Oposición maltrecha, espejismo o realidad
Si el Gobierno no es capaz de convertir el triunfo político del 1 de septiembre en mayor bienestar para la población, el disfrute de lo logrado será pasajero
Rafael Mezquita
Para algunos, los acontecimientos del pasado 1 de septiembre que produjeron el control oficial de la Asamblea, dejaron maltrecha a la oposición. En estas reflexiones veremos si tal percepción tiene fundamento o, por el contrario, no es más que un espejismo inmerso en el vasto desierto de desaciertos oficiales. Intentaremos encontrar las causas que produjeron dicho control tanto en las fuerzas opositoras como en las oficialistas, y haremos algunos pronósticos iniciales sobre el futuro político del país.
El entorno. A partir de los años 98-99 los sectores internos de la economía panameña –agropecuario, industrial, comercial y construcción– sufren un franco y sostenido decrecimiento, generando tal situación la tasa de desempleo más alta en nuestra historia reciente y el aumento asociado de la pobreza y de la delincuencia. Al gobierno actual le tocó la caída del ciclo económico y para reforzar dicha tendencia, algunas decisiones tomadas durante el primer año de la nueva administración contrajeron las inversiones privadas, principal fuente de empleo de nuestra economía. Después de tres años de desaceleración, la mayoría de nuestra población se manifiesta segura de que durante los dos años que le restan a este gobierno, la situación se mantendrá igual de mal o empeorará.
En tales circunstancias, la presidenta decidió que era mejor para sus intereses controlar directamente la Asamblea, que seguirse manejando con el opositor pacto META, a pesar de que en sus dos años de administración legislativa esa alianza política no entorpeció la gestión del Ejecutivo, ni alteró la mentada gobernabilidad del país. A mi juicio, son otros los objetivos buscados por el Gobierno para dicho control y los ubico en los bajos niveles de cultura política y tolerancia de quienes nos gobiernan, en su interés de dividir al PRD y en contar con todos los resortes del poder para administrar los difíciles años restantes de administración arnulfista, así como las elecciones del 2004.
En lo referente a los intereses del Gobierno, el control de la Asamblea no generará ninguna condición favorable dirigida a mejorar la maltrecha economía nacional o las malas condiciones de vida de los panameños. El control oficial de la Asamblea no representará nuevas inversiones al país, ni ayudará a disminuir la inseguridad jurídica, la inestabilidad política, la corrupción, el desempleo o la pobreza. En los próximos dos años el país seguirá igual, y con la movida de principios de septiembre lo que la presidenta obtuvo también fue mejorar sus condiciones de negociación frente a Alberto Vallarino, la mejor opción política del arnulfismo para las elecciones del 2004.
Por el lado del PRD, fueron elocuentes –y deberán leerse al revés– las palabras de Mitchel Doens, ideólogo de la conspiración, quien públicamente afirmó la semana pasada que la maniobra política del 1 de septiembre no busca dividir al partido. Para los pocos perredistas que se oponen a la conducción y eventual candidatura presidencial de Martín Torrijos, tales hechos estuvieron dirigidos a quebrar la percepción de fortaleza de su liderazgo interno.
¿Para qué? Para negociar su espacio dentro del colectivo (objetivo aparente) o para quebrar la unidad interna del partido (objetivo real). Agotada la etapa de simular la supuesta búsqueda de la negociación por mayores espacios, algunos de ellos se pasarán a las filas del adversario, culminando así su estrategia de dividir al PRD.
Algunos pronósticos. El Gobierno nacional no podrá alterar significativamente las pésimas condiciones sociales y económicas del país, y asegurado el control del Ejecutivo sobre los otros órganos del Estado, buscará cómo utilizarlo para sortear el vendaval social de los próximos meses. Más adelante y durante el proceso electoral, al no tener que someterse a la fiscalización de la Asamblea, el Ejecutivo utilizará a sus anchas los recursos públicos a su alcance para apoyar su oferta electoral del 2004. Por su lado, el PRD, al salirse del diálogo con el Gobierno envió la señal de distancia con la conducta oficial aquí pronosticada y no le quedará otra que subirle el tono y la frecuencia a las denuncias contra todos aquellos actos gubernamentales que apuntalen tal conducta.
Si el Gobierno no es capaz de convertir el triunfo político del 1 de septiembre en mayor percepción de bienestar para la población, el disfrute de lo logrado será pasajero y el 2 de mayo del 2004 vendrá, inexorablemente, lo que Torrijos denominaba el huerto de los papayos, que no es otra cosa que la factura social que todo pueblo le pasa a los que mal lo gobiernan. Entonces, los maltrechos de hoy se convertirán en los ganadores de mañana y los triunfadores del presente observarán atónitos cómo su mundo, supuestamente real, no era más que un mal espejismo.
El autor es ingeniero y consultor
Además en opinión
• Oposición
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Holder W. •
Desprecio al derecho de terceros: Flor Ortega •
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