No está en las páginas amarillas, pero...
Compatriotas, ¡el sistema sí funciona! Los que no funcionamos somos los hombres y mujeres que nos hemos acostumbrado a soportar todo lo que nos pongan por delante
Juan B. McKay
jbmckay@aol.com
Correo directo, correos y telégrafos, cortadores de céspedes... Efectivamente no aparece en las “páginas amarillas”, así que, según la publicidad, ¡no existe! Sin embargo, más de cuatro hemos venido denunciando actos de corrupción que vienen sucediendo desde hace muchos años y que parecieran ser más notorios recientemente en nuestro país.
Lo interesante es que dichos actos de corrupción no se dan sólo en las esferas gubernamentales, sino que hemos sido testigos como otrora prestigiosos empresarios se han visto beneficiados por sinvergüenzuras (no sé de qué otra forma se les puede llamar) que han realizado en perjuicio de un número significativo de personas que confiaron en sus empresas, instituciones bancarias, etc.
Uno de los más recientes casos que se ha vinculado a la corrupción es el de un legislador de la República que se autoincriminó por haber recibido un soborno, a cambio de votar a favor de la aprobación de un contrato ley. Este, a su vez, involucró en el mismo acto a varios otros de sus colegas (aunque en los pasillos se aseguraba que había más de los que este “padre de la patria” acusaba), mientras que a quienes él acusaba, lo acusaban a él de haber sido sobornado para votar a favor de la ratificación de un colega legislador suyo y de un miembro del Gabinete muy allegado a la jefa del Ejecutivo.
No quiero caer en los dimes y diretes que abundaron en los medios en esos días, pero sí creo que es importante destacar que la percepción generalizada de la población es que desde ese fatídico mes de enero se desencadenó una epidemia de “corrupcionitis”. Por pura coincidencia, dos de los legisladores de oposición que habían sido acusados de ser sobornados para votar a favor de los dos designados, ocupan hoy, uno la presidencia de la Asamblea y, el otro, la presidencia de una de las comisiones de la misma, y ninguno contó con los votos de su propia bancada.
Algunos meses después se propone como nuevo magistrado a la Corte Suprema de Justicia a quien reemplazó al ministro de la vuelta anterior, nuevamente vinculado, profesionalmente en esta ocasión, a la presidenta de la República. Dos ministros y un legislador...
De inmediato surgen las críticas, fundadas e infundadas; brota la justificación tradicional: ¿Si antes se hacía así, por qué no se criticaba con tanta vehemencia? ¿Nadie ha violado la ley, no? ¡No es pecado! ¡Efectivamente es así! A mí me enseñaron que la mujer del César no sólo debe serlo, sino parecerlo... ¿Si fue tan criticada por qué insistir? ¿Por qué no haber buscado otro Adán Arnulfo Arjona? ¿No existe dentro de sus filas? No lo creo, pues conozco más de tres que perfectamente hubieran podido haber enriquecido la calidad de juristas que dirigen la CSJ. Y lo más interesante es que ninguno está vinculado al Organo Ejecutivo o al Organo Legislativo. No son dirigentes de ningún partido y tienen un alto nivel de solvencia moral.
Compatriotas, ¡el sistema sí funciona! Los que no funcionamos somos los hombres y mujeres que nos hemos acostumbrado a soportar todo lo que nos pongan por delante. ¿Será una cuestión cultural? Esperamos a que alguien nos solucionara nuestra independencia de España; después, pedimos ayuda para separarnos de Colombia; tuvimos que soportar una invasión para liberarnos de Noriega, y seguimos y seguimos y seguimos...
Tenemos la obligación de ser partícipes y de aportar soluciones. Ojalá y las propuestas del nuevo proyecto “Cabildo Abierto”, que organiza el Movimiento Ciudadano Anticorrupción, no caigan en oídos sordos y nos incentiven a involucrarnos un poquito más en las cosas que nos atañen a todos. Entendamos que este país es de todos; sí, de nosotros, ¡pero también de nuestros hijos y nietos! ¿Es éste el país en el que queremos que ellos vivan?
El autor es empresario, periodista e integrante del Movimiento Ciudadano Anticorrupción
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