La doctrina Bush: guerra permanente
e intervención militar
Las personas más sensatas
de ese país tienen que entender que su Gobierno está planteando
una estrategia de lucha antiterrorista equivocada
Severino Mejía
Los tambores de guerra resuenan en Washington.
Los sables están próximos a ser desenvainados a menos que la comunidad
internacional impida tal acción. El ataque preventivo que intenta
realizar el presidente de Estados Unidos contra Irak, no ha encontrado
el eco en sus principales aliados europeos, salvo Gran Bretaña e
Israel, este último por razones obvias.
Desde los lamentables hechos del 11 de septiembre
del 2001, la política exterior de Estados Unidos ha tenido un cambio
radical que ha despertado inquietud entre propios y extraños. Los
comentarios adversos de esa política no provienen únicamente de
enemigos de Estados Unidos, sino también de su propia gente y no
cualquiera. El ex presidente Carter elaboró un documento muy sesudo
en el que cuestiona acremente las intenciones de Bush y el impacto
futuro de su política guerrerista en las relaciones internacionales.
Muchos periodistas de prestigiosos medios de comunicación escrita
de ese país han emitido su opinión al respecto. Con esto quiero
decir que ahora los defensores de la política de Bush no pueden
alegar que los cuestionamientos provienen de comunistas adormecidos.
Percibo que la política exterior de Washington
está siendo manejada por los halcones, principalmente el secretario
de Defensa, Rumsfeld. El cantalante de la tuna es este señor que
ahora usurpa las funciones del secretario de Estado, Collin Powell,
y del jefe de la CIA. Y esto es sumamente peligroso cuando se le
escucha manifestar que hay que usar la fuerza contra dirigentes
extranjeros, calificados por ellos como promotores del terrorismo,
con el total desconocimiento de los dirigentes de esos países.
Bajo la proclama de lucha a muerte contra
el terrorismo se están violentando derechos en el propio Estados
Unidos, que en el pasado era impensable. Todo se vale ahora. Muchos
ciudadanos estadounidenses de origen árabe fueron detenidos sin
poder recibir asistencia legal, acusados de ser sospechosos. Qué
decir de los soldados talibanes confinados en la base militar de
Guantánamo. Con solo leer lo que dijo el secretario de Defensa,
Rumsfeld, ya tengo una idea de lo que está sucediéndoles a estos
señores. “No serán liberados aunque un día se les juzgue y se les
declare inocentes”, fue lo que dijo Rumsfeld a los medios. Saquen
ustedes sus propias conclusiones.
La Organización de Naciones Unidas debe ser
firme en asegurar que la postura del gobierno de Bush no tiene cabida
en el orden jurídico internacional. Por otro lado, debe exigir al
Gobierno de Irak permitir, sin condición alguna, la llegada y movilización,
sin restricción, de los observadores internacionales para confirmar
o no si ese país está construyendo armas de destrucción masiva.
Logrado esto, Estados Unidos no tiene ningún argumento de peso para
afirmar que Irak representa una amenaza a la comunidad internacional.
Si el Gobierno de Irak se opone a la inspección, luego entonces
es la ONU, a través del Consejo de Seguridad, la que debe decidir
la acción a seguir que en última instancia puede llegar a ataques
armados, pero de manera multilateral y no unilateral como pretende
Estados Unidos.
Uno de los argumentos que arguye el Gobierno
de Estados Unidos es que Irak ha incumplido numerosas resoluciones
que le ha impuesto Naciones Unidas, asunto que es cierto, sin embargo
se hace de la vista gorda o ignora las resoluciones de condena contra
Israel para que abandone los territorios ocupados por sus fuerzas
armadas desde la guerra de los seis días de 1967. Esa es la doble
moral que siempre he cuestionado por parte de sus gobernantes. Las
relaciones internacionales no se pueden manejar con ambigüedades
o dobles fondos por el solo hecho de ser potencia. Y esto es lo
que está sucediendo actualmente.
El terrorismo como tal es una enfermedad
que debe ser erradicada de la faz de la tierra con el concurso de
todos los gobiernos democráticos del mundo, entre estos, Estados
Unidos que sufrió el peor de los ataques de esta índole en su territorio.
Sin embargo, esta lucha frontal de carácter multilateral no puede
ser utilizada como argumento para alcanzar otros objetivos ajenos
al espíritu de lucha a que todos nos hemos comprometido. A pesar
de que Irak está gobernado por un sátrapa y ególatra como lo es
Sadam Huseim, no es menos cierto que hay otros gobiernos abusivos
que apoyan la lucha contra el terrorismo y son perdonados o ignorados
por Estados Unidos.
Por otra parte, me parece inaceptable que
Estados Unidos esté retando al mundo en su intento unilateral de
atacar a Irak, a pesar de los múltiples compromisos internacionales
de los cuales es garante y que fueron aprobados por su Congreso.
No puede ser aceptado, de igual forma, el surgimiento en ese país
de voces beligerantes y guerreristas que estén aupando conflictos
internacionales, en aras de la lucha contra el terrorismo para sacar
dividendos políticos o económicos.
Las personas más sensatas de ese país tienen
que entender que su Gobierno está planteando una estrategia de lucha
antiterrorista equivocada. No es la amenaza de ataques a diestro
y siniestro lo que va a acabar con este fenómeno. El remedio puede
ser peor que la enfermedad. No sé si los asesores de Bush que estén
detrás de los halcones o las instancias de seguridad, llámense CIA,
FBI, Consejo de Seguridad, etc., han evaluado el alcance o efecto
de un ataque unilateral de Estados Unidos contra Irak. Si en la
actualidad hay un odio profundo de los extremistas contra todo lo
que represente EU, imagínense cuál sería el resultado de un ataque
contra Irak. Esto sería echarle más leña al fuego, y ningún estadounidense
e intereses de ese país estarían seguros en el mundo.
Y esto tienen que saberlo de antemano. Muchas
acciones realizadas no se han cumplido. Los objetivos en Afganistán
se han logrado a medias. Salvo la salida de los medievales talibanes,
creo que algunas cosas continúan igual. No puedo negar que se han
dado algunos cambios como lo es la educación de las niñas y mujeres,
sin embargo, la violencia persiste. Las fuerzas de ocupación tendrán
que permanecer un tiempo más en Afganistán para evitar que los señores
de la guerra de ese país vuelvan a cometer atrocidades contra su
pueblo, principalmente contra las mujeres. La lealtad comprada es
efímera. La Alianza del Norte que luchó contra los talibanes se
desintegró. Me atrevo a afirmar que una vez se retire EU, surgirán
otros grupos tipo Talibán a tomar el control del país con las atrocidades
correspondientes.
Con esto quiero concluir que la política
exterior de EU exclusivamente militar no es el mejor medio para
resolver los problemas en la lucha contra el terrorismo. Estados
Unidos, como primera potencia del mundo y garante de la libertad
y democracia, debe poner el ejemplo ante el resto de las naciones.
Si sus intenciones son favorecer a los guerreristas que son parte
interesada de las grandes empresas fabricantes de armamentos, entonces
estamos arando en el desierto. Las consecuencias serán impredecibles,
con secuelas en aquellos países que ya no queremos ser sus clientes
permanentes por el querer de él.
El autor es licenciado en relaciones internacionales
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