea, pero sí les puedo garantizar que pareciera ser el nuevo director de la orquesta que, amparándose bajo la cortina de “proteger” a los niños o promover valores (que muchos de estos servidores públicos parecen desconocer o no quieren practicar), quiere acallar las voces que se han atrevido a denunciar actos de corrupción, nepotismo, injusticia y ausencia de equidad.

Hay quienes hemos venido luchando por el rescate y promoción de los valores cívicos y morales; sí, como aquellos que muchos leímos en el libro de Urbanidad, de Carreño, y que muchos maestros ni siquiera han visto por fuera; y seguiremos luchando porque sean los valores los que prevalezcan por encima de los intereses personales de algunos pocos. Y con la misma vehemencia, ¡defenderemos el derecho de disentir, y a los medios de comunicación que nos permiten hacerlo!

Si quieren practicar las mismas costumbres que implantaron los militares que nos gobernaron por tantos años, se encontrarán con la misma resistencia y lucha frontal que aplicamos a aquellos dictadores que abusaron de nuestro pueblo. Recuerden que antes de la invasión estadounidense de 1989, ya los candidatos de los militares habían sido derrotados abismalmente.

Por eso sigo insistiendo en que los que tenemos la culpa de que las “las cosas estén como estén”, somos nosotros mismos. Fuimos nosotros quienes elegimos a estos legisladores que siguen anhelando las partidas circuitales, que quieren seguir disfrutando (o abusando, deberíamos decir) de privilegios como exoneraciones, jugosos salarios, inmunidades, y más.

Somos nosotros los que tendremos la oportunidad de volver a reelegir, o castigar en las urnas a quienes no quisieron despojarse de sus inmunidades para permitir ser investigados por la más bochornosa página jamás escrita en nuestra Asamblea Legislativa; somos nosotros los que no debemos permitir ser expuestos a diatribas, insultos y faltas de respeto, de parte de quienes fueron electos para servir a sus electores, no servirse de ellos.

De nosotros dependerá que los “Viruta y Capulina” no sigan prevaleciendo sobre aquellos legisladores que sí quieren a Panamá y a los panameños, y que están dispuestos a legislar a favor de nosotros, no a costa de nosotros.

El autor es periodista y empresario

Además en opinión

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Viruta y...: Juan B. McKay
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