Panamá, 20 de septiembre de 2002
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Bacho...compañero de lucha y de trabajo

Conocí a David en la lucha contra la dictadura, en el PAPO...y en la calle marchando y protestando. Siempre hizo honor a su raíz familiar

I. Roberto Eisenmann

David Bacho Sánchez, compañero de luchas y de trabajo, hizo el tránsito de una vida a la otra dejándonos a todos en un estado de shock. Horas antes conversábamos en una reunión telefónica de lo más bien, y sin señal alguna de problemas de salud; horas después amaneció sin vida terrenal. Fue una partida “de premio” como la que quisiéramos todos, sin calvario. Sentado, viendo televisión, se quedó dormido y no despertó. Se fue con una expresión de placidez que constituye un mensaje; los que sufrimos somos los que quedamos, que sentimos con dolor profundo su ausencia.

Conocí a David en la lucha contra la dictadura, en el PAPO...y en la calle marchando y protestando. Siempre hizo honor a su raíz familiar.

Un día me llamó Guillermo Sánchez y me dijo: “Bobby, Bacho, mi sobrino, se viene (de Bocas del Toro) para Panamá y va a estar buscando trabajo; se te ocurre algo para él?”. En esos momentos estaba por salir para atender a unos extranjeros en Coronado; lo llamé y le dije que me encontrara en Paitilla y me acompañara para que habláramos en el camino (el viaje era en helicóptero alquilado, porque tenía que estar de vuelta en un par de horas). Llegando a Coronado sobrevolamos y le dije a Bacho: “¿Ves esa gran extensión de verde?...esa es la cancha de golf. Tú eres agrónomo; ¿te atreves a encargarte de ella?”. Me contestó: “me atrevo a aprender”...y le dije: “pues bien eres desde hoy el superintendente de la cancha de golf de Coronado”.

Así nos convertimos, además, en compañeros de trabajo. Muy rápidamente Bacho, por su inteligencia superior y su extraordinario don de gente, fue escalando en la organización hasta llegar a ser miembro del equipo ejecutivo, a director administrativo y financiero y, finalmente, a encargado de toda la urbanización de Coronado. Era para todos los efectos prácticos, el “alcalde” privado de Coronado. Mi primo George Downing, encargado del Abierto Internacional de Golf que hacemos en Coronado todos los años, tenía como contraparte en Panamá a Bacho, y no deja de llorarlo.

Tuve el privilegio de visitar Bocas del Toro junto con mi hijo Eduardo, teniendo como guía a Bacho, quien a pesar de tantos años en Panamá siempre conservó el “ritmo de isla”. Se movía con calma. Nunca le hizo falta correr. Fue una visita inolvidable. Caminábamos por las calles de Bocas (¡siempre por el centro de la calle!) y de todas las casas salían cariñosos gritos “¡Hey, wapin Bacho! A partir de ese viaje mi hijo Eduardo siempre saludaba a David con “¡wapin Bacho!”. Como a toda la familia Sánchez, la gente de Bocas del Toro le tenía sincero cariño y respeto.

En Coronado logró el cariño de todos sus compañeros de trabajo. Jamás recibieron de él un mal gesto. Siempre fue más que jefe, compañero, resolviéndoles sus problemas e inquietudes. Como no podían viajar todos a su sepelio, se celebró un segundo sepelio, a la misma hora, en la iglesia de Chame.

Como familia sentiremos con agudo dolor la ausencia del compañero de luchas y de trabajo. Sólo nos puede confortar el saber que el Supremo lo premió con una transición privilegiada, no solo sin sufrimiento sino casi con felicidad.

Hasta luego, hermano Bacho.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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