Panamá, 13 de septiembre de 2002
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La política y el vil metal

La fórmula tiene dos caras necesariamente conectadas: que la financiación de los partidos sea con fondos públicos y que haya total transparencia pública de los fondos de los partidos y campañas financiadas.

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Un senador de Estados Unidos dijo una vez, “hay dos cosas importantes en la política: la primera es el dinero...y francamente no recuerdo cuál es la segunda”. Es un comentario de un extraordinario cinismo, pero no deja de describir una situación en extremo preocupante sobre la política moderna.

Todos nos escandalizamos cuando un “empresario” (entre comillas porque de empresario no tiene nada) reparte cartuchitos de billetes a políticos para que lo favorezcan en un contrato o cualquier otra decisión pública. Sin embargo, nadie se escandaliza cuando el mismo “empresario” invierte carretillas (ya no cartuchitos) de billetes en todas las campañas políticas (“diversificación del riesgo”, le dicen), y así literalmente compra el favor (por cinco años) de quien sea elegido presidente. Importa poco quién sea el favorecido por el voto popular, ya que el “empresario” apostó a todos los candidatos. Esto no es más que otra forma de coimear al más alto nivel de la política. Es por eso por lo que denuncié a los maleantes que revolotean en Palacio como un cáncer para nuestro sistema político. Siempre son los mismos, gobierne el PRD o el arnulfismo u otro, esas mismas caras siempre terminan “montadas”, porque tras el título cosmético de “donación a las campañas” coimearon en su momento a todos los candidatos.

En su órgano de consulta con todos los partidos, el Tribunal Electoral ha venido analizando el grave dilema no sólo por la maleantería, sino por otro ingrediente del problema igualmente grave, y es que, bajo el sistema actual, la Presidencia sólo parece ser accesible a los ricos o a los que tienen muchos “amigos” ricos, y estos salen de la Presidencia...aun más ricos. Así, la política se ha convertido en una especie de negocio con solo dos cosas importantes, tal cual dijo cínicamente el senador, y que cité el inicio de este escrito.

Hay una fórmula para atacar el problema. La fórmula tiene dos caras necesariamente conectadas: que la financiación de los partidos sea con fondos públicos y que haya total transparencia pública de los fondos de los partidos y campañas financiadas.

Con su viveza característica nuestros políticos aprobaron unánimemente la financiación –con fondos públicos– de los partidos, pero negaron (a que no adivinan) la posibilidad de que haya transparencia pública de los fondos de los partidos y de las campañas; o sea, otra trampa a la ciudadanía que paga estos financiamientos.

Está pendiente de ser presentada a la Asamblea otra reforma a la Ley Electoral “consensuada” entre el Tribunal y los partidos, que nuevamente excluye la transparencia en cuanto a los fondos de partidos y campañas se refiere, fundamentalmente por un acuerdo PRD-Arnulfista motivado seguramente por la maleantería que revolotea igualmente cómoda alrededor de los dos partidos, y que no quiere que la ciudadanía alumbre la obscuridad desde donde literalmente compra a cualquiera que salga elegido.

¿Existirá algún reformador entre los precandidatos presidenciales que empuje la corrección de la trampa antes del próximo período electoral?

Si no lo hay, ninguno debe merecer el voto ciudadano. El mensaje debería ser: “Señor candidato, si no hay transparencia, no tendrá mi voto”.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana


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