¿Quiénes deben gobernar?
Democracia es libertad en
el juego de las ideas, amplitud en el enfoque de las situaciones
humanas, y no doctrina que defiende los privilegios de los sectores
pudientes
José Franco
Evenstein, un pensador inglés, sostiene que el hombre humanista con sensibilidad social y formación intelectual integral está más a tono con los intereses y sentimientos del pueblo, que otros ciudadanos (militares, técnicos, comerciantes, abogados, economistas), por ejemplo, forjados con un tipo de educación unilateral que les niega a emitir conceptos universales de las decisiones que se deben tomar para gobernar en beneficio de las masas. No obstante, agrega, que han existido y existen gobernantes con una educación humanista, científica y técnica a la vez, y que eso es lo ideal. El pragmatismo educativo –concluye– hace ver la vida con un principio frío y deshumanizado (el neoliberalismo).
En América Latina, militares, comerciantes, economistas, abogados, han estado en el poder desde 1821 y su resultado fue y es catastrófico en un continente cada vez más pobre y corrupto.
La herencia humanista científica legada por libertadores y maestros (Bolívar, Andrés Bello, Martí, Morelos, Vasconcelos, Humbolt, etc.) ha sido desplazada.
¿Cuál es la situación real? Es que en nombre de la democracia se han cometido y se cometen las desventuras más infinitas. El concepto de democracia lo han desvirtuado. Democracia es libertad en el juego de las ideas, amplitud en el enfoque de las situaciones humanas, y no doctrina que defiende los privilegios de los sectores pudientes, como hasta ahora la han entendido. Porque aunque sí es verdad que las defiende, la democracia no se detiene allí solamente, sino que es extensiva a todos los sectores sociales de la nación.
Conviene resaltar que como fórmula de gobierno sus orígenes se remontan a la Grecia antigua, donde surgieron sus principales teóricos, filósofos como Platón, Sócrates y otros cultores de pensamiento que la consideraban un sistema ideal para una república ideal. Un sistema donde “el hombre es la medida de todas las cosas y no la empresa”.
Un sistema donde todos los ciudadanos tuvieran acceso al Agora abierta, donde los griegos debatían ampliamente los pasos del Estado. Hay que aclarar, sin embargo, que en la época griega de entonces no había surgido el sistema capitalista con todos sus vicios y virtudes, ya que era una sociedad eminentemente agraria, basada en la mano de obra gratuita.
En síntesis, el fracaso universal de nuestro tiempo radica en que el hombre es un gigante en el manejo de la técnica al servicio del lucro y un primitivo en la solidaridad con el género humano.
El autor es poeta y escritor
Además en opinión
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deben gobernar?: José Franco
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