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Enorme planilla
Guillermo A. Cochez
gcochez@cableonda.net
Luego del habeas data que nos concedió la Corte Suprema de Justicia, a pesar de la reiterada renuencia del ministro de Relaciones Exteriores de hacer pública la planilla de dicho ministerio, esta se ha podido analizar, a través del webpage mire.com.gob. Ahora también la vemos en defensoríadelpueblo.gob.pa. donde advierten que está incompleta. Comparto algunas de las cosas encontradas y que nos hacen concluir, luego de analizarlas con algunos expertos, que nuestra Cancillería tiene una enorme planilla, lo cual no es óbice, sin embargo, para que el Estado panameño esté deficientemente representado internacionalmente.
No es necesario abundar en lo importante que cada día se vuelven las relaciones entre los Estados, si tomamos en cuenta el rumbo que sigue la humanidad con su globalización. Dentro de esa perspectiva cada Estado debe estar bien representado y debe contar con una Cancillería que tenga los instrumentos necesarios, tales como personal humano capacitado, equipo moderno, etc. para poder desempeñar una función que redunde en beneficio del desarrollo integral de la nación. Sin embargo, no es el caso de la Cancillería al escrutar la forma como se utilizan sus recursos económicos, a través del análisis de su planilla.
Relaciones Exteriores cuenta con mil 57 funcionarios, contados desde el canciller, el personal que labora en la sede principal, hasta los miembros de las 52 misiones diplomáticas en distintos países y organismos internacionales. De ese total, aparecen 292 funcionarios asignados en el Servicio Exterior de la República, con una verdadera disparidad en cuanto a salarios, gastos de representación y los denominados gastos viáticos o contingencias, que no son más que los asignados para cubrir las necesidades de vivienda personal y demás emolumentos de cada funcionario en el servicio exterior. Como diríamos, para que te pierdas de aquí, te damos esto más.
¿Por qué son tan disparejos estos viáticos? En el caso de la Embajada de Panamá en Japón, Raúl Adames (arnulfista) está designado como embajador y cónsul y recibe mensualmente un total de 55 mil dólares, dividido entre mil 500 dólares de salario (aviso para el Seguro Social), 8 mil 500 de gastos de representación y la astronómica suma de 45 mil dólares de gastos de contingencias. Sumado a ello, le corresponde por ley, como además de embajador es cónsul general, el 8% de lo recaudado mensualmente en el consulado, cifra que varía mensualmente, pero que se ubica entre los 35 mil y 40 mil dólares cada mes. El caso de la embajada ante la Santa Sede, cargo que ocupa la abuela de los hijos del ministro de turno, allí la funcionaria recibe un ingreso mensual global de 12 mil 600 dólares, distribuidos en mil 500 dólares de salario (ojo Seguro Social), 4 mil 650 de representación y 6 mil 350 de los denominados viáticos de contingencias. Vale la pena mencionar que en Italia también hay acreditada una embajada y está la FAO con otra persona con salario de embajador.
A la situación anterior hay que agregar otras que se presentan en otras sedes, donde los embajadores reciben gastos de contingencias y, sin embargo, viven en sus propias viviendas, ya que este gobierno ha nombrado embajadores a personas residentes en las mismas naciones e inclusive con la nacionalidad del país donde residen. Este es el caso, entre otros, de Costa Rica, Chile, Ecuador y España, cuyos embajadores viven en sus propias residencias, pero reciben del Estado dinero para sufragar dichos gastos. Por ejemplo, en Costa Rica, la embajadora recibe mil 500 dólares de salario (ojo Seguro Social), 3 mil 280 de representación y 4 mil 300 para vivienda y otros. Qué bonita práctica de nombrar a personas (embajadores y agregados) para que nos representen siendo ciudadanos del país donde está acreditado. Es peligrosa esta práctica ya que nos gustaría saber a qué bandera responden al desempeñar sus funciones, si sus hijos o cónyuge son nacionales del país donde sirven.
Aunado a ello, hay que señalar que muchos prefieren que se les nombre dentro de los escalafones de la carrera diplomática y no de agregados. ¿Por qué? Sencillamente porque los países signatarios de la Convención de Viena, en materia diplomática, de la cual Panamá es parte, brindan escalonadamente algunos beneficios a los funcionarios diplomáticos rentados, tales como exoneraciones de automóviles y de licor. Nuestro Código Penal sanciona la usurpación de funciones públicas. Para ser miembro u ocupar un rango de carrera diplomática, el individuo debe ingresar a ésta mediante un concurso público. Una vez ganado el concurso, debe iniciar con el rango de tercer secretario, hasta llegar al de ministro consejero y/o embajador de carrera. Hay funcionarios designados en distintas misiones con rango de consejeros o ministros consejeros, que no son de carrera diplomática ni nunca han concursado y eso a todas luces es una usurpación de funciones públicas. Por supuesto, con jugosos salarios y gastos con que no cuentan los estudiosos de la materia que ingresaron a la carrera diplomática vía concurso público. Este mal se repite gobierno tras gobierno.
En todo el servicio diplomático panameño solamente están nombrados 61 profesionales de relaciones internacionales, entre los miembros de la carrera diplomática, y los licenciados en relaciones internacionales que laboran en la sede de la Cancillería. Es decir que de los mil 57 empleados con que cuenta el Ministerio de Relaciones Exteriores, 61 son especialistas en la materia (menos del 6%) y 996 son de todo un poco, pero más que todo parientes, amigos, compadres, copartidarios o ... Hay que señalar que aparecen en la planilla 160 puestos interinos eventuales, que nos gustaría saber a qué obedece tanta interinidad y qué funciones llevan a cabo. Hay otros casos en que no encontramos el puesto que ostentan, ejemplo, el de Carlos Blandón, que recibe mil 150 dólares de salario y 3 mil 850 de gastos de contingencias, para un total de 5 mil 350 dólares mensuales.
En la planilla del Ministerio de Relaciones Exteriores los jugosos ingresos mensuales no son privativos para la gente preparada y que ha ganado concursos, ni tampoco lo están recibiendo de acuerdo con el lugar donde laboran aquí en Cancillería o en otro país. Dejemos por favor de seguir dando la imagen de irresponsables ante la comunidad internacional. Para ello, debemos eliminar gran parte de agregados, que suenan popularmente como “botellas”, enquistados en nuestro servicio exterior y en el Ministerio de Relaciones Exteriores. ¿Por qué razón Panamá no puede contar con embajadas donde funcione un embajador y dos o tres funcionarios profesionales de relaciones internacionales? ¿Se imaginan lo que se ahorraría el Estado panameño, y lo distinto que sería la imagen que promoviera nuestro país en el Concierto de las Naciones?
De todas las promesas vacías e incumplidas que contiene el plan de gobierno que nos propusieron los actuales gobernantes en 1999, bajo el título “Una propuesta para el cambio”, copia del cual se encuentra en el webpage presidencia.gob.pa/punto38.html, las que tienen que ver con las relaciones exteriores han sido de las más olvidadas, en especial aquella que en el punto No. 3 señala “Instituiremos la carrera diplomática para profesionalizar su personal”. Estemos pendientes para que en el plan de gobierno del actual canciller y precandidato presidencial no nos vayan a repetir esta misma promesa electoral.
El autor es abogado y ex legislador de la República
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