Panamá, 18 de septiembre de 2002
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La doctrina Bush: guerra permanente e intervención militar

Las personas más sensatas de ese país tienen que entender que su Gobierno está planteando una estrategia de lucha antiterrorista equivocada

Severino Mejía

Los tambores de guerra resuenan en Washington. Los sables están próximos a ser desenvainados a menos que la comunidad internacional impida tal acción. El ataque preventivo que intenta realizar el presidente de Estados Unidos contra Irak, no ha encontrado el eco en sus principales aliados europeos, salvo Gran Bretaña e Israel, este último por razones obvias.

Desde los lamentables hechos del 11 de septiembre del 2001, la política exterior de Estados Unidos ha tenido un cambio radical que ha despertado inquietud entre propios y extraños. Los comentarios adversos de esa política no provienen únicamente de enemigos de Estados Unidos, sino también de su propia gente y no cualquiera. El ex presidente Carter elaboró un documento muy sesudo en el que cuestiona acremente las intenciones de Bush y el impacto futuro de su política guerrerista en las relaciones internacionales. Muchos periodistas de prestigiosos medios de comunicación escrita de ese país han emitido su opinión al respecto. Con esto quiero decir que ahora los defensores de la política de Bush no pueden alegar que los cuestionamientos provienen de comunistas adormecidos.

Percibo que la política exterior de Washington está siendo manejada por los halcones, principalmente el secretario de Defensa, Rumsfeld. El cantalante de la tuna es este señor que ahora usurpa las funciones del secretario de Estado, Collin Powell, y del jefe de la CIA. Y esto es sumamente peligroso cuando se le escucha manifestar que hay que usar la fuerza contra dirigentes extranjeros, calificados por ellos como promotores del terrorismo, con el total desconocimiento de los dirigentes de esos países.

Bajo la proclama de lucha a muerte contra el terrorismo se están violentando derechos en el propio Estados Unidos, que en el pasado era impensable. Todo se vale ahora. Muchos ciudadanos estadounidenses de origen árabe fueron detenidos sin poder recibir asistencia legal, acusados de ser sospechosos. Qué decir de los soldados talibanes confinados en la base militar de Guantánamo. Con solo leer lo que dijo el secretario de Defensa, Rumsfeld, ya tengo una idea de lo que está sucediéndoles a estos señores. “No serán liberados aunque un día se les juzgue y se les declare inocentes”, fue lo que dijo Rumsfeld a los medios. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

La Organización de Naciones Unidas debe ser firme en asegurar que la postura del gobierno de Bush no tiene cabida en el orden jurídico internacional. Por otro lado, debe exigir al Gobierno de Irak permitir, sin condición alguna, la llegada y movilización, sin restricción, de los observadores internacionales para confirmar o no si ese país está construyendo armas de destrucción masiva. Logrado esto, Estados Unidos no tiene ningún argumento de peso para afirmar que Irak representa una amenaza a la comunidad internacional. Si el Gobierno de Irak se opone a la inspección, luego entonces es la ONU, a través del Consejo de Seguridad, la que debe decidir la acción a seguir que en última instancia puede llegar a ataques armados, pero de manera multilateral y no unilateral como pretende Estados Unidos.

Uno de los argumentos que arguye el Gobierno de Estados Unidos es que Irak ha incumplido numerosas resoluciones que le ha impuesto Naciones Unidas, asunto que es cierto, sin embargo se hace de la vista gorda o ignora las resoluciones de condena contra Israel para que abandone los territorios ocupados por sus fuerzas armadas desde la guerra de los seis días de 1967. Esa es la doble moral que siempre he cuestionado por parte de sus gobernantes. Las relaciones internacionales no se pueden manejar con ambigüedades o dobles fondos por el solo hecho de ser potencia. Y esto es lo que está sucediendo actualmente.

El terrorismo como tal es una enfermedad que debe ser erradicada de la faz de la tierra con el concurso de todos los gobiernos democráticos del mundo, entre estos, Estados Unidos que sufrió el peor de los ataques de esta índole en su territorio. Sin embargo, esta lucha frontal de carácter multilateral no puede ser utilizada como argumento para alcanzar otros objetivos ajenos al espíritu de lucha a que todos nos hemos comprometido. A pesar de que Irak está gobernado por un sátrapa y ególatra como lo es Sadam Huseim, no es menos cierto que hay otros gobiernos abusivos que apoyan la lucha contra el terrorismo y son perdonados o ignorados por Estados Unidos.

Por otra parte, me parece inaceptable que Estados Unidos esté retando al mundo en su intento unilateral de atacar a Irak, a pesar de los múltiples compromisos internacionales de los cuales es garante y que fueron aprobados por su Congreso. No puede ser aceptado, de igual forma, el surgimiento en ese país de voces beligerantes y guerreristas que estén aupando conflictos internacionales, en aras de la lucha contra el terrorismo para sacar dividendos políticos o económicos.

Las personas más sensatas de ese país tienen que entender que su Gobierno está planteando una estrategia de lucha antiterrorista equivocada. No es la amenaza de ataques a diestro y siniestro lo que va a acabar con este fenómeno. El remedio puede ser peor que la enfermedad. No sé si los asesores de Bush que estén detrás de los halcones o las instancias de seguridad, llámense CIA, FBI, Consejo de Seguridad, etc., han evaluado el alcance o efecto de un ataque unilateral de Estados Unidos contra Irak. Si en la actualidad hay un odio profundo de los extremistas contra todo lo que represente EU, imagínense cuál sería el resultado de un ataque contra Irak. Esto sería echarle más leña al fuego, y ningún estadounidense e intereses de ese país estarían seguros en el mundo.

Y esto tienen que saberlo de antemano. Muchas acciones realizadas no se han cumplido. Los objetivos en Afganistán se han logrado a medias. Salvo la salida de los medievales talibanes, creo que algunas cosas continúan igual. No puedo negar que se han dado algunos cambios como lo es la educación de las niñas y mujeres, sin embargo, la violencia persiste. Las fuerzas de ocupación tendrán que permanecer un tiempo más en Afganistán para evitar que los señores de la guerra de ese país vuelvan a cometer atrocidades contra su pueblo, principalmente contra las mujeres. La lealtad comprada es efímera. La Alianza del Norte que luchó contra los talibanes se desintegró. Me atrevo a afirmar que una vez se retire EU, surgirán otros grupos tipo Talibán a tomar el control del país con las atrocidades correspondientes.

Con esto quiero concluir que la política exterior de EU exclusivamente militar no es el mejor medio para resolver los problemas en la lucha contra el terrorismo. Estados Unidos, como primera potencia del mundo y garante de la libertad y democracia, debe poner el ejemplo ante el resto de las naciones. Si sus intenciones son favorecer a los guerreristas que son parte interesada de las grandes empresas fabricantes de armamentos, entonces estamos arando en el desierto. Las consecuencias serán impredecibles, con secuelas en aquellos países que ya no queremos ser sus clientes permanentes por el querer de él.

El autor es licenciado en relaciones internacionales

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