Panamá, 13 de septiembre de 2002
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¡Ay Alberto!, tan lejos de Mireya

Luego de meses de una oposición tildada por adversarios PRD de colaboracionista, desde el 2001 Martín eleva el tono, o más bien, lo baja a la tierra

Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx

En esta alegre nación, quirománticos, pitonisas, y sus herederos postmodernos, los politólogos sabihondos, ya nos adivinan que el electorado cambió y que en el 2004 castigará a los políticos tradicionales. Sueñan que Alberto liderará una tercera fuerza triunfante, pero lejos del arnulfismo desgastado.

Mientras el votante, ajeno a semejantes visiones, seguirá mirando a los cielos para elegir a quien parezca flotar con gracia más cerca de Dios. Luego saldrá a buscar lógica para justificar su decisión. Así, en el 99, Mireya evidenciaba el currículum menos lucido. Pero su elector justifica el voto aduciendo que ésta conseguiría asesores y ministros calificados. Aunque medios y contrincantes arreciaban señalamientos de incapacidad, los dardos rebotaban en un blindaje de mujer frágil y de origen humilde, mientras su votante la ponía por los cielos.

Un siglo de historia electoral reclama a Panamá como una arena bipartidista que asfixia terceras fuerzas. Luego de tres lustros sin partidos, los sabihondos adivinan la desaparición del panameñismo, pero éste se inscribe en tres días. El mismo ´83, a la sombra del gobierno, emerge la otra fuerza antagónica, el PRD.

Luego de la invasión, los sabihondos vuelven y patinan cuando pronostican la destrucción del PRD. No pasaron cinco años para que éste volviera y trepara la silla. Todos los Papo, Papa Egoró, Molirena, civilistas, democristianos, o cualquiera que trató de terciar, a despecho de magníficos candidatos, pasaron como distracciones. Aquel no santiguado por los “desgastados” que halan votos en grande, nunca remonta las alturas. Pero la historia tampoco es lineal, y quizás sea Vallarino, si lo hace mejor, el llamado a torcerla.

Quienes abanicaron a Vallarino, animados por los vientos de cambio venezolano, mexicano, colombiano, tico, apuestan por la disidencia. Pero en el ´99, el antológico y feroz bipartidismo, retorna. El votante relega a los partiditos de Acción Opositora a tercer lugar. Aquel sambenito de “mal perdedor” y de “banquero engreído” que temprano el arnulfismo cuelga, prima en la decisión del votante, más que un currículum lustroso. Tan pesado fardo le impide remontar vuelo. El “engreído” nunca entraña peligro para una Mireya menudita pero redentora del cambio, ni para el príncipe del idealismo, Martín, quienes, livianos cuales ángeles, flotan con gracia y naturalidad.

Luego de meses de una oposición tildada por adversarios PRD de colaboracionista, desde el 2001 Martín eleva el tono, o más bien, lo baja a la tierra. Deja atrás la crítica constructiva y altruista para asumir un discurso de barricada. Desde la crisis del CEMIS y los Afudólares, en enero, hasta la reciente pérdida de la mayoría legislativa, no deja dudas de que el tono de confrontación ahora no tiene nada que ver con aquel anterior casi angelical.

El Torrijos actual encarna a un gladiador de carne y hueso, capaz de blandir epítetos altisonantes. Omar en los cielos, y Martín aquí en la tierra exorcizando demonios mireyistas. Pero al apelar al lenguaje del político terrenal, queda falible a los dardos de los mismos humanos con quienes se iguala. Estos perciben ahora a un ser que también maniobra, uno propenso a tener virtudes entre las que seguro no cuenta un CEN hecho a su imagen ni el retirarse de diálogos nacionales.

Hoy la dirigencia del arnulfismo recela el retorno de un disidente, aunque reúna las mejores posibilidades de repetir la victoria. Colige que su arribo apareja una implacable renovación de todos los organismos directivos. Y cuando se esperaba que en septiembre reabrieran libros, Mireya decide alinear con una dirigencia leal y castigar con el ostracismo al “mal perdedor”. Pero cada día que ayuna fuera de unos libros cerrados ante los ojos de todos, lo hace transitar de engreído a víctima, mientras le construye su blindaje emocional, precisamente el talón de Aquiles de Alberto. Queriendo o sin querer, los libros cerrados lo acercan cada vez más a Dios. Falta ver ahora si éste lo acerca a Mireya.

El autor es investigador de mercado

Además en opinión

La política y el vil metal: I. Roberto Eisenmann, Jr.
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