Arcas de corales
Gabriel Despaigne C.
Especial para La Prensa
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Las estructuras de metal se irán recubriendo de roca caliza (CaCO3) o carbonato de calcio, lo que evitará la corrosión del hierro y las hará más pesadas y fuertes, acelerando el crecimiento del coral y formando un ecosistema saludable. Por lo general las estructuras están diseñadas para quedarse sumergidas para siempre.
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Como jardineros submarinos, biólogos de la Asociación Oceánica de Panamá transplantan corales enfermos con la esperanza de darles una nueva oportunidad de sobrevivir.
Y es que estos “arquitectos milenarios”, como también se les conoce a los corales, están en peligro de desaparecer. El exceso de sedimento debido a la tala de bosques, el vertimiento indiscriminado de aguas negras, la aparición de nuevas enfermedades, la minería de coral para relleno de pistas aéreas y para agrandar islas, así como el calentamiento global, están inclinando la balanza en contra de ellos.
Pero una nueva tecnología llamada Biorock™, desarrollada por el arquitecto Wolf Hilbertz y el biólogo Thomas Goreau de la Global Coral Reef Alliance puede ayudar. Consiste en conectar una baja corriente eléctrica a una estructura sumergida en el mar. Esto provoca la adhesión de roca caliza en el metal, evitando la corrosión y acelerando el crecimiento de los corales entre 6 y 10 veces más rápido que lo normal. También se puede utilizar para fabricar rompeolas y para generar material de construcción.
Para saber cómo aceleramos el crecimiento de los corales es necesario saber primero, cómo ellos hacen sus esqueletos. El coral se recubre de una mucosidad que tiene una carga eléctrica diferente a la del carbonato de calcio que está en el agua de mar; esto provoca que el carbonato se adhiera a la mucosidad y posteriormente el coral absorbe este carbonato y lo transforma en su esqueleto. Muy similar a cuando tomamos leche (la leche tiene calcio) y absorbemos el calcio para formar nuestros huesos.
Pero aquí viene lo interesante: al transplantar un coral a nuestra estructura de metal este coral obtiene el carbonato de calcio que necesita para crecer en forma más sencilla y sin tanto esfuerzo, por lo que el resultado es que crecen más rápido, de hecho lo que se hace en principio es copiar el sistema natural y acelerarlo.
En la comarca Kuna Yala ya se está utilizando el “biorock” para criaderos de corales, langostas y como rompeolas. Con la construcción en agosto del 2001 del Akuabisky Galu, una estructura en forma de “domo” , se dio inicio al proyecto de arcas de corales en Panamá, como un esfuerzo entre la Global Coral Reef Alliance, la Asociación Oceánica de Panamá (AOP) y la comunidad de Ukupseni. Desde entonces se han instalado 3 estructuras en los alrededores de la escuela y el Hotel Sapibenega, los que han adoptado el proyecto con entusiasmo, pues cada día son más los turistas que visitan estas arcas, por la gran biodiversidad que hay alrededor de ellas y porque ven cómo el ecoturismo puede ir de la mano con la conservación.
La dinámica que se desarrolla al instalar estas estructuras es interesante, porque en su construcción intervienen pescadores, voluntarios, autoridades, estudiantes de la Universidad de Panamá y científicos de la AOP, todos intercambiando información en un esfuerzo común por proteger nuestra herencia natural, en donde todos aprendemos a utilizar esta nueva tecnología.
Otra ventaja de los criaderos, es que los corales resisten mejor los cambios de temperatura. Se ha observado un promedio de sobrevivencia del 80% durante eventos de calentamiento, como el de 1998 en las islas Maldivas. También hay criaderos en Indonesia, Jamaica, México y Seychelles.
Es importante señalar que estas iniciativas necesitan de mas apoyo por parte de instituciones, Gobierno, y empresa privada, ya que los estudios indican que de mantenerse el ritmo de aumento de la temperatura, dentro de 25 años habremos perdido el último remanente de arrecifes de coral y lo peor es que será para siempre. Más preocupante aún es la bomba social que está por estallar, como resultado del deterioro de estos frágiles ecosistemas, aumentándose así la presión sobre las cuencas en tierra firme.
(El autor es vicepresidente de la Asociación Oceánica de Panamá)
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